El nuevo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, tiene 58 años, es economista y periodista, con estudios en leyes y diplomacia, reconocido componedor, de apuestas arriesgadas y buena suerte en el juego y la política.
Aunque lleva más de tres décadas en el ejercicio público, la campaña que culminó este domingo es la primera en la que se somete a una elección popular, y con resultados contundentes: escrutadas 99 % de las 72 mil mesas electorales, obtuvo 8,9 millones de votos frente a 3,5 de su contendor, Antanas Mockus, del Partido Verde. Aunque aumentó el abstencionismo con respecto a la primera vuelta del 30 de mayo, Santos postulado por el Partido de Unidad Nacional, elevó su caudal de electores.
Por su temperamento tímido, pese a ser un hombre de mundo, y porque no es de oratoria fácil, aunque se curtió en salas de redacción, a Santos le favoreció la brevedad de la campaña que, en su caso, empezó hasta marzo, después de que la Corte Constitucional descartó una segunda reelección de Álvaro Uribe.
La crema y nata
Santos, casado con una diseñadora y padre de tres hijos, una mujer y dos varones, es exponente característico de la crema y nata de la sociedad bogotana: educación bilingüe, con cierto toque británico, como que a los 24 años fue representante de Colombia ante el Pacto Mundial del Café, en Londres; de entonces le debe venir su admiración por Wiston Churchill, de quien a veces cita frases, y sus lazos con el ex primer ministro laborista, Tony Blair, cuya Tercera Vía, divulgó localmente al publicar una obra en coautoría. Es habitual de los campos de golf del Country Club, lo que no obsta para que le coja el paso al vallenato, ritmo de los juglares campesinos de la costa Caribe, del que disfruta. Un episodio, ingresar a la Marina cuando se hizo bachiller, lo hace excepcional, pues pese a ser este un país en guerra, no es frecuente que los jóvenes de la clase alta presten servicio militar.
Estricto en el trabajo, no admite incumplimientos ni improvisaciones pero sabe formar equipos y reconoce el trabajo ajeno, coinciden parciales y detractores; quienes lo conocieron como editor lo recuerdan afable pero distante, y algunos, como el caricaturista Vladimir Florez, ‘Vlado’, dice que no tiene escrúpulos y por eso lo dibuja siempre con una nariz tan larga que le alcanza para hacerse un nudo.
“Santos es ultraderechista en lo militar, conservador en lo social, neoliberal en lo económico, (y) cree en la continuación de la guerra a muerte hasta la victoria militar imposible” afirma el columnista y escritor Antonio Caballero, quien, además, no augura mayores cambios en su cuatrienio, pues, dice “quiere que las cosas sigan tal como están. Solo que con él”.
Camaleónico, pragmático, buen gerente, flexible y ambicioso”, lo define la revista Semana, que dirige un sobrino suyo.
¿Cuál es el límite entre el pragmatismo y la flexibilidad que se le atribuyen a Santos con el todo vale y los atajos que desde la orilla de los seguidores de Antanas Mockus, su principal contrincante en la campaña, son los pecados capitales de la política tradicional colombiana?
Sus seguidores dicen que es un mérito su capacidad para identificar los tiempos que corren y empalmar con ellos, que los únicos que no se devuelven son los ríos, o, como él mismo ha dicho, "solo los imbéciles no rectifican".
Ires y venires
Y de ires y venires esté llena la trayectoria pública de quien a partir del 7 de agosto asumirá el gobierno en éste país de 44 millones de personas, con el que aún no se sabe si se pondrá punto seguido o final al único gobierno que en el último siglo repitió mandato, el de su más reciente jefe y mentor, Álvaro Uribe Vélez.
De promotor de un acuerdo de paz, en los tiempos en que gobernaba el liberal Ernesto Samper (1994/98) paso a ser el adalid de la guerra frontal a las FARC; como ministro de Defensa de Álvaro Uribe, en 2008 cobró con “orgullo” el éxito de la incursión militar a Ecuador en la que murió el comandante guerrillero Raúl Reyes, con quien en sus años pacifistas se había reunido, en Costa Rica, para explorar caminos de acuerdo.
De ácido detractor y crítico de los inicios del mandato del conservador Andrés Pastrana (1998/02) devino en su ministro de Hacienda, época en la que alternó con quien ahora es su vicepresidente, el ex sindicalista, ex comunista y católico militante, Angelino Garzón. De esa época data la estrecha relación con quien era director del Departamento Nacional Planeación, Juan Carlos Echeverry, quien, se afirma, será su jefe de la cartera de Finanzas.
No apoyó la primera candidatura del disidente liberal Álvaro Uribe en 2002, porque entonces venía de liderar un proceso de recomposición de esa colectividad, hasta entonces mayoritaria, pero para la reelección, en 2006, ya estaba de parte del gobernante. Entonces, con sus habilidades de componedor fundó el Partido de Unidad Nacional, divisa que le dio el triunfo este domingo.
El ‘santismo’ como categoría de la política colombiana, viene de cuando fue presidente su tío abuelo, Eduardo Santos (1938/42), cuyo estilo conciliador y gobiernista hizo carrera desde las páginas editoriales de El Tiempo, el diario más influyente del país, del que Juan Manuel Santos fue subdirector, hasta que se lanzó abiertamente a la política para labrar, golpe a golpe, su carrera presidencial, acumulando tres ministerios que, sin duda, le han dejado una buena escuela de gobierno: Comercio Exterior, Hacienda y Defensa.
Por esos vaivenes que han caracterizado su carrera es que algunos no descartan que en los próximos cuatro años Santos recomponga las maltrechas relaciones con los gobiernos de Quito y Caracas, a cuyo deterioro contribuyó como ministro de Defensa. En esa dirección iría su fase de la noche del pasado 30 de mayo cuando obtuvo un comodísimo primer puesto en las votaciones de primera vuelta. "No reconozco enemigos ni dentro ni fuera de Colombia".
Por algo será que Juan Manuel Santos se acoge a la advocación católica de la Virgen Milagrosa, a la que se encomendó este domingo en un templo de un sector popular de Bogotá, antes de ir a votar por él mismo en el exclusivo barrio Rosales, en el norte de la ciudad.





























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