Cuando abandonaba el edificio, alrededor de 50 personas reunidas cantaban “¡Ocampo! ¡Ocampo!” como si se tratara de un astro del cine. El fiscal de la Corte Penal Internacional de La Haya Luis Moreno Ocampo se halla en Kenia, donde las expectativas de que pueda brindar paz y justicia son enormes. El fiscal de la Haya es más realista respecto a sus posibilidades.
Eric Beauchemin & Thijs Bouwknegt
Luis Moreno Ocampo ha completado cuatro días de su viaje de una semana en la capital de Kenia, Nairobi. Se encuentra allí para entrevistarse con víctimas de la violencia que azotó al país hace dos años después de unas disputadas elecciones presidenciales. En un espacio de cuatro meses, más de 800 personas fueron asesinadas y cientos de miles debieron abandonar sus hogares.
Moreno Ocampo visitó primeramente Mathare, una de las más temidas barriadas de Nairobi y uno de los primeros lugares donde se desató la violencia.
Violencia post electoral
El fiscal mantuvo una reunión con residentes, que comenzó con un pequeño video acerca de un discjockey que perdió un brazo durante la violencia post electoral, al tratar de proteger a una mujer que estaba siendo violada por 17 hombres.
El itinerario de Moreno Ocampo está limitado debido a que hay algunos lugares considerados demasiado peligrosos para que los visite. Por ejemplo Kibera, la barriada más grande de África y el centro de mucha de la violencia posterior a los comicios, y Rift Valley, donde más recrudeció la violencia.
Aún así, los residentes de Kibera, como tantos otros kenianos, todavía tienen esperanzas en que el fiscal pueda hacer algo por ellos.
Chabolas
Jane Wanjiru Wangari es una anciana cuya vivienda fue incendiada completamente durante los enfrentamientos. Ahora vive en una chabola construida con láminas de metal.
“Quiero que se haga justicia. La gente que hizo esto debería ser castigada. Yo voté como cualquier otra persona normal. Esperé los resultados como todo el mundo, solamente para descubrir que había un plan para expulsar a los kikuyus, destruir sus casas y robar todas nuestras propiedades. Yo quiero que Ocampo nos visite, y asegurarme de que las pruebas que le demos sean usadas para que se respete la ley aquí.”
Tim, otro residente de Kibera, es un muchacho que intenta desesperadamente volver a la escuela. Durante los enfrentamientos, fue expulsado violentamente de su casa familiar y ahora tiene que luchar para sobrevivir en las barriadas.
Lo que lo hace todavía más difícil para las víctimas, como Tim, es que frecuentemente se ven confrontados con los perpetradores de los crímenes, ya que todos viven juntos en el mismo distrito.
Horda
Peter Wario Mwamgi perdió a su hermano durante la violencia. Fue muerto a golpes por una horda de 30 hombres simplemente porque era un kikuyu.
La policía dijo que iniciaría una investigación, pero esto nunca ocurrió. Peter no cree que en Kenia se vaya alguna vez a castigar a los culpables, y ahora centra sus esperanzas en la Corte Penal Internacional. Si no hay justicia, teme que la violencia retorne.
Hay grandes expectaciones en Kenia sobre lo que el fiscal de La Haya pueda hacer. Desean que actúe con rapidez y lleve a los cabecillas ante el tribunal.
Cabecillas
Moreno Ocampo está muy consciente de esas expectaciones.
“Intentaré hacer todo lo que pueda por las víctimas. Haré todo lo que pueda. Lo prometo”, declaró el fiscal. “Presentaré dos casos contra entre dos y cuatro sospechosos, eso es lo que haré”.
Sin embargo, el fiscal sabe que para la mayoría de los kenianos esto no será suficiente. Esperan mucho más. Ellos saben que es importante arrestar a los cabecillas que ordenaron la violencia, pero también quieren que se castigue a los que cometieron los crímenes, y la Corte Penal Internacional no está equipada para ello. También quieren cosas más simples: regresar a sus hogares, encontrar trabajo y vivir en paz.





























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