El catedrático holandés Ab Oosterhaus defiende una distribución equitativa de medicamentos para combatir la Gripe A, pero reconoce también que se trata de un delicado problema político.
Pese a que es mucho lo que se ha dicho sobre la Gripe A, aún quedan muchas preguntas sin responder. A partir de hoy, cada quince días Radio Nederland formulará preguntas al catedrático Ab Osterhaus, vinculado al Centro Médico Erasmo y jefe del Centro Nacional de Estudios sobre Influenza, de la Organización Mundial de la Salud, en Holanda.
Por ahora, sabemos que se trata de una variedad poco virulenta del virus, cuyo efecto es muy similar al de una gripe invernal. En otras palabras, los pacientes sienten dolores musculares, agotamiento y un malestar general. En la mayoría de los casos, basta con quedarse en casa y guardar reposo.
Vacunas
Actualmente se están agotando, y obviamente no todos los países tienen reservas. Algunos están mejor preparados que otros, permanecen alerta, tienen reservas de antivirales, han encargado vacunas, y las reservas se están empleando ahora. El gran riesgo para estas reservas es el latente peligro de que con el tiempo pierdan su eficiencia y que los virus se hayan hecho resistentes. En consecuencia, se ha desatado una carrera para obtener antivirales, porque actualmente aún se pueden obtener. Pero, no se puede descartar que los virus se hagan resistentes a los medicamentos. Por tanto, teniendo en cuenta esta posibilidad conviene también recurrir al empleo de vacunas.
Contagio
Desde luego que es un asunto difícil porque si no hay antivirales ni vacunas, es poco lo que se puede hacer. En principio, lo único que se puede hacer es evitar el contacto con otros, pero, tarde o temprano, todos entraremos en contacto con alguna persona que ya porta el virus. No podemos permanecer enclaustrados en casa durante el resto de nuestra vida. Por tanto, una buena higiene es importante para mantener alejado el virus. Además, es importante no entrar en contacto con gente que esté contagiada. Por último, la condición física personal es muy importante, por tanto, es esencial tener buena resistencia física, es decir, buena fondo físico.
Al cerrar los colegios, el virus se difundirá con menos rapidez. Por tanto, se recarga menos los servicios de salud pública o se puede abordar más eficazmente el problema.
Resistencia
En los pasados años hemos podido comprobar que la influenza estacional también ha desarrollado resistencia contra el antivirus Tamiflu. Por tanto, es sólo cuestión de tiempo para que eso también ocurra con cualquier virus. Un virus puede mutar y hacerse resistente a Tamiflu, pero entonces se convierte en un virus débil, eso es algo que ya sabemos, un virus que no se difundirá tan fácilmente. Pero, tras una mutación posterior, podía cobrar más fuerza y difundirse con más rapidez. Creo que eso es una mera cuestión de tiempo y, por tanto, es importante disponer de vacunas llegado el momento.
Países en vías de desarrollo
Desde el comienzo de esta epidemia, la Organización Mundial de la Salud ha dedicado especial atención a países en vías de desarrollo, ya que posiblemente no todos tengan los medios necesarios para combatir eficazmente el virus. ¿Cómo abordan esos países el problema?
Es difícil pronunciarse al respecto. En África, por ejemplo, se han dado relativamente pocos casos de gripe A, pero, en última instancia el virus también se difundirá en ese continente. En otros países, como India y Pakistán, temo que se han tomado pocas medidas. En consecuencia, no habrá suficientes medicamentos antivirales ni vacunas, porque no se han creado reservas, pues no se le concede suficiente prioridad al problema. Para países que se ven afectados por malaria, SIDA y otros problemas sanitarios, la gripe A es un problema de orden relativamente secundario.
Protección
La Organización Mundial de la Salud defiende la distribución equitativa de vacunas antivirales, lo cual, hasta cierto punto ya ocurre actualmente. En Holanda, por ejemplo, estamos discutiendo la posibilidad de vacunar a la población y, con tal fin, hemos comprado dos dosis para cada uno de nuestros 17 millones de habitantes, es decir, en total 34 millones. Pero, teniendo en cuenta el carácter poco virulento del virus, que siempre conlleva riesgos para ciertos grupos de población, también podríamos considerar la posibilidad de no vacunar a toda la población de nuestros países, sino a aquellos grupos que corren el mayor riesgo, y compartir medicamentos con países en vías de desarrollo, donde también podríamos concentrarnos en los grupos sociales de mayor riesgo. Ésta es una posibilidad, una decisión política que no es nada sencilla, y debe ser tomada por el ministro de Salud Pública.






















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