“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, a no ser molestado a causa de estas opiniones, a investigar y recibir informaciones y a difundirlas sin limitación material o espacial”.
Así reza el artículo número 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Una conquista que desde los años 50 ha sido recogida en las constituciones de prácticamente todos los sistemas democráticos.
La libertad de expresión, también la de prensa, han sido desde sus inicios el pilar fundamental en que se afirma la participación ciudadana. Sin libertad de expresión, ¿cómo podríamos alzar la voz para defender el resto de nuestras libertades?Si oteamos en los horizontes de América Latina la evaluación inicial es positiva pese a las diferencias existentes entre países. Aunque en ciertos países la situación se ha deteriorado sensiblemente por la acción del crimen organizado.
El largo viaje que nos ha traído hasta aquí tuvo su partida en la represión de las dictaduras, en el vasto repertorio de la censura. Para desembarazarse de prácticas corruptas y trabajar en libertad requiere más que buena voluntad.
Las jóvenes democracias vieron surgir una variedad de medios con intereses diferenciados. En el campo radiofónico esta variedad se expresa a través de los medios estatales y universitarios, los comerciales, y los comunitarios.
Ha llegado el momento de abandonar viejas categorías, aprender a evaluar los diversos medios por su funcionamiento y no por su vocación teórica.
“Si no creemos en la libertad de expresión para la gente que despreciamos, no creemos en ella para nada”, Noam Chomsky.
El crecimiento de la libertad tiene su contrapartida en la renovación de las técnicas para impedir la libertad de expresión. Así, el Estado no censura, pero presiona en ocasiones, y los intereses comerciales condicionan el quehacer periodístico. Si bien las dictaduras se han marchado han dejado tras sí un porfiado legado.
Un riesgo cierto es cuando el Estado o sus instituciones se corrompen, porque su deseo de presionar a los medios puede ser aún más fuerte.
Los profesionales pueden verse obligados entonces a actuar al límite de la legalidad, a asumir funciones que no les corresponden para salvaguardar la integridad de la justicia.
Existe en la región, por desgracia, el extremo absoluto de la persecución que puede incluso convertirse en ataques directos, en asesinatos de periodistas. Llama particularmente la atención el caso mexicano.
La influencia de las empresas que poseen medios privados para moldear el mensaje de estos también es preocupante. “Incluso a veces disfrutan de un dominio monopolista que facilita esta tarea, por ejemplo, en México”. Las empresas de comunicación pertenecen a veces a grandes consorcios internacionales. Ello no significa que obedezcan a intereses políticos extranjeros, como sucedía en el pasado, sino simplemente una participación en la globalización económica que nos rodea.
La lucha por la libertad de expresión no tiene fecha de vencimiento, aunque debe responder a los nuevos tiempos. La aparición de medios de comunicación alternativos, los observatorios de la comunicación, los sistemas digitales miran, todos, al sistema desde ángulos novedosos. Sobre todo Internet es un campo de juego de difícil control por parte del poder
Es alentador que, pese al esfuerzo, al riesgo que puede suponer la lucha por una información veraz y la comunicación de calidad, para muchos periodistas vale la pena el esfuerzo y la entrega.
Colaboración Yaiza García López

























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