Se desconoce su situación y paradero. Este miércoles, el activista holando-iraní Abdullah al-Mansouri cumple cinco años en prisión. Las tensiones internas en Irán, y aquéllas entre Teherán y La Haya, han probablemente causado un empeoramiento de las condiciones en que viven Al-Mansouri y otros presos políticos holandeses en Irán.
El activista holando-iraní por los derechos humanos, Sadegh Nageshkar, teme que la contienda política entre el líder espiritual de Irán, el gran ayatolá Alí Jamenei, y el presidente Mahmud Ahmadinejad, tenga repercusiones negativas para los prisioneros políticos.
“Cuanto más se intensifique la lucha por el poder entre Jamenei y Ahmadinejad, mayor será la presión sobre los presos políticos”, comenta Nageshkar.
El papel de Holanda
Luego de la ejecución de la holando-iraní Zarah Bahrami, el Gobierno holandés prometió que la próxima vez intervendría más a tiempo. Sin embargo, el Gobierno aún no ha reaccionado frente a una moción para obligar a Irán a que permita asistencia consular para los prisioneros holando-iraníes. En el caso de Al-Mansouri, pesa el hecho de que en los últimos tiempos, Teherán ha actuado con mano dura contra los activistas de la mayoritariamente árabe región de Juzestán, de la que Al-Mansouri proviene. La semana pasada, cinco árabes de Juzestán fueron ahorcados en público, afirma Nageshkar.
Al-Mansouri (1946) es el líder de una organización militante que en Irán lucha por un Juzestán independiente. Luego de ser sentenciado a muerte en Irán, al-Mansouri huyó en 1988, refugiándose en Holanda. Vivió en la ciudad de Maastricht, y trabajó para el Partido Verde y Amnistía Internacional. Fue detenido el 11 de mayo de 2006 mientras se encontraba en la capital siria de Damasco, y pocos días más tarde sele extraditó a Irán. En 2009, la sentencia de muerte fue conmutada a 30 años de prisión, gracias en parte a la presión diplomática holandesa.Abdullah al-Mansouri
Además de Al-Mansouri, habría otros tres holando-iraníes detenidos en Irán. El régimen en Teherán prácticamente no proporciona información sobre los prisioneros, y el Ministerio holandés de Relaciones Exteriores se abstiene de dar cifras, para no perjudicar el desarrollo de la diplomacia silenciosa.
Nageshkar afirma que uno de los prisioneros de nacionalidad holandesa es un hombre llamado Said Shah Ghale, que está cumpliendo una larga sentencia de cárcel. Las últimas y pocas noticias de Ghale, quien se encuentra en la notoria prisión de Evin, datan de 2009.
Cristiano
Otro prisionero es el cristiano y holando-iraní Vahik Abrahamian, quien fue detenido el 4 de septiembre junto a su esposa y otras diez personas durante una ceremonia religiosa en su domicilio en Hamadán, 350 kilómetros al oeste de Teherán. Aún no se ha presentado una acusación oficial contra él, pero en la televisión se acusa al grupo de “intentar destruir la República Islámica de Irán”.
La semana pasada se dio a conocer que su esposa, Sonia Keshish Avanessian, y dos otras personas, habían sido puestas en libertad a fines de abril. El que tal no haya sido el caso de Abrahamian, podría en parte deberse a su nacionalidad holandesa, dice Kiri Kankhwende, portavoz de la organización Solidaridad Cristiana Internacional (CSW), que monitorea la situación de los cristianos presos en Irán.
Para la liberación de los tres prisioneros, las autoridades iraníes intentaron obtener 135.000 euros por persona. Según fuentes de la CSW, es posible que retengan a Abrahamian para sacar más dinero, aunque esto no se sabe con certeza. Diferentes partidos políticos en Holanda plantearon preguntas a la Cámara de Diputados sobre Abrahamian. El Gobierno informó que de momento no era mucho lo que podía hacer por el prisionero.
El caso Bahrami
Y además está la ejecución de la holando-iraní Zarah Bahrami el pasado enero, que tensó las relaciones entre La Haya y Teherán. Según la sección holandesa de Amnistía Internacional, estas tensiones deterioran la posición de Al-Mansouri y los otros presos políticos. “Hay que cuidarse de establecer un vínculo muy explícito entre el caso Bahrami y Al-Mansouri. Aún así, la situación entre Holanda e Irán no ha mejorado al tratarse de este tipo de prisioneros. Estamos preocupados por la suerte de Al-Mansouri, debido al largo tiempo que ha estado detenido, y a que no tenemos noticias de él desde septiembre”, comenta el portavoz de Amnistía, Ruud Bosgraaf.
Asistencia consular
Luego de la ejecución de Bahrami, el ministro holandés de Relaciones Exteriores, Uri Rosenthal, fue objeto de críticas en la Cámara de Diputados. El ministro prometió que en futuros casos como éste, actuaría con más rapidez. La Cámara aprobó una moción de los Verdes, para ver si Holanda puede recurrir a la Corte Internacional de Justicia en La Haya. La causa contra Teherán sería el negarse a permitir asistencia consular a los prisioneros holando-iraníes. El Gobierno aún no se ha pronunciado sobre esta moción.


























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