Cuando se firmó el acuerdo de Paz con Egipto, en marzo de 1979, Yitshak Rabin estaba en la oposición, pero el primer ministro Menahem Beguin lo invito a la ceremonia apadrinada por Jimmy Carter.
El periodista israelí Ron Ben Yshay, quien llevó a Rabin en su automóvil a la Casa Blanca, no olvidará sus palabras: ”Sólo Beguin puede firmar un acuerdo como éste; si fuera yo quien lo firmara, se vertería mucha sangre”. Rabin no se equivocó en su apreciación. Aunque logró acordar el tratado de Paz con el Reino Hashemita de Jordania, en 1994, y unos meses antes firmaba los Acuerdos de Oslo junto al legendario líder palestino Yasser Arafat, corrieron ríos de sangre en Palestina e Israel. Rabin incluso pago con su vida cuando un fundamentalista judío, Yigal Amir, le asesinó con tres disparos, para evitar la entrega de tierras a los palestinos y proteger el derecho divino a la Tierra de Israel desde el Mar Mediterráneo hasta el Río Jordán.
El año 2009 se inició en medio del fragor de la ofensiva militar israelí contra Gaza, el llamado operativo Plomo Fundido, que dejo 1400 palestinos muertos, 1500 heridos y una ciudad devastada por las bombas. Fue la respuesta israelí al lanzamiento de misiles por parte de los grupos integristas palestinos que durante más de 8 años impactaron en ciudades israelíes cercanas a la Franja mediterránea. Los ojos de israelíes y palestinos se posaron entonces en el nuevo presidente de Estados Unidos, Barak Obama. Para los palestinos, la misión de Obama tendría éxito si lograra conducir a un acuerdo en cuyo marco Israel se retire de Cisjordania, desaloje los asentamientos y concrete en la práctica su promesa de aceptar la creación de un Estado palestino independiente. Israel querría seguir contando con un férreo apoyo de Washington, lo que implicaría un sostén en el proceso de paz, pero sin presiones para desmantelar asentamientos.
Doble juego de Netanyahu
El viraje del derechista primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, se produjo al promulgar la moratoria de la construcción en los asentamientos durante diez meses, medida contraria a su ideología, al pensamiento de su electorado y el de los radicales ultra-ortodoxos de la coalición gubernamental. Respecto a Jerusalén, el Primer Ministro recalcó que no impondrá ninguna limitación en la construcción, por considerar a la ciudad como la capital soberana e indivisible de Israel.
No obstante, poco después, ante su Gabinete, Netanyahu puntualizó que la suspensión de las construcciones tiene un plazo limitado. “Es una decisión única y temporal,” puntualizó, “no eterna e incondicional, se lo digo no sólo a los dirigentes de los colonos, sino también a los parlamentarios y a los miembros del Gobierno”.
Es por estas declaraciones que muchos ponen en duda la veracidad de las intenciones del Primer Ministro israelí. ¿Habla en serio? ¿Busca realmente promover la paz cuando llama a los palestinos a que regresen a la mesa de negociaciones? ¿O se trata de una maniobra política para acallar las presiones del Gobierno de Barack Obama y de las de la comunidad internacional, cada vez exigentes en el tema de los asentamientos en Cisjordania?
Al comentar las intenciones del jefe del Gobierno israelí, la líder de la oposición, del partido Kadima, Tzipy Livni, calificó de política la decisión tomada, al tiempo que advirtió que “quien intenta guiñar en dos direcciones a la vez no puede ver nada.”
Netanyahu continúa jugando a dos puntas. Por un lado, proclama su intención de iniciar negociaciones con la Autoridad Palestina y, por otro, su Gobierno aprueba un plan para dotar de mayores recursos financieros, 110 millones de euros, a cien asentamientos situados en el corazón de Cisjordania, lejos de los grandes bloques de colonias.
Negativa de Mahmud Abbas
Para el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, quien se mantiene firme en la negativa de volver a la mesa de negociaciones, la propuesta de Netanyahu de suspender por 10 meses la edificación de asentamientos judíos en Cisjordania no aporta nada nuevo. Ya en su gira por Sudamérica, el mandatario palestino lamentó que el Primer Ministro israelí haya optado por la colonización en vez de hacerlo por la paz.
Violenta resistencia de los colonos
Los colonos, por su parte, frustrados por la medida gubernamental de congelar las construcciones en sus comunidades, están decididos a intensificar la resistencia. Con tal fin, celebraron manifestaciones y marchas, protagonizaron incidentes violentos y se enfrentaron a colonos e inspectores del Ejército encargados de hacer respetar la orden gubernamental de cesar las nuevas construcciones en Cisjordania. La violencia llegó a su máxima expresión cuando colonos extremistas incendiaron la mezquita local en el poblado palestino Yassuf, en Cisjordania.
De su lado, Dany Dayan, presidente del Consejo regional de los colonos de Judea y Samaria, defendió el derecho indiscutible de los judíos de vivir en todo el territorio israelí, y consideró que no hay solución viable en el conflicto palestino-israelí. A su juicio, no se debe tratar de resolver el conflicto, sino administrarlo.
La virulencia de la respuesta de los colonos que se incrementa día a día es la excusa que podría utilizar Benyamin Netanyahu ante Barak Obama para justificar los riesgos políticos internos que asume por la paz, así como su negativa a hacer concesiones mayores. En Israel, Netanyahu es considerado como un mago por sus maniobras políticas. Por el momento, cabe, entonces, preguntare qué otros conejos sacara de su chistera .




























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