La recuperación de la economía japonesa se ve amenazada por una persistente deflación.
Los precios vienen bajando desde hace 12 meses. Los consumidores postergan las adquisiciones a la espera de una mayor caída de los precios. Esa tendencia perjudica las ganancias de las empresas y reduce los salarios. El gobierno lucha contra la deflación pero, a la vez debe hacer frente a las grandes deudas. Por tal motivo, presiona al Banco Central de Japón para que inyecte más dinero en la economía. Esa inyección de liquidez en el sistema financiero debe combatir la caída de los precios.
Japón ya sufrió una deflación en los años noventa que produjo un prolongado estancamiento de la economía.

























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