A lo largo de las calles de Isfahan cuelgan enormes banderas de varios metros en negro y verde. Las emisoras que se escuchan en los taxis suenan alegres, pero a bajo volumen. En las calles hay largas procesiones de duelo, en las que los hombres, de manera muy teatral, se dan golpes de pecho o se azotan ellos mismos con pequeños látigos. Eso viene ocurriendo desde hace más de 1300 años, y este año no es diferente. Se ha iniciado en Irán el proceso de duelo nacional que durará 40 días.
El duelo por el imán Hussein - nieto del profeta Mahoma y asesinado brutalmente en una emboscada - es en realidad menos 'negro' de lo que sugiere esa palabra y color. Para muchos en Irán es la época de mostrar solidaridad repartiendo alimentos, bebidas y golosinas. Pero también es época de alegría, de flirteo y de diversión con los amigos. Es realmente fascinante, en el papel de extranjero, ver tan de cerca cómo se logra hacer de la necesidad toda una virtud. El mes nacional de duelo se convierte así en una temporada festiva.
Tristeza
Uno tiene que pararse continuamente a observar. Al ver a los hombres que marchan en las procesiones de duelo, dándose devotamente golpes de pecho al ritmo de los tambores, se siente uno de repente transportado al medioevo. El aire parece estremecerse y se siente la creciente tensión emanada de este teatro religioso. Un anciano se quita con el meñique una lágrima furtiva, al ver a su héroe ser tirado a la fuerza de su caballo por el Shemr, el verdugo vestido de rojo.
En las escenas de duelo por parte de las mujeres, se ve a oradoras recitando apasionadamente historias de valentía de su héroe. Hombres llorando en masa frente a las cámaras de la televisión estatal iraní; es algo verdaderamente impresionante de observar. El ambiente es de recogimiento y tiene algo de sobrenatural. ¿Se sentirán verdaderamente de duelo?
Doble agenda
No, no todo el mundo se siente de duelo, eso se aprecia al observar detenidamente a la muchedumbre. Por ejemplo a la gente joven, que mantiene en pie estos ritos por razones totalmente ajenas al duelo inicial. Los muchachos más jóvenes van a la cabeza de las procesiones portando estandartes con enormes banderas durante las horas de la noche, para poder quedar con los amigos en encontrarse más tarde y escapar a la vigilancia paterna. En la pausa, las banderas son mudos testigos de muchachos riendo que cuentan todo tipo de chistes, mientras algunos se dedican a retozar conjuntamente en fingidas peleas cuerpo a cuerpo, que dan la sensación de gran duelo.
Ashura prohibido para mujeres en Bagdad
Los musulmanes chiítas celebran la Ashura el décimo día del primer mes del calendario islámico. En Irak es un evento de gran importancia, principalmente en lugares donde se encuentran sepultadas personalidades sagradas de los chiítas, como en Najaf, Kerbala y el distrito de Kazimiya, en la zona occidental de Bagdad.
En este distrito, al menos 35 personas resultaron muertas el domingo, inclusive 16 peregrinos, cuando una mujer se hizo volar en el medio de la multitud. Debido a este ataque, las autoridades iraquíes prohibieron a las mujeres que el lunes y el martes accedieran al terreno donde se desarrollan los rituales correspondientes a la Ashura.
En Kerbala, a 60 kilómetros al sur de Bagdad, esta tradición alcanzará su clímax. Según las autoridades locales, alrededor de 1,5 millones de personas participarán en la conmemoración del asesinato del imán Hussein y de 72 miembros de su familia y seguidores, que ocurrió en ese lugar en el año 680 DC.
Pero muchos de los jóvenes más mayorcitos también van de 'duelo' con otras intenciones. Mientras los muchachos muestran su virilidad 'azotándose' con sus pequeños látigos, o muestran su dadivosidad repartiendo fervorosamente bebidas y dátiles a lo largo de la procesión, no olvidan tampoco de mostrar profusamente todos sus encantos para impresionar a las féminas que vitorean a la vera del camino. "Claro que en realidad no estamos de duelo, pero eso no hay que decirlo", me dice en voz baja un muchacho hijo de una familia amiga, al preguntarle sus verdaderas razones. Pero de repente me dice en tono aún más confidente: "El año pasado muchas chicas me llamaron por teléfono, sólo a pocos días de iniciado el muharram." ¿Pero cómo averiguaron su número? "Pues las chicas se reparten entre sí el número del celular de los chicos más apuestos!!" Por otra parte una muchacha mucho más fiel a la tradición me dice sonriendo al preguntarle: "¡Ésa es precisamente la razón por la que nunca voy a mirar la procesión!"
Violentas representaciones
No obstante, la celebración del Muharram también significa para los musulmanes "más devotos" una bienvenida distracción de las diarias preocupaciones. Los teatros religiosos ambulantes ofrecen con sus violentas representaciones de las batallas, un entretenido paseo semanal para toda la familia. Pero también los rowzes, las manifestaciones femeninas de duelo en las viviendas, tienen su razón de ser. Para muchas mujeres, esos rowzes significan la dorada oportunidad de dar rienda suelta a su tristeza y sus lágrimas, derramadas por el dolor que conlleva la vida. Pero entre lágrima y lamento hay espacio suficiente para pasarla bien y estar contentas. Las mujeres hablan a rienda suelta con sus amigas o simplemente van en grupos a cenar.
Durante muchas manifestaciones de duelo femenino, para una audiencia femenina, se reparten dátiles y toda clase de "limosnas". Y en continuación a las procesiones masculinas, hasta se sirven verdaderos banquetes. Esta forma de compartir la riqueza, llamada "nazr", es recompensada con indulgencias. Aunque también el prestigio juega aquí un importante papel. ¿Quién está en capacidad de dar de comer cada año a quinientas personas en una sola noche?
A pesar de lo fascinante, estas reuniones me resultan a menudo un poco largas. En una de mis 'huidas' en pos de amigos holandeses en Teherán, poco antes del clímax de la época de duelo, me he visto enfrentada a algo inesperado. A bordo del lujoso autobús que me lleva de Isfahán a Teherán, pusieron un CD con música fúnebre, de manera que los pasajeros no pudieran retraerse de la época de duelo que vivimos. Bueno, no todo el rato, ya que también se mostró una película estadounidense.
Ashura es el día en el que los islamitas conmemoran que hace unos 1300 años, el imán Hussein, nieto del profeta Mahoma, fue asesinado. Como los chiítas iraníes no acudieron en ayuda del Imán Hussein durante esa nefasta fecha, deben ahora celebrar un periodo de 40 días de duelo llamado "Muharram".





























Un hecho aberrante y el silencio complice. Sakineh Mohammadi Ashtiani aún no está a salvo, ya que todavía pueden aplicarle lo que en Irán llaman púdicamente "pena sustitutoria", es decir, la muerte por ahorcamiento, por ejemplo. Ahora bien, ¿qué crimen cometió Sakineh Mohammadi Ashtiani, una madre de familia de 43 años? ¿Qué imprescriptible falta la hizo merecedora, hace cuatro años, de 99 latigazos y, más tarde, de una condena que consiste en ser enterrada viva hasta el cuello para que una horda de machotes le destroce la cabeza a pedradas? Sí, ¿cuál fue ese crimen que pese a que, lo repito, la Embajada de Irán en Londres acabe de anunciar la anulación in extremis de la orden de lapidación, la retiene en el corredor de la muerte de la prisión de Tabriz a la espera de un castigo que, aunque aparentemente menos bárbaro, será igual de atroz? Su crimen, su único crimen, un crimen que, entre paréntesis, ella niega haber cometido, ese crimen que, en el momento en que escribo, y pese a que tres de los cinco jueces que se pronunciaron sobre el caso expresaron serias dudas sobre su culpabilidad, la abocan a una salvaje ejecución, no es otro que el de haber mantenido relaciones extramatrimoniales con un hombre varios años después de... ¡la muerte de su marido!
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