Kenia puede manejarse sin el costoso petróleo del extranjero. Gracias al biogás del gran sector agrario, el país se podrá autoabastecer totalmente de energía. Esto consta en una investigación de Holanda.
Los residuos agrícolas kenianos como los de algodón, maíz y cebada, proporcionan suficiente biogás para cubrir la actual demanda de energía de tres cuartos del país, según se desprende de la investigación del experto en medioambiente Henri Spanjers de la Universidad de Wageningen. El investigador estudia con colegas de Bélgica y Kenia las posibilidades para energía alternativa en el país africano.
Las actuales instalaciones de biogás funcionan básicamente con estiércol, pero de hecho ya se puede convertir el residuo orgánico en metano a través de fermentación. El sector agrario en Kenia es responsable de una cuarta parte de la economía total del país. Substancias residuales son actualmente enterradas o quemadas. Un derroche, según la investigación.
Ciudad de millones de habitantes
Puntos locales de recogida para pequeñas instalaciones de biogás deberán ser lo más efectivo. Dependiendo del actual sistema de distribución, el biogás llega directamente al usuario, o bien es convertido en otros puntos en electricidad. Con instalaciones mayores, en el futuro se podrá abastecer incluso a Nairobi, una ciudad de millones de habitantes, de energía sostenible.
“Si no hay una red de gas ni una red de electricidad, se debe producir de un modo muy descentralizado. También se puede poner el gas en botella y distribuirlo de esa manera. Depende de la situación. En un país como Kenia hay una red eléctrica en las ciudades. No habiendo una red de gas natural resultaría muy difícil utilizar una forma de energía como el biogás.”
Fábrica de biogás
Con la actual infraestructura, la transformación es posible, opina también Peter Erkelens, de la Universidad Técnica de Eindhoven, quien vive y trabaja desde hace tres años en Kenia. Según el, el mayor problema es la implementación. Esto se deduce de experiencias anteriores con una fábrica de biogás en la ciudad portuaria de Mombasa.
“Existe una planta de biogás basada en sisal y abono animal. Está en operaciones desde septiembre de 2007 pero todavía tiene sus problemas. Esto se debe a que se necesita personal calificado, se necesita infraestructura como cañerías y se debe importar equipo. También hay problemas de tarifas y de conexiones de red.”
El apoyo financiero y tecnológico externo es esencial, considera Elkelens. Aunque sea para dar una buena guía al personal local en esta nueva industria.
Abono
Kenia invierte poco en la producción de metano, pero busca entusiastamente energías alternativas para ser menos dependiente de la importación de petróleo. El país cuenta con alrededor de 2.000 pequeñas -muchas veces locales- instalaciones de biogás que funcionan con abono. Aunque, según Spanjers, la producción de metano también es económicamente viable.
“Especialmente si está disponible es sustrato para esas plantas de biogás.En segundo lugar, si la tecnología no es demasiado complicada, lo que es el caso, y por último, por supuesto tienes que ser capaz de producir energía en la forma de biogás o electricidad. Si el precio de esta energía es suficientemente alto, es económicamente posible.”
Energía verde
Por el momento este parece ser el gran problema. La energía alternativa prácticamente no puede competir con el petróleo barato, más aun si para ésta se necesitan subsidios del gobierno. Un experimento keniano con diesel biológico fracasó en el momento en que tuvo que mantenerse solo. Las autoridades estimularon a los campesinos a cultivar aceite de sésamo. El gobierno pensó combinar el desarrollo de energía verde con la lucha contra la pobreza, pero en la práctica no resultó. Sin los subsidios del gobierno los precios de los cultivos biológicos se desmoronaron.
A pesar de todo, Spanjers está convencido de las posibilidades. Está trabajando en la fundación de un centro de investigación de biogás en Kenia donde se reúna toda la información acerca de la producción de metano. Por lo que a él respecta, el país ya ha dado un gran paso adelante en los últimos diez años.





























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