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Lunes 13 Febrero Radio Nederland, la emisora internacional holandesa. 24 horas de noticias, análisis e información en español.

Israel acusa a la ONU de parcial

Publicado el 16 Octubre 2009 - 5:16 de la tarde
Categorías:

Israel acusa al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas de minar el proceso de paz con los palestinos.

El Consejo incluyó en una resolución el informe de una investigación de la ONU acerca de la guerra de fines del año pasado y comienzos de este en la Franja de Gaza. Según el informe, tanto Israel como el gobierno encabezado por Hamas se hicieron culpables de crímenes de guerra. El documento exige a ambas partes transparencia con en fin de poder determinar qué ocurrió realmente durante la guerra.
 

Israel, país que no quiso colaborar con la investigación, considera que el informe es unilateral. El hecho que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU haya acogido las conclusiones del documento, significa un apoyo para las organizaciones terroristas, según Israel. Hamás es considerado por Israel y sus aliados occidentales como una organización terrorista.
 

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Debate

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Pedro Guernica 26 Octubre 2009 - 4:05 de la mañana
Si, el tema es terminar con el terrorismo y el fundamentalismo islamista.
Fernando Salazar Fernández 25 Octubre 2009 - 8:16 de la tarde
Señores aquí estamos debatiendo sobre la precaria situación que viven los habitantes del Medio Oriente y sobre la condena que la ONU emprendió contra Israel y Hamas. Ahora si quieren hablar de regímenes o situaciones anacrónicas, eso por favor háblenlo en otro espacio. No nos desviemos del tema que estamos comentando y debatiendo en este espacio o noticia. Eso es todo.
Jose 25 Octubre 2009 - 2:08 de la tarde
Sr Pedro Los anacronismos no son los que uds mencionan SON EL HAMBRE Y LA MISERIA que jamas ud le dedica unas lineas.. y eso no es un sueño en esta Humanidad, son las pesadillas de millones de seres humanos
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Pedro Guernica 25 Octubre 2009 - 1:50 de la tarde
Señor José: no sueñe, los regímenes anacrónicos son Cuba, Corea, Myanmar, y cuanto dinosaurio aun queda mortecino de lo que fue el comunismo. Son el Jurasic Park de lso regímenes politicos, y de meurte muy proxima ....
Jose 24 Octubre 2009 - 2:35 de la tarde
Aqui nadie esta libre de pecado, y no apoyo los fundamentalismos religiosos vengan de donde vengan sean islamista o judios o cualquier otro tipo de religion, los canibales en su religion comian carne humana ,los mayas sacrificaban doncellas, los indios americanos para que los espiritus de sus enemigos muertos en combate no lo persiguieran les arrancaban el cuero cabelludo, la inquicicion quemaba en la Hoguera los judios apedreaban las adulteras y pedian la crucifixion de sus enemigos al imperio romano,los Dacios sacrificaban sus herederos a sus dioses, los Griegos ponian sangre humana al Hades (Infierno) y en las guerras de todo tipo la carne de cañon la ponen los pueblos y todos los bandos pedian en sus iglesias que les ayudaran a matar sus enemigos , todo esto unido al que los primeros hombres cuando vieron caer un rayo pensaron que era sus dios poderoso, como ve las religiones fueron utilizadas hablando un idioma mas popular por los mas vivos para mantener sobre su tutela grandes masas lo que equivale a ignorancia por eso trataron de mantener en el mas oscuro desconocimiento a los pueblos ...."Ser culto para ser libres" Y para terminar La Historia esta llena de regimenes anacronicos que aun existen y ya que trata de jugar un solo lado de la moneda piense que mientras un solo niño se acueste sin comer ...Estamos llenos de anacronismos.
Jason Prado 24 Octubre 2009 - 2:06 de la mañana
Hay intereses en juego, pero no los que usted dice, sino el fundamentalismo islamista, que fogonea el conflicto, financiando el terrorismo de Hamas y Hizbola, mandando armas a Gaza, creando escuelas de madrazas para que se inmolen niños. Irán, Arabia Saudita, Siria, , no soportan tener una democracia en la zona, pues quedan muy en evidencia como paises feudales y sin progreso, excepto aquel que no depende del trabajo, sino de la suerte: tener lagos de petroleo. Esperemos que sea como usted dice y que la historia avance, terminando con el terrorismo islamico,y floreciendo paises que, en lugar de atacar a Israel, lo emulen haciendo sus milagros, y que se termienn todos los regímenes anacronicos que aun quedan, como Cuba, Corea, etc.
Jose 23 Octubre 2009 - 6:22 de la tarde
Todo eso es Historia ,pero en el fondo de todo siempre fue ,es y sera los intereses del rejuego de las distintas reparticiones del mundo en areas de influencia hoy mas acentuada debido a lo mas elemental del desarrollo y mantenimiento de las naciones desarrolladas en su despilfarro de bienes de consumo ...EL PETROLEO. Palestinos y judios y demas compañias solo han sido peones de este juego , a pesar del gran capital que poseen los judios a nivel del planeta,siguen siendo peones mientras sirvan de muro de contencion,en resumidas cuentas es otro pueblo sufrido a traves de la Historia como lo son los palestinos . Las religiones son utilizadas para llevar a los pueblos al matadero de guerras de un interes o zona determinada que es observancia o necesidad de los verdaderos dueños del mundo, pero todo esta en constante cambio y al igual que hubo un holocausto judio, siempre los ha habido en la Historia de la Humanidad para muchos pueblos, todo depende del tipo de informacion que recibamos o convenga a todos los que influyen en hacer parecer lo que en resumidas es una sola verdad...El sufrimiento de los pueblos a expensas de un grupo que rige nuestros destinos, lo que olvidan es que la Historia no se detiene y la espiral del tiempo nos dice que se avanza hacia delante y llegara el dia en que el hombre tomara las riendas de su destino y griten a todos los que violaron el derecho mas elemental ..EL DE LA VIDA ... BASTA. Muy buenos sus escritos Sr Fernando .
Fernando Salazar Fernández 23 Octubre 2009 - 4:46 de la mañana
LA GUERRA DEL GOLFO (1990-1991): Irak invadió Kuwait el 2 de agosto de 1990. La comunidad internacional desplegó una serie de esfuerzos diplomáticos para restaurar la soberanía kuwaití durante los siguientes meses, hasta que, a comienzos de 1991, un ataque masivo con Estados Unidos a la cabeza fue lanzado contra Irak. Palestinos e israelíes quedaron atrapados en medio del tumulto. Los líderes palestinos de la OLP insistían en que, oficialmente, deploraban la invasión iraquí. De hecho, Yasser Arafat presentó un plan de paz en agosto que llamaba a las fuerzas iraquíes a retirarse de Kuwait. Sin embargo, en la Ribera Occidental y Gaza floreció el apoyo popular a Irak y, especialmente, a Saddam Hussein. Incluso, Arafat, extraoficialmente, hacia demostraciones visibles de apoyo al dictador iraquí. Por ejemplo, cuando el 10 de agosto se votó en una cumbre árabe el envío de tropas para defender a Arabia Saudita contra Irak, el líder palestino fue una de las únicas dos delegaciones que respaldaron a Irak. Había varias razones para que muchos palestinos apoyaran a Saddam Hussein. Una gran mayoría del mundo árabe estaba descontenta con las condiciones de pobreza e inequidad en las que vivían y le echaban la culpa a los corruptos regímenes autocráticos árabes. Pensaban que el ataque de Saddam Hussein a la monarquía kuwaití era el comienzo de una gran barrida; el mismo Saddam lo anunciaba así. Tanto fue el apoyo popular que muchos gobiernos árabes tuvieron que negarse a participar en la coalición anti-iraquí liderada por Estados Unidos, por temor a que el pueblo se rebelara. Los palestinos también estaban bastante frustrados con los esfuerzos de la OLP de negociar el fin del conflicto con los israelíes, rechazados una y otra vez por Tel Aviv. Muchos llegaron a la conclusión que el Gobierno de Yitzhak Shamir sencillamente no estaba interesado en negociar de buena fe, y por eso volcaron su apoyo a Saddam, comandante del ejército más poderoso del mundo árabe y un líder que se declaró dispuesto a pelear por la causa palestina. Algunos palestinos lo vieron como la alternativa a Egipto. Finalmente, los palestinos y otros árabes estaban molestos por lo que llamaban "un doble estándar mundial": por un lado, Estados Unidos era capaz de organizar una gran coalición para ir en ayuda de Kuwait invadido por Irak, pero nadie había hecho nada por los palestinos cuando fueron invadidos y ocupados por Israel. Y al parecer, nadie se tomaría la molestia de hacerlo jamás. APOYO PROBLEMÁTICO: Por entendible que fuera el apoyo palestino a Saddam, iba a ser perjudicial para la causa palestina, como lo advirtieron desde el comienzo algunos oficiales de la OLP. Tuvieron razón. Primero, la actitud pro-iraquí de la OLP rompió las relaciones entre la organización y algunos países árabes que la apoyaban, especialmente los Estados del Golfo, que por mucho tiempo le habían prestado ayuda financiera. Los sauditas cortaron el flujo de recursos y restringieron los permisos de residencia de los trabajadores palestinos en Arabia Saudita. El coqueteo con Irak también los hizo sufrir un retroceso en sus relaciones con los israelíes moderados que apoyaban el compromiso territorial, quienes se sintieron traicionados por los palestinos. ¿Cómo era posible que vitorearan a un hombre que amenazaban con bombardear a Israel? Temerosos de que Irak los atacara con misiles cargados con armas químicas, muchos israelíes construyeron piezas herméticas en sus hogares y se encerraron largas horas al día durante enero y febrero, hasta que la guerra terminó con la rendición de Irak el 26 de febrero. Y aunque no contenían armas químicas, Irak sí disparó 39 misiles SCUD a Israel en el curso de la guerra y muchos cayeron en vecindarios alrededor de Tel Aviv. Los israelíes estaban furiosos, más aun cuando Estados Unidos insistía en que las FDI no tomaran medidas de represalia para evitar que se rompiera la alianza entre Washington y los árabes. En ese marco, cayó pésimo que algunos palestinos se instalaran en el techo de sus casas en Cisjordania y Gaza y aplaudieran cuando los misiles iraquíes daban en blancos israelíes. Pero la guerra no fue la única causa de este fenómeno. Hechos internos incrementaron las tensiones entre israelíes y palestinos durante el otoño de 1990. Uno de los más llamativos fue un incidente en la mezquita de Al-Aqsa (Jerusalén), más serio que el de 1987. Los disturbios se precipitaron otra vez por culpa de los Fieles del Monte del Templo, que en octubre de 1990 pretendían orar de nuevo en la mezquita. El 8 de octubre, miles de palestinos musulmanes se juntaron para prevenir que el grupo llevara a cabo sus planes, lo que catalizó más confrontaciones con la policía. La muerte de 17 palestinos hizo que las revueltas se extendieran por todos los territorios ocupados. Los sentimientos anti-palestinos también eran alimentados por los ataques que sufrían por esos días los judíos de parte de algunos palestinos de los territorios ocupados que trabajaban en Israel. Como muestra, en diciembre un israelí fue asesinado y muchos otros heridos cuando tres palestinos apuñalaron a los pasajeros de un bus en Ramat Gan. En ese mismo mes, tres israelíes fueron asesinados fueron asesinados a puñaladas por palestinos en una fábrica de aluminio en Jaffa. En respuesta muchos israelíes pidieron restringir el número de palestinos que trabajaban en Israel. A 20 mil palestinos de los territorios ocupados les dieron tarjetas de identificación especiales que les negaban el derecho a entrar a Israel sin autorización apropiada. Claro que los ataques no eran la única causa; el Gobierno israelí pretendía aumentar los empleos disponibles para el creciente número de judíos inmigrantes de la Unión Soviética que estaban llegando a razón de 20 mil al mes. CONSECUENCIAS DE LA CRISIS DEL GOLFO: De este modo, se puede decir que la guerra reforzó ciertos sentimientos anti-palestinos en Israel, pero no fue algo permanente. Difícilmente podía generar impacto duradero un conflicto de seis semanas. En realidad, el país permaneció tan dividido como siempre, como lo mostraron varias encuestas realizadas entre mayo de 1990 y junio de 1991. Shamir se mostraba más duro que nunca, diciendo que estaba mucho menos dispuesto a negociar con los palestinos ahora que otros Estados árabes reconocían la doble cara de la OLP. los opositores al compromiso territorial sostenían que la guerra había demostrado que Gaza y Cisjordania eran esenciales para la seguridad de Israel. Muchos israelíes parecieron encontrar estos argumentos convincentes en el verano de 1991, ya que el país continuó regido por el gobierno más derechista y anti-palestinos de la historia de Israel, claro hasta las elecciones de febrero de 2009. De hecho, Moledet, el partido religioso ultranacionalista que los palestinos fueran arrojados y expulsados de los territorios ocupados, se unió al Gobierno de Shamir en febrero de 1991. Pero también se extendía el apoyo israelí al compromiso territorial. Para quienes defendían esta postura, la vulnerabilidad de Israel a los ataques con misiles SCUD iraquíes había demostrado que la defensa del Estado judío residía más en contar con tecnología apropiada que con mucho territorio. Además, temían que Estados Unidos cambiara en cualquier momento de aliado en la región, dado que en la guerra su unión con Siria y otros Estados árabes había probado ser fructífera. Sin una potencia que los defendiera, mejor era hacer la paz. Muchos laboristas comenzaron a restablecer sus contactos con la OLP. Las elecciones parlamentarias estaban programadas para noviembre de 1992, y algunos predijeron que éstas sí serían las "elecciones de la intifada". El país ya conocía cuáles eran los peligros y beneficios de retener los territorios ocupados y la elección sería una especie de plebiscito sobre que querían hacer con ellos. Al final, se adelantó las elecciones para junio de 1992. Los laboristas ganaron 44 asientos, 12 más que el Likud, y al fin pudieron armar un gobierno que excluyera a la derecha, con Rabin como Primer Ministro. El principal socio de los laboristas era el Meretz, un nuevo bloque de tres partidos pacifistas de izquierda que ocupó 12 asientos en la asamblea israelí. Constituido por el Movimiento Ciudadano, el Mapam y el Shinui, en la campaña había abogado por el retiro de las tropas de Gaza y de Cisjordania y el reconocimiento de los derechos políticos de los palestinos. No obstante, aunque esa postura conciliatoria al era mayoría en el Gobierno, sería bastante difícil llevarla a cabo, ya que la derecha israelí les había legado un gran obstáculo con su política de asentamientos, acelerada antes y después de las elecciones. La población judía de los territorios ocupados se había incrementado en un 25% en el curso de 1990 y casi en el mismo porcentaje en 1991. A fines de ese año, 112 estaban viviendo en 157 asentamientos en Gaza y Cisjordania. En el lado palestino, la OLP emergió de la Guerra del Golfo debilitada, con líderes muy criticados por los gobiernos árabes. La intifada no corrió mejor suerte; perdió su dirección. La competencia interna y las fricciones remplazaron a la antigua cooperación. Esto se reflejaba en la violencia de palestinos contra palestinos, muchas veces resultado de acciones cometidas contra quienes colaboraban con los israelíes infiltrando agentes a las organizaciones palestinas o identificando a los activistas. El 1 de abril, por ejemplo, sospechosos de ser colaboradores con los israelíes fueron baleados en Qaliqilya y Gaza. Y otro fue hallado muerto en Ramallah. De hecho, más palestinos fueron asesinados por otros palestinos (unos 150) que por los israelíes (unos 100) en 1991.
Fernando Salazar Fernández 22 Octubre 2009 - 4:28 de la mañana
LA PRIMERA INTIFADA (1987-1993) A mediados de los 80, la derecha israelí solía asegurar que el nacionalismo palestino había muerto después de décadas de dura represión militar. Y que los palestinos hasta vivían felices bajo control extranjero. Sin embargo a fines de 1987, los palestinos demostraron todo lo contrario con una rebelión sólo comparable a la gran revuelta árabe de 1936. La chispa que la encendió fue un accidente en el norte de la Franja de Gaza. El 8 de diciembre de 1987, un tanque de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) chocó contra una fila de vehículos en los que regresaban a sus casas habitantes de Gaza que trabajaban en Israel. Cuatro murieron y esa noche sus funerales se transformaron en una demostración masiva, azuzada por rumores de que el choque había sido una venganza por la muerte de un israelí apuñalado en Gaza un día antes. Miles salieron a las calles y, en un intento por aplacarlos, las FDI abrieron fuego. Mataron a un joven palestino e hirieron a muchos otros, resultado que incrementó la furia palestina. Las demostraciones se multiplicaron en Gaza y en todo el Margen Occidental, dando forma a la revuelta que sería conocida como Intifada ("sacudida, agitación, levantamiento"). Esto tomó por sorpresa al Gobierno de "unidad nacional" israelí, que regía desde las elecciones parlamentarias de 1984, y que estaba conformado por la Alianza Laborista y el Likud -ambos partidos se turnaban el cargo de primer ministro, que en ese entonces ocupaba Yitzhak Shamir, del Likud-. Pero deberían haberlo previsto, porque los "territorios ocupados" estaban sometidos a varias presiones que tarde o temprano harían que su población explotara. Para empezar, los árabes de las áreas capturadas en 1967 no eran ciudadanos israelíes y no tenían derecho a votar en las elecciones. En 1976, los laboristas habían permitido que los palestinos eligieran a sus propios alcaldes, pero en 1980 el Likud desmanteló todos los municipios. Además, estaba la colonización. Ya había 63 mil judíos viviendo en unos 125 asentamientos en Cisjordania, y otros 2.500 en 18 comunidades en Gaza. Con esa política de asentamientos, los sionistas de derecha, representados en ese momento por el Likud y los partidos religiosos, querían asegurarse de que los territorios permanecieran bajo su control para siempre. Y los colonos judíos no llegaban precisamente a apaciguar los ánimos. Por otra parte, el suministro de agua en la zona había descendido en un 30% de 1967 a 1985, debido a que estaba siendo derivada a los asentamientos judíos. Y las autoridades israelíes seguían anunciando nuevos proyectos para irrigar comunidades hebreas. A lo anterior se suman los incidentes en la mezquita de Al-Aqsa (Jerusalén), lugar sagrado para los musulmanes. Aunque se sitúa donde alguna vez estuvo el Templo israelita, las autoridades hebreas respetaron su carácter musulmán y los judíos sólo podían visitar su Pared Occidental. Pero los diarios reportaron en octubre que un grupo judío extremista, los Fieles del Monte del Templo, entrarían a la mezquita el 11 de ese mes, escoltados por la policía. Unos dos mil musulmanes se reunieron para boicotear la visita, lo que provocó violentas confrontaciones con las fuerzas israelíes. A pesar de las dificultades, los Fieles del Monte lograron entrar y, en respuesta, los palestinos declararon un paro comercial en todo Jerusalén Oriental. Pero el hecho que acabó con la paciencia palestina fue la mudanza de Ariel Sharon, polémico y provocador como siempre, a un departamento ubicado en la porción musulmana de la Ciudad Vieja. El Likud le mandó un telegrama declarando que su nueva dirección era "la mejor prueba de que la gente de Israel ha llegado para permanecer por toda la eternidad en la tierra de los antepasados". En el escenario internacional también ocurrieron episodios que empujaron a los palestinos a rebelarse. Por ejemplo, la cabeza de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yasser Arafat, estaba actuando de manera confusa. Un día prometía romper con Jordania y Egipto, y al otro enviaba emisarios a retractarse. Rechazaba una propuesta de paz y luego le ofrecía apoyo incondicional. También crecía la sensación de aislamiento. No sólo Estados Unidos había cerrado la oficina de la OLP en Washington DC., acusándola de actos terroristas, sino que los propios países árabes les manifestaban desdén. Durante la reunión de Estados Árabes en Amman, a mediados de noviembre, toda la atención la acaparó el conflicto entre Irán e Irak, y el problema palestino ni siquiera se mencionó. De esta forma presionados por los israelíes, olvidados por sus pares y dirigidos por un líder débil, los palestinos de los territorios ocupados se convencieron de que sólo podían confiar en ellos mismos. En palabras de Emile Nakhaleh, un académico palestino-estadounidense: "Gaza y la Margen Occidental parecen una olla a presión a punto de explotar... la población palestina cada día está más resentida y rebelde. La ocupación militar responde poniéndose más insegura y opresiva". REBELIÓN ADOLESCENTE La mayoría de los manifestantes eran adolescentes, jóvenes que no habían vivido la derrota de 1967, así que no tenían ningún complejo de inferioridad a la hora de enfrentarse a las FDI. "Incluso los israelíes con poca simpatía hacia la causa palestina les tienen un nuevo respeto a los enemigos -decía un reportaje en 1988-. Uno escucha a israelíes comentando que éstos no son los árabes temblorosos y cobardes descritos por nuestra propaganda, sino jóvenes con la osadía de sus convicciones". Blandían banderas, arrojaban piedras a los soldados y levantaban barricadas con rocas y neumáticos. Un periodista palestino reportó que la edad determinaba la división de tareas. Niños de siete a diez años estaban a cargo de poner los neumáticos en la mitad de la calle. Entre los 11 y 14 años, colocaban las rocas. De 15 a 19 años, lanzaban piedras. Y los mayores dirigían a todo el equipo, siempre en contacto con vigías dispuestos en techos de edificios, que los ayudaban a determinar qué autos atacar. Poco a poco fueron cristalizando instituciones políticas. Primero surgieron los comités locales en barrios y aldeas. Cada uno con su estructura independiente, no sólo se encargaban de dirigir las revueltas, sino también de organizar la entrega de alimentos en los pueblos y campamentos sitiados, de cuidar a los heridos o de establecer servicios higiénicos... Fueron construyéndose en torno a juntas de vecinos, sindicatos, grupos juveniles y centros femeninos. Esta era no era una rebelión de guerrilleros, sino de "ciudadanos promedio". Poco después surgió una estructura más amplia, inicialmente para coordinar el aprovisionamiento, pero pronto adquirió el propósito de guiar la evolución de la Intifada. En esta estructura confluyeron casi todas las tendencias políticas de las zonas ocupadas: el Fatah, el Frente Popular, el Frente Democrático, los comunistas, la Jihad Islámica... Conocida como el Liderazgo Nacional Unificado del Levantamiento (UNLU), sus miembros permanecieron siempre en la clandestinidad y daban instrucciones a través de panfletos, los bayanat. Allí anunciaban los futuros paros, demostraciones y otras actividades. Los palestinos les obedecían, porque la UNLU tenía credibilidad. Por su parte, los bravos adolescentes patrullaban los vecindarios para asegurarse de que los negocios cerraran cuando tenían que hacerlo. Asentada en Túnez, la OLP al principio quedó un poco al margen de todo; sin embargo a los meses ya existía una colaboración entre ella y la UNLU. Arafat le dejó un amplio margen de discreción para decidir sobre el curso diario de la Intifada, mientras que la UNLU acató la primacía de la organización en articular temas políticos más amplios. LA RESPUESTA DE ISRAEL La responsabilidad de aplacar la Intifada le correspondía a Yitzhak Rabin, el Ministro de Defensa laborista, a quien todos consideraban un moderado. Aun así, Rabin ordenó a las FDI tomar acciones "vigorosas", que incluían dispararles a los manifestantes. Creía que así las demostraciones terminarían un par de semanas. Pero la intifada creció a la par con el número de palestinos muertos. Entre diciembre de 1987 y enero de 1988, las fuerzas de seguridad israelíes mataron al menos a 37 palestinos. A fines de diciembre de 1987, el Consejo de Seguridad de la ONU (con la abstención obvia de Estados Unidos) deploró las practicas represivas de Israel. Ante eso, Rabin dijo que se restringiría el uso de balas, pero las brutalidades continuaron. Ahora las tropas israelíes usaron garrotes, con instrucción de quebrar huesos. Cientos resultaron heridos y alrededor de una docena de palestinos murieron apaleados en los primeros dos meses de la nueva política. Por lo demás, el uso de municiones no se detuvo: 25 jóvenes palestinos cayeron baleados en febrero y marzo. En total, en 1989 unos 574 manifestantes palestinos ya habían muerto. No obstante nada apaciguaba a la rebelión, que crecía en intensidad. En respuesta, Israel aplicaba medidas más severas: hacía explotar casas de jóvenes sospechosos de lanzar piedras; ponía a comunidades enteras bajo toque de queda, a veces por cientos de días; proseguía con las deportaciones, y arrestaba a miles de palestinos sin juicio previo. Muchas de las medidas que aplicaron son descritas en el Human Rights Survey de 1988, del Departamento de Estado de Estados Unidos. La intifada ya entraba a su segundo año. "La nación puede sobrellevar la carga, no importa cuánto más dure la revuelta", declaró Rabin en diciembre de 1989. Para ese entonces 615 palestinos habían sido asesinados y 50 mil habían sido arrestados. Mientras, la derecha política exigía aplicar más fuerza. Particularmente a mediados de 1988, cuando se acercaban las elecciones parlamentarias de noviembre. De hecho, Ariel Sharon, ministro de la Industria y Comercio, denunció a Rabin de blando. La elección de noviembre de 1988 fue virtualmente un empate, con 40 escaños para el Likud y 39 para los laboristas. Así que continuó el Gobierno de Unidad Nacional, con Shamir a la cabeza, y las políticas contra la intifada a cargo de Rabin. A esas alturas, a pesar de los llamados de la derecha, cada vez eran más los israelíes que denunciaban los excesos cometidos contra los palestinos. Incluso los propios soldados israelíes lo hacían. Uno de los peores incidentes ocurrió en febrero de 1988, cuando militares israelíes enterraron vivos a cuatro palestinos en Salem. Una encuesta de mayo de 1990 mostró que sólo el 18% de la población creía necesaria la aplicación de más fuerza; un 38% prefería restringirla, y un 8% rechazaba por completo su uso. IMPACTO EMOCIONAL La intifada tuvo consecuencias importantes para la mentalidad israelí. Se puede decir que acentuó las divisiones internas. Por un lado, dejó de ser tabú una idea de extrema derecha que circulaba hacía años: si los territorios ocupados iban a permanecer para siempre en manos israelíes, lo mejor era "transferir" a sus habitantes palestinos a otra parte fuera de Eretz Israel. Esto postulaba el partido Moledet (Patria), que capturó dos asientos en la Knéset (Asamblea), y tenía cada vez más adeptos. Pero, por otro, adquirió nuevo vigor la postura "tierra por paz". Quienes la sostenían, ahora contaban con nuevos argumentos: los territorios ocupados no le daban a Israel más seguridad, al contrario. Hasta, en las FDI circulaban estas ideas. De hecho, unos 300 generales crearon el Consejo por la Paz y la Seguridad. Asimismo, la intifada tuvo efectos fuera de Israel. Hizo que el presidente estadounidense Ronald Reagan, que tras haber presentado un poco fructífero plan de paz en 1982 no se había ocupado mucho del tema, emprendiera nuevas iniciativas diplomáticas. Su secretario de Estado, George Schultz, trato de revivir la fórmula de Camp David; es decir, establecer un período transitorio de auto-administración palestina limitada, para luego negociar el estatus final de Cisjordania y Gaza. Schultz realizó varios viajes al Medio Oriente en 1988 y hasta se reunió con miembros del Consejo Nacional Palestino de la OLP. Los Estados árabes también se vieron remecidos y respondieron llamando a una reunión de emergencia en Argelia en junio de 1988. Arafat y la OLP fueron las estrellas de la ocasión. Se estableció un comité especial para apoyar a la intifada, se señaló que la iniciativa de Schultz era inefectiva y en su lugar se llamó a una conferencia internacional de paz bajo el auspicio de la ONU. Pero fue el rey Hussein de Jordania el que tomó las acciones más drásticas. En julio de 1988, cadena televisiva, anunció que renunciaba a los reclamos de su país sobre los territorios ocupados. Serían todos para un futuro Estado palestino. LA OLP PROPONE LA PAZ El clima era propicio para que los palestinos presentaran su propia solución de "dos Estados". La idea empezó a aparecer en documentos de divulgación... Hasta que, en la siguiente reunión del Consejo Nacional Palestino, realizada en noviembre en Argelia, Arafat leyó la declaración de Independencia para el Estado de Palestina. Señalando que su pueblo derivaba el derecho a la autodeterminación no sólo de su historia como nación, sino del Acta de Partición de la ONU de 1947 proclamó "el establecimiento del Estado de Palestina en nuestro territorio palestino". Reafirmó la declaración con un comunicado político, que formalmente comprometía a la OLP con la solución de dos Estados, y llamaba a realizar una conferencia de paz internacional sobre la base de las resoluciones 242 y 338. Docenas de países reconocieron al nuevo Estado Palestino, pero la OLP enfocó sus esfuerzos en dialogar con Estados Unidos. Reagan insistía en que Arafat aún no demostraba su compromiso con la paz, pero finalmente decidió tantear el terreno y autorizó al embajador estadounidense en Túnez para hablar con representantes de la OLP. El diálogo continuó durante 1989 y 1990, si bien la potencia occidental seguía desconfiando de las intenciones palestinas de renunciar al terrorismo. La OLP se esforzaba por demostrar, que era sincera. Arafat realizaba conferencias de prensa para periodistas israelíes y, en marzo de 1989, les ordenó a las guerrillas de Fatah en el sur del Líbano detener las operaciones contra Israel. REMEZONES POLÍTICOS Viendo que Arafat le estaba robando la iniciativa, Yitzhak Shamir contraatacó con una movida diplomática propia en la primavera de 1989. Propuso realizar elecciones en los territorios ocupados para seleccionar a una delegación palestina con la que Israel negociaría el establecimiento de una autoridad autogobernada en Cisjordania y Gaza durante un periodo interino. Pero siempre y cuando los palestinos primero terminaran con la Intifada. Miembros del Likud, encabezados por Ariel Sharon, consideraron que Shamir estaba ofreciendo demasiado y para atarle las manos en futuras negociaciones, lograron que el comité central del partido le impusiera condiciones al plan de paz: que no participaran los palestinos de Jerusalén Oriental, que Israel no entregara ningún territorio y que continuara la construcción de asentamientos judíos en Gaza y Cisjordania. Por supuesto que los palestinos rechazaron la propuesta. Como el proceso diplomático se había estancado, el presidente Mubarak elaboró una nueva fórmula. En realidad tomó el plan de Shamir y le agregó diez puntos que anularon las condiciones impuestas por el Likud. El plan egipcio convenció a Estados Unidos y a los israelíes moderados. Shimon Peres y Rabin llegaron a amenazar con sacar a la Alianza Laborista del Gobierno de Unidad Nacional si el Gabinete no aceptaba la propuesta. Por su parte, la OLP y los palestinos en los territorios ocupados dejaron abierta la puerta para las discusiones. Pero los líderes del Likud lograron que fuera rechazada en el Gabinete. Ante eso, el nuevo secretario de Estado estadounidense, James Baker, puso sobre la mesa otro plan, que pretendía que delegaciones israelíes y palestinas dialogaran en El Cairo. Arafat y Egipto se pusieron a conformar la delegación palestina en enero de 1990. Sin embargo, en Israel, el Likud nuevamente se opuso y con ello acabó el Gobierno de Unidad Nacional. El comité central laborista autorizó a sus parlamentarios a retirarse de la coalición. La Knéset votó el 15 de marzo si debía disolverse el Gobierno de Unidad Nacional. La respuesta fue "Sí". Shimon Peres tenía la oportunidad de formar un nuevo Gobierno sin el Likud y se esforzó, erróneamente, en negociar con partidos religiosos sionistas, pero no lo logró. En cambio, Shamir tuvo mejor suerte y a mediados de junio de 1990 ya había armado una coalición sin los laboristas: 40 escaños eran del Likud y 22 de partidos religiosos sionistas y ultranacionalistas. El nuevo Gobierno era el más derechista y el más ultranacionalista, para no decir anti-palestino, de la historia de Israel. Shamir retuvo el cargo de Primer Ministro y se agregó el de Ministro de Defensa. Poco después de asumir de nuevo, rechazó formalmente el plan de paz que había introducido un año antes y estableció como prioridades aplastar la intifada, absorber nuevos inmigrantes judíos -especialmente de la Unión Soviética-, e incrementar los asentamientos ilegales en los territorios ocupados. Baker estaba furioso y mandó el siguiente mensaje a Israel:"El número de la Casa Blanca es 202-456-1414; cuando quieran hablar de paz en serio, llámennos". Harto, Estados Unidos también suspendió sus diálogos con la OLP, debido a unos atentados en Tel Aviv ocurridos en mayo de 1990, que supuestamente organizó el Frente para la Liberación de Palestina, una pequeña fracción de la OLP. Así en el verano de 1990 los israelíes de línea dura acaparaban todo el poder en Israel. Los palestinos, por otro lado, habían perdido la iniciativa. Pero, de todas formas, la intifada había producido cambios en el ánimo de los israelíes y palestinos.
Fernando Salazar Fernández 17 Octubre 2009 - 6:01 de la tarde
Ahora que juzgen los comentaristas el relato y saquen sus propias conclusiones, pese que en estos caso estoy a favor de la creación de un Estado Palestino.
Miguel Berstein 19 Octubre 2009 - 6:20 de la tarde
Fernando, todos en Israel estarían de acuerdo en que la Autonomía Palestina se convierta en un Estado Palestino, pero el problema es la negativa de aceptar un Estado judío y democrático, rodeado como está de dictaduras árabes. Ya los acuerdos de Oslo llevaban a un Estado, pero eso, en lugar de traer la paz y prosperidad a los palestinos, les trajo tiranía, pobreza, corrupción, el culto de la muerte, fábricas de suicidio, y radicalización islamista, generando un feudo de odio. Arafat se gastó la ayuda israelí, y la de muchos paises del mundo, que debía ser utilizada en la construcción de un Estado, en comprar armas, entrenar niños y adultos, para la muerte.Los palestinos son los propios responsables de su fracaso. NO pueden echarle la culpa a Israel, si no son capaces de crear, en lugar de destruir.
Fernando Salazar Fernández 17 Octubre 2009 - 5:55 de la tarde
A en este relato olvidé mencionar la masacre de Hebrón en que murieron 135 judíos y 116 árabes, producto estos últimos de la represión británica y de represalias judías. Todo esto perpetrado por el gran muftí Amin Al-Husseini a partir del 23 de Agosto de 1929 y la Masacre de Safed en que se cobró la vida de una veintena de judíos: mujeres, niños y ancianos. Este último hecho ocurrió, exactamente, el 29 de Agosto de 1929. Bueno en fin con eso ya esta completo el relato
Fernando Salazar Fernández 17 Octubre 2009 - 5:43 de la tarde
Si quieren los sectores más fanáticos tildarme de antisemita, afirmación que yo la encuentro injusta, háganlo, pero eso no significa que yo las acepte, por que yo lo único que exigo a la hora de opinar y de narrar los hechos, pasados o actuales, es respeto; porque en primer lugar en este relato acogí las dos versiones de la historia y en segundo lugar este sitio es un lugar para debatir y no lugar donde se enfrentan los pesos pesados, no se si algunos de ellos estarán de acuerdo conmigo, pero, personalmente, creo que lo están.
LEOIESCRIBO 17 Octubre 2009 - 10:46 de la tarde
estimado Fernando, excelente su descripcion de los hechos ocurridos. Asi tambien, coincido totalmente con Uasted en que el debate es la unica via posible para encontrar una salida a problemas tan complejos. La pregunta es como se resuelve esto? Toda negociacion se produce cuando hay dos partes y cada una tiene algo que al otro le interesa. Este parece que no es el caso del Estado de Israel con Hamas y Al Fatha. Por otro lado, Al Qaeda produjo una declaracion que es poco menos que una declaracion de guerra contra España, reclamando parte de su antiguo imperio. Otra vez la pregunta, es algo atendible el reclamo o es simplemente algo sin sentido? como se enfrenta una situacion como esta? Conocer un problema es tener la mitad de la solucion (optimista) pero no es la solucion. Ahora que sabemos el problema me gustaria saber su opinion.
Fernando Salazar Fernández 17 Octubre 2009 - 5:30 de la tarde
Luego de la expulsión, casi mayoritaria, de los judíos ocurrida en el año 135 D.C., por la revuelta de Bar Kochba y la posterior caída del Imperio Romano en el 476 D.C, Palestina quedó en manos del Imperio Bizantino, salvo por una breve ocupación que hizo el Imperio Sasánida entre los años 614 y 629. En los años 634 y 638 los ejércitos árabes musulmanes, pueblo "semita" procedente del interior de la Península Arábiga, conquistaron Palestina. Los nuevos gobernantes musulmanes no obligaron a los palestinos a adoptar su religión. A los cristianos y judíos se les concedió el control de sus comunidades y se les garantizó la libertad de culto, tolerancia muy poco común en la historia de las religiones. No obstante, con el correr del tiempo la mayoría de los cristianos y judíos que vivían allí acabaron por adoptar la cultura árabe y la fe islámica. La primera dinastía musulmana, los Omeyas de Damasco, le trajo muchos beneficios a Palestina, en especial por el comercio entre los territorios musulmanes. Pero cuando el califato pasó a manos de los Abasíes de Bagdad en el año 750, Palestina cayó en el olvido y se vio envuelta en desórdenes. Fue dominada sucesivamente por los selyúcidas, los fatimíes, los cruzados y los mamelucos. En 1517, los turcos otomanos derrotaron a los mamelucos y gobernaron Palestina hasta 1917. Dividieron la zona en distritos o sanjaks, cuya administración le fue confiada a los palestinos "arabizados", descendientes de los cananeos y de los posteriores colonizadores. Por su parte, cristianos y judíos siguieron gozando de autonomía. Durante el siglo XVI, el Imperio Otomano vivió su siglo de oro, del que Palestina participó. Pero también compartió las penurias cuando, un siglo después, los turcos cayeron en decadencia. El deterioro económico se tradujo en un descenso demográfico que se prolongó hasta el siglo XIX. Pero ya entonces las potencias europeas, en plena industrialización, buscaban materias primas, mercados y posiciones estratégicas, y eso las condujo al Medio Oriente, lo que significó para Palestina un nuevo estímulo económico. Entre 1831 y 1840, Mehmet Alí, virrey de Egipto y adalid de la modernización, expandió su gobierno hasta Palestina. Allí cambió el anquilosado orden feudal, mejoró la agricultura y la educación. El Imperio Otomano recuperó el control en 1840 y llevó adelante sus propias reformas. Por ejemplo, a partir de 1880, colonos alemanes e inmigrantes judíos llegaron a la región con maquinaria moderna y el capital que tanta falta hacía. Tal vez por eso, en un inicio, la presencia de los primeros inmigrantes judíos no incomodó a los árabes. No sabían que está pronto se iba a multiplicar. Curiosamente, al mismo tiempo, la idea de crear un Estado judío nació en Europa Occidental y no fue impulsada por un rabino apegado a las tradiciones, sino por un intelectual vienés progresista y poco religioso: Theodoro Herzl, abogado-periodista-literato, que ni siquiera había leído a autores como Leon Pinsker, Moses Hess, el rabino Kalicher o el rabino Allakallay, que ya habían escrito sobre la necesidad de que la nación judía contara con un territorio. Herzl, por su parte, pensaba que, una vez expulsados de Palestina, habían dejado de ser una nación y se habían convertido en nacionales de los países donde vivían. Además, consideraba que el maltrato que sufrían en Oriente, específicamente en Rusia, se debía al atraso de esas sociedades. Bastaba que se industrializaran y democratizaran para que surgiera la tolerancia. Por eso, era optimista respecto del futuro de los judíos. Eso creía hasta que su trabajo como periodista lo llevó a vivir a París, donde le tocó presenciar el famoso proceso del capitán de origen judío Alfred Dreyfuss, un escándalo político que duró entre 1894 y 1914 aproximadamente. El caso impactó mucho a Herzl, sobre todo por los argumentos que se dieron para explicar la traición de Dreyfuss: "era culpable por que era judío y los judíos no tienen patria", razón que caló en el pueblo y la prensa. Por eso, Herzl cambió su diagnóstico. Concluyó que el "antisemitismo" subsistía en estado latente en los países modernos; que en realidad "todos los pueblos" eran "antisemitas", abierta o solapadamente. Herzl, hombre de acción, ideó un plan y puso por escrito en un folleto que apareció publicado en Viena, en 1896: "El Estado Judío". Al cabo de un año, ya era unos de los libros más vendidos y más leídos. En el documento identificaba el problema del "antisemitismo"; aducía que la solución era recrear un "Estado Judío"; detallaba qué debían hacer los judíos en sus comunidades diasporales, y terminaba describiendo las características "paradisíacas" de esa futura sociedad. Aspiraba a una república democrática y laica, mas no binacional o pluriétnica, donde todas las libertades tuvieran plena vigencia, incluso la religiosa. La mayor justificación para un Estado propio, según Herzl, que el "antisemitismo" no tenía solución. Por que mientras en la Edad Media se los persiguió por su religión, el "antisemitismo" moderno se basaba en un rechazo a la raza. En realidad, pensaba Herzl, el pueblo judío nunca había sido asimilado por los países anfitriones; habían vivido confinados en ghettos, sin contacto con los gentiles, y cuando se los liberó y adquirieron derechos, ya era demasiado tarde: ya tenían un espíritu distinto. Y todos los veían como competidores. La solución era poseer un Estado propio para vivir con dignidad. Lo ideal sería la tierra de sus antepasados, Palestina, pero si eso no era factible, Herzl sostuvo que cualquier lugar serviría. Por esos años, se transaban grandes extensiones de territorio, como Alaska. Herzl estaba pensando en algún país con extensas unidades territoriales despobladas como Chipre, Uganda e incluso hasta mencionó a Argentina. Pero antes debía convencer a los demás judíos y organizarlos, tarea nada fácil si se toma en cuenta que habían estado dispersos por más de 20 siglos. Después había que conseguir el espaldarazo de las grandes potencias: Gran Bretaña, Francia, Alemania, Rusia, Imperio Otomano, dueños estos últimos del Medio Oriente. Herzl consideraba muy importante que la migración fuera racional. Había planificado que primero viajaran los obreros y artesanos, quienes levantarían la infraestructura básica. En una segunda etapa, vendrían las clases medias y finalmente los grandes magnates. Herzl calculó que necesitaban dos mil millones de libras esterlinas y mantuvo la secreta esperanza de que los banqueros judíos. Sin embargo éstos le cerraron las puertas y sólo reunió un 20%. Las clases altas habían asimilado la nacionalidad de sus respectivos países de residencia. Reconocían que había prejuicios "antisemitas", pero nada serio. En cambio, los planes de Herzl podían despertar la discriminación. Si existía un Estado judío, entonces ellos pasarían a ser verdaderos extranjeros en Inglaterra, Alemania, Suiza... y no querían eso. Debido a eso Herzl se volcó hacia las masas, aunque allí también encontró resistencia, especialmente en grupos religiosos. Muchos rabinos ortodoxos consideraban que el destierro era un "castigo divino" y creían que debía ser el propio Dios el que llevara a cabo la empresa de construir un nuevo Estado; o por lo menos, debía dar una señal. En cambio, los judíos reformistas pensaban que lo importante era ser respetuosos de la ley y para eso, se podía vivir en cualquier parte. Aun sin grandes apoyos, Herzl perseveró en su afán. En 1897 se llevó a cabo en Basilea (Suiza) el Primer Congreso Sionista. Se estableció que en cada país hubiera comités ejecutivos y que se hicieran reuniones anuales. Poco después, Herzl viajó a Estambul para intentar convencer al sultán Abdul Hamid II de venderle Palestina. Creyó que los turcos estaban en suficientes aprietos económicos como para aceptar la oferta, pero se equivocó. Por lo demás, no llevó una propuesta respecto de qué hacer con el 98% de la población árabe que vivía en Palestina. Así, se trasladó a Alemania y logró hablar con el canciller del emperador Guillermo II. En primera instancia, la Cancillería lo vio con buenos ojos, porque a Alemania le interesaba dominar el Medio Oriente y no estaría de más contar con aliados en la región, aunque al final, irónicamente, pesaron más las opiniones de los grandes barones judío-alemanes. Años después, y luego de que fracasara la posibilidad de que los judíos se establecieran en Uganda, propuesta hecha a ellos por los británicos y rechazada en el Sexto Congreso Sionista de 1903 en Basilea, Herzl, el padre del sionismo, murió en 1904 en Austria, tras haber viajado por medio mundo y haber abandonado a su familia por una causa que, al final, lo rechazó. Muerto Theodoro Herzl, otros tomaron la bandera sionista. Uno que de los que la tomó fue un químico orgánico de origen ruso llamado Chaim Weizmann, persona que más tarde llegaría a convertirse en el primer presidente de Israel. Weizmann gracias a los contactos que él tenía en el Gabinete de Guerra de Gran Bretaña, donde en ese momento trabajaba, logró difundir la idea de recrear un Estado Judío en Palestina una vez concluida la Primera Guerra Mundial, que ya estaba en curso. De acuerdo con su diagnóstico, el Imperio Turco-Otomano se desplomaría y entonces sus territorios, incluida Palestina, serían transferida a los vencedores. Así que los sionistas querían dejar comprometido esa zona a uno de los futuros amos del Medio Oriente: Gran Bretaña. En 1917, lord Balfour, canciller del gobierno inglés, le envió una carta de una hoja a Sir Walter Rothschild, presidente de la Federación Sionista Británica. Decía que el Gobierno de Su Majestad veía con "buenos ojos el establecimiento en Palestina de un hogar para los judíos"- no menciona la palabra "Estado" - y que utilizaría "sus mejores medios para facilitar la consecución de esta causa". Agregaba algo importante: "No debe hacerse nada que perjudique los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina...". ¿Cómo fue posible que se redactara y se hiciera esta declaración? Dentro del Gabinete de Guerra inglés, el sionismo era apreciado. Churchill los admiraba por sus convicciones políticas. Pero eso no basta. La verdad es que los ingleses querían dominar el Medio Oriente desde que se descubrió petróleo allí. Inglaterra pensó que si hacía esta declaración a favor de los judíos, luego éstos la podrían esgrimir en las negociaciones de paz, y tendrían un aliado para acceder a Palestina, tierra con petróleo y acceso al Canal de Suez. El problema fue que, durante la guerra, Londres no sólo le hizo promesas al sionismo. También mantuvo correspondencia, entre 1915 y 1916, con Hussein ibn Alí, jerife de La Meca, a quien le prometió la independencia de las tierras árabes a cambio de su colaboración en la lucha antiturca. Por entonces, Inglaterra podía prometer cualquier cosa, ya que no tenían ningún poder sobre el territorio en cuestión. Pero sí lo tuvo poco después, en 1917, al derrotar militarmente a los turcos, en alianza con los árabes, y ocupar Siria y Palestina. Los británicos se quedaron administrando este territorio hasta que terminó el conflicto; el Tratado de Versalles ratificó ese control, reforzado en la conferencia de San Remo (1920), cuando la recién creada Sociedad de las Naciones le asignó al Imperio Británico el control sobre el área que incluía al futuro Estado de Israel, la franja de Gaza, Cisjordania, parte de los Altos del Golán y el Reino de Jordania. El broche de oro vino en junio de 1922, cuando la Sociedad de Naciones estableció con toda sus letras el control sobre Palestina. El Medio Oriente estaba sumido en el retraso económico y agrícola, y a los británicos no les interesaba invertir mucho. La situación para ellos era demasiado complicada. El documento que les confería el mandato les recordaba la promesa de asegurar el establecimiento de un "hogar nacional judío" y muchos de sus artículos especificaban acciones para apoyar la inmigración judía. Pero, por otra parte, de los 750 mil habitantes de la región, por lo menos 95% eran árabes, mientras que sólo un 5% eran judíos. Y la mayoría árabe no iba a aceptar que la proporción se invirtiera. La tensión entre ambos pueblos llevaba tiempo desarrollándose, porque los judíos habían comenzado a comprar tierras palestinas antes de la Primera Guerra Mundial. Casi todos los terrenos eran áridos o pantanosos, y de los pocos cultivables que había, gran parte estaba en manos del Estado Otomano y de terratenientes que no vivían en la zona. Así que los judíos no tuvieron muchos problemas en comprárselas, pero a la larga eso fue generando conflictos con los árabes residentes. Porque una vez adquirida las tierras, los judíos lo hacían bajo la condición de que sólo la cultivaran los agricultores judíos. Eso hizo que fueran despedidos, o expulsados en el peor de los casos, muchos árabes que la habían trabajado hasta el momento. El problema es que los judíos no estaban al tanto de que los campesinos árabes o felás si bien no poseían sus propias tierras, eran dueños de los árboles que crecían en ellas. Esto provocó muchos conflictos. Frente a esta situación nada calma, Inglaterra tomo tres actitudes. En la década del 20, una política favorable a la inmigración judía; en los 30, intentó ponerle algo de freno, y durante la Segunda Guerra Mundial, se puso a favor de los árabes. Así las cosas, en los años 20 entraron a Palestina unos 100 mil judíos seleccionados según su credo político por el Histadrut, la Federación General de Trabajadores de la Tierra de Israel, una organización sindical judía. El descontento árabe llegó a tal punto que el líder musulmán de Palestina incitó a los suyos a perpetrar ataques contra la población judía. En respuesta, algunos judíos crearon el Haganah, una organización paramilitar que los británicos consideraron ilegal, aunque, supuestamente, esa organización trataba de observar las leyes de la guerra. El año 1933 fue crítico: con la llegada al poder de los nazis en Alemania, aumentó la inmigración de judíos. En 1935, casi 62 mil judíos entraron a Palestina. En respuesta, en abril de 1936 los árabes palestinos desencadenaron una huelga. Para calmar los ánimos, un año después los británicos propusieron dividir Palestina en dos Estados - uno árabe y otro judío-, pero la proposición fue rechazada por las dos partes. Una amplia insurgencia de los árabes nacionalistas ya estaba en marcha: la "Gran Revuelta Árabe". El movimiento era liderado por el Gran Muftí de Jerusalén, Haj Amin Al-Husseini. Las protestas no violentas se mezclaron con acciones terroristas, donde resultaron muertos varios cientos de judíos. Grupos sionistas como el Irgun contestaron, haciendo explotar bombas en mercados y lugares públicos. Al final, los ingleses debieron tomar medidas draconianas. Husseini fue hallado culpable del asesinato del comisionado británico para Galilea y tuvo que huir. Se refugió en Líbano e Irak, para terminar nada menos que en la Alemania nazi. Inglaterra abandonó la idea de partición y puso restricciones a la adquisición de tierras por parte de los judíos. Eso contravenía la cláusula de la declaración Balfour que instaba a "promocionar el asentamiento de los judíos en la región". La Segunda Guerra Mundial estaba por estallar y las infracciones al derecho internacional eran pan de cada día. Terminaba la década de los 30 con 300 mil judíos viviendo en Palestina, en contraposición con los 50 mil que había a comienzos del siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial tanto los Aliados como el Eje querían ganarse el favor del mundo árabe, por el petróleo, su acceso al Canal de Suez y la posición estratégica de sus países. Pero entre los árabes no había unanimidad respecto a que bando apoyar. En Palestina, muchos árabes respaldaron al Ejército británico, pero otros vieron en el Eje la garantía de recuperar sus tierras, especialmente cuando Husseini le declaró la yihad a los Aliados. Pues bien, para inclinar la balanza a su favor, Gran Bretaña durante la guerra prohibió la entrada de judíos, a pesar de todos los rumores en ese momento de Holocausto. Prefirió dejarlos en campos de detención o deportarlos a lugares como las Islas Mauricio en África. Mientras seis millones de judíos eran exterminados en Europa, Abraham Stern, líder del grupo terrorista Leji, intentó convencer a los nazis de que la inmigración judía a Palestina podía ser la gran solución para el "problema judío". No era necesario matarlos, bastaba con deportarlos. El oficial nazi Adolf Eichmann incluso llegó a visitar Palestina en 1939 para analizar la factibilidad de la propuesta, pero terminó por rechazarla, quizás por influencia de Husseini. A los sionistas no les quedó más que organizar una inmigración ilegal, conocida como Aliya Beth. Esta operación logró rescatar a decenas de miles de judíos de la persecución nazi y los transportó por mar. Muchas de estas embarcaciones fueron interceptadas y otras se hundieron. La última que intentó entrar a Palestina durante la guerra fue el barco Struma, torpedeada en el Mar Negro por un submarino soviético en febrero de 1942, en virtud de pactos de colaboración anglo-soviéticos. El barco se hundió con 800 pasajeros a bordo. La gran venganza llegó en noviembre de 1944, cuando Eliyahu Hakim y Eliyahu Bet Zuri, del Leji, los cuales ellos posteriormente serían ejecutados, asesinaron en El Cairo a Lord Moyne, ministro británico para Oriente Medio y responsable de impedir la inmigración judía a Palestina. Se dice que, con estos actos, los sionistas perdieron definitivamente la simpatía de Churchill. Finalizada la guerra, los judíos pensaban que los británicos volverían a favorecerlos. Después del Holocausto, gran parte de la población judía quería vivir sólo en Palestina. Pero no ocurrió así. Al parecer, los ingleses ya tenían como aliados estratégicos a los árabes. A parte de la contribución que muchos de los árabes hicieron durante la Segunda Guerra Mundial, además, posiblemente consideraban que una oleada tan grande de inmigrantes desestabilizaría al Medio Oriente. Así el Gobierno británico rechazó revocar la prohibición de inmigrar. El conflicto entonces cambio de eje: ahora eran los judíos contra las autoridades británicas. Las fuerzas sionistas llevaron a cabo varios ataques terroristas contra los ingleses. En 1946, por ejemplo, Irgun voló el Hotel Rey David de Jerusalén, cuartel general de la administración británica, lo que dejó 92 víctimas fatales, en su mayoría civiles -16 de ellas eran ingleses-. Por su parte, los británicos apresaban a las autoridades judías y ahorcaban a los presos culpados por terrorismo. En el resto del mundo los horrores del Holocausto, que poco a poco salían a la luz, despertaron la simpatía por el sionismo. El presidente estadounidense Harry Truman, y la comunidad internacional en general, presionaban a Inglaterra para que permitiera las migraciones. Pero los británicos continuaban rehusándose. Debido a esto, se desató toda una campaña de publicidad antibritánica. El resultado fue que la popularidad de Gran Bretaña quedó por el suelo y el mundo sentía poca lástima por las víctimas inglesas del terrorismo sionista. Sólo durante el período de insurgencia, que duró desde agosto de 1945 a agosto de 1947, las bajas británicas llegaron a 141 muertos y 475 heridos. La suma de todas estas presiones hizo finalmente que los británicos declararan que esta situación era prácticamente insostenible. Hartos, en abril de 1947 traspasaron el problema a la nueva Organización de la Naciones Unidas (ONU). Luego de que la ONU constituyera una comisión especial para este asunto, la UNSCOP (Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina), y de que esta comisión viajara a Palestina, concluyeron finalmente de que los árabes y judíos no se iban a entender nunca. Frente a eso, había que partir a Palestina en dos Estados, dejando a Jerusalén bajo administración internacional, o crear un Estado federal, en el que convivieran ambos pueblos. La mayoría del UNSCOP se decidió por la primera propuesta, que presentó a la Asamblea General de las Naciones Unidas, sin convocar al Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Unión Soviética, Francia, Inglaterra y China), como en estos casos estipulaba la carta. La Asamblea la aprobó y la división se haría efectiva el día en que los británicos se retiraran. Las dos nuevas grandes potencias, la Unión Soviética y Estados Unidos, apoyaron la partición por distintas razones, los soviéticos pretendían sacar a los británicos de la zona y no veía con malos ojos un Estado judío, porque su tendencia era socialista y, por lo tanto, susceptible de convertirse en aliado. Estados Unidos, en cambio, tenía razones de política interna. Truman iba a la reelección y el voto judío, concentrado en ciertos estados, era importante. Nada de raro, los líderes palestinos rechazaron el plan de partición. A la mayoría de los judíos, en cambio, le encantó. En todo caso, hubo una cantidad significativa de judíos que rechazaron la propuesta, como Menachem Begin, líder de Irgun: "La partición del hogar judío es ilegal -declaró-. Nunca será reconocida. La firma de las instituciones y los diplomáticos del plan de partición es inválida. No cegará a los judíos. Jerusalén fue y será nuestra capital. La Tierra de Israel será restaurada para la gente de Israel. Para todos. Y para siempre". El 14 de Mayo de 1948 el último soldado británico salió de Haifa y el Mandato inglés sobre Palestina finalizaba. Nacía Israel, que se quedó, lean esto muy bien, con el 55% del territorio palestino. De acuerdo con las estadísticas británicas de 1947, los judíos, para ese entonces, poseían entre un 9% y 12% del territorio. El día de la retirada británica, el Gobierno provisional judío declaró la formación del Estado de Israel y garantizó los derechos civiles para todos los habitantes de su territorio: árabes, judíos, beduinos o drusos. "Llamamos a los árabes que viven en el Estado de Israel a que preserven la paz y participen en la construcción del Estado - decía la declaración leída por David Ben Gurion-, siendo reconocidos como ciudadanos de pleno derecho". De esta manera, todos los habitantes que quedaron dentro del recién formado Israel recibieron la ciudadanía israelí. "Nuestra intención es establecer una sociedad para que Palestina sea tan judía como Inglaterra es inglesa o America es americana", anunciaba Chaim Weizmann. El problema era que los palestinos no querían ser judíos, sino palestinos. En ese ambiente, judíos y árabes empezaron a pelear por Palestina. Las esperanzas de aquellos como Judah Leon Magnes, que había trabajado por un Estado Árabe-Judío único y armónico, fueron destruidas. Golda Myerson (después llamada Meir) estaba por entonces en conversaciones secretas con Abdullah de Jordania, con la intención de evitar una guerra. Pero falló. Al menos es un ejemplo de que existió la amistad entre judíos y árabes particulares. Las búsquedas de armas que llevaban a cabo los británicos continuaron, para la furia de los judíos. Aunque la mayor parte de las armas confiscadas pertenecía a los árabes, el Haganah resultó bastante perjudicado y menoscabado. Claro que, después, se aseguró grandes embarcos de armamento desde Checoslovaquia. Por esos días ocurrieron varios incidentes sangrientos en zonas rurales. En Deir Yassin, los hombres de Menachem Begin masacraron aproximadamente a 250 árabes; los árabes, por su parte, respondieron aniquilando un convoy de médicos y enfermeras judías casi a la vista de un puesto militar británico. Así las cosas, a pesar del voto de la Asamblea General de la ONU, el futuro del Estado de Israel no se veía como algo seguro durante los últimos meses del mandato británico. En marzo de 1948, el embajador de Estados Unidos ante la ONU sugirió que el plan de partición de Palestina se aplazara y que el país fuera puesto bajo la tutela de la ONU. Por supuesto que los sionistas se sintieron traicionados, pero hubo un hombre que mantuvo siempre la calma: Chaim Weizmann. En una reunión secreta en la Casa Blanca, el presidente Truman le había asegurado que apoyaría el nacimiento del Estado de Israel. Y a pesar de que en el Departamento de Estado predominaba la simpatía por los árabes, Harry Truman mantuvo su palabra. Sir Alan Cunningham, el último comisionado Británico en Palestina, dejó Haifa a las 9 AM del 14 de Mayo. A las 4 PM, en el Museo de Arte Moderno de Tel Aviv, David Ben Gurion anunció el establecimiento del Estado de Israel. El nuevo Estado fue reconocido de inmediato por Truman, para la sorpresa de muchos oficiales norteamericanos. Al momento de la partición, había 749 mil árabes y 9.250 judíos en la mitad que le correspondía al Estado árabe, mientras que en el Estado judío vivían 497 mil árabes y 498 mil judíos. El documento fundante, mencionado anteriormente, llamaba a esta amplia población árabe que quedaba en Israel a que colaborara en la reconstrucción del país y le prometía respetar sus derechos civiles. Pero las buenas intenciones se quedaron en el papel. Casi al mismo tiempo de la declaración de independencia, los ejércitos de Irak, Líbano, Siria, Transjordania, Egipto y Arabia Saudita invadieron el nuevo Estado de Israel. Comenzaba la contienda que los israelíes llamarían la "Guerra de la Independencia". La victoria de Israel fue inapelable y avivó el orgullo israelí. Los factores que a su vez permitieron esto fue que la disciplina de las unidades judías era muy superior. A pesar de que no poseían una clara supremacía en hombres y armamento, los judíos actuaron con inteligencia. Aprovecharon las treguas, se organizaron y establecieron los objetivos. En cambio, los árabes no tuvieron un mando conjunto; cada unidad o legión actuaba sola, sin coordinación. Probablemente menospreciaron al adversario. Los propios palestinos, por otra parte, no se habían recobrado de la revuelta árabe ocurrida entre 1936 y 1939, y muchos de sus dirigentes árabes-palestinos estaban en el exilio. Luego de finalizada la guerra, Israel no solo mantuvo la zona que le concedió el plan de partición, sino que además amplió el área bajo su control a un 78% del territorio de Palestina. Los grandes perdedores de este conflicto, que a su vez trajeron y traerían a futuro consecuencias trágicas, fueron los cientos de miles de habitantes árabes de la región disputada, que se vieron despojados de sus hogares. La población árabe común y corriente de Palestina había empezado a abandonar el país en números crecientes a medida que el mandato británico se acercaba a su fin. Este masivo éxodo árabe llenaría de vergüenza al Estado de Israel. ¿Quién tuvo en definitiva la culpa? Según alegaron los voceros judíos, los propios árabes fueron los responsables. Dicen que éstos abandonaron sus casas y pertenencias en forma voluntaria, en respuesta a los llamados de las autoridades árabes. Por ejemplo, de acuerdo con el texto pro-sionista "Israel, Estado de la Esperanza", de Kurt Schubert, el secretario general de la Liga Árabe, Asma Pasha, había instigado a los árabes a levantar y abandonar sus moradas de las inmediaciones de las ciudades y pueblos judíos, para dejar en libertad de movimientos a los ejércitos árabes, que estaban "a punto de echar a los judíos al mar". En algunos casos ocurrió así, pero el otro bando esgrime sus propias razones. Los voceros árabes, en particular el de la mayoría de los refugiados palestinos, dicen que la gente fue empujada y expulsada por los judíos, que grupos terroristas sionistas organizaron atentados contra la población árabe-palestina para sacarla y ahuyentarla de Israel. Luego, los judíos se habrían negado a permitir su regreso y habrían desatendido sus peticiones de la ONU para que se indemnizara a aquellos que no pudieron volver a sus casas. "Hay evidencia que apoya ambas acusaciones y ninguna explica el proceso en forma completa -afirma Neil Grant, en "The Partition of Palestine"-. Muchas familias árabes pacíficas se fueron porque en medio de una guerra racial que no discriminaba entre civiles y militares, huir parecía la mejor forma para mantenerse con vida". Como sea, la guerra produjo que entre 600 mil y 780 mil palestinos temerosos de represalias se exiliaran y se distribuyeran por los países vecinos, en especial Jordania, donde mantuvieron su identidad nacional y el deseo de regresar a su patria. Las cosas no le iban a resultar fáciles a los palestinos. Los países árabes que los recibieron no les concedieron la nacionalidad local, ni siquiera a los hijos nacidos en el exilio. No obstante, los palestinos que quedaron bajo administración de Jordania y Egipto estaban más o menos protegidos y fueron encontrando trabajo y mejorando su situación. Aquellos que quedaron en territorio israelí, se agruparon en campamentos donde, según alegan muchos, no les dieron las condiciones básicas para vivir o subsistir. Ni siquiera les fue posible adquirir la nacionalidad israelí y si la adquirían no gozaban de los mismo derechos que los judíos, en la mayoría de los casos, como asegura Antoni Segura en el "Món árab actual", lo que les convirtió simplemente en extranjeros en su propia tierra. La situación impulso a la ONU crear la Organización para la Ayuda y la Readaptación de los Refugiados Árabes (UNRWA) en diciembre de 1949. Sin embargo su situación no se iba a resolver de la noche a la mañana. Como resume Neil Grant: La creación de Israel fue un logro heroico, la recompensa de un esfuerzo inmenso, de grandes talentos y de una firme determinación. Pero para los habitantes nativos de Palestina, muchos de los cuales aún viven en campos de refugiados, fue un completo desastre".
Alberto Segovia 17 Octubre 2009 - 2:20 de la mañana
Es que Zapatero y Moratinos, aceptarian formar parte de un califato mundial .... por eso de la Alianza de Civilizaciones, vio?
LEOIESCRIBO 17 Octubre 2009 - 1:15 de la mañana
La rama de Al Qaeda en el Magreb ha vuelto a confirmar su obsesión por la España musulmana que desapareció hace más de cinco siglos bautizando su aparato mediático con el nombre de Al Andalus, según un largo comunicado al que los expertos otorgan total credibilidad. ¿Por qué ese nombre que recuerda a casi toda la Península Ibérica bajo dominación musulmana durante cerca de ocho siglos? "Porque es el paraíso perdido de los musulmanes y que durante ocho siglos fue su propiedad e implantaron su religión y levantaron la bandera de la yihad (Guerra Santa), y por eso Alá afianzó esa tierra para ellos", responde el comunicado a lo largo de siete párrafos. Al Andalus, prosigue el texto, se derrumbó en 1492 cuando fue ocupado por los españoles porque los musulmanes se hicieron vagos, se alejaron de la yihad, pasaron a depender de sus gobernadores judíos y cristianos gan total credibilidad. La compañía Al Andalus surge en este preciso momento para recordar a los musulmanes, en general, y a los habitantes del Magreb Islámico, en especial, cuya historia está estrechamente vinculada con Al Andalus, que su deber es hacer la yihad, que es necesario que luchen por la causa de Alá para recuperar hasta el último trozo de la tierra del Islam invadida y aplicar esa regla de Alá que es la sharia , explica el comunicado. Que debe hacer el gobierno español?
LEOIESCRIBO 16 Octubre 2009 - 11:56 de la tarde
No es aceptable que se compare un gobierno legítimamente constituido con una banda de forajidos mafiosos. El estado de Israel tiene un gobierno electo por sus ciudadanos, con una clara división de poderes, como corresponde a una organización social basada en la democracia. Por el otro lado esta Hamas, cuyos integrantes se perpetúan en le poder y se incautan de recursos financieros a través de extorsión a propios y ajenos. Cometen actos terroristas, esto significa como ejemplo lanzar bombas en forma indiscriminada a poblaciones civiles como Sderot, con el pretexto de llamar la atención a sus reclamos. Luego el Estado de Israel se defiende y al hacerlo se lo iguala con esta banda de mafiosos. No tiene sentido. Aceptar esto significa que cualquier grupo criminal, como por ejemplo los piratas que operan en las costas orientales de África, pueden argumentar que secuestran barcos con sus tripulantes, extorsionan y matan personas, porque tiene hambre. Con ese pretexto cualquier grupo puede hacer lo mismo y no debería ser punible. Es insano aceptar esto como valido. Y lo que es peor aun acusar a un estado de defenderse como si fuera un crimen hacerlo, cuando el otro bando no es un estado y es reconocido internacionalmente como grupo terrorista.

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