Una comisión de “verdad y reconciliación” comenzó sus trabajos en Sri Lanka esta semana para investigar las circunstancias respecto al fin de la tregua entre el gobierno y los rebeldes Tigres Tamiles en 2002.
Sin embargo, muchos observadores, especialmente de fuera de Sri Lanka, aseguran que hay cosas más importantes que investigar. Específicamente, lo que efectivamente ocurrió durante los últimos meses de la guerra en 2009. El presidente de Sri Lanka, Manida Rajapakse, es un firme opositor a dicha investigación.
El fin de la guerra con los tamiles en 2009 fue saludado como una importante victoria del gobierno de Sri Lanka, el que finalmente consiguió derrotar 25 años de insurgencia de separatistas rebeldes en el noreste del país. Pero el éxito del gobierno tenía un lado oscuro. Se presume que muchos civiles fueron ultimados en la etapa final de la guerra, y muchos otros fueron detenidos en campos de refugiados bajo condiciones extremas.
La ONU afirma que por lo menos 7.000 civiles tamiles fueron muertos en los últimos cuatro meses de combates, mientras grupos de derecha acusaban al gobierno de disparar deliberadamente contra civiles. En junio, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, formó un panel de tres miembros para que lo asesorara acerca de la autenticidad de esas acusaciones, pero el gobierno de Sri Lanka le negó toda cooperación. Incluso seguidores del presidente Rajapakse atacaron un edificio de la ONU en Colombo en protesta por la investigación.
Medida vacía
Charu Lata Hogg, miembro asociado del programa para Asía de la Chatham House, con sede en Londres, declaró a Radio Nederland que la comisión de verdad y reconciliación para la violación de la tregua de 2002 está comenzando a funcionar ahora que todo está tan concentrado justamente en el fin de la guerra en 2009.
“Esto ha sido tan criticado por ser algo superfluo. Ha sido calificada como una medida vacía para satisfacer a la comunidad tamil. No tiene ningún sentido”
Y la comunidad tamil dista mucho de estar satisfecha con la comisión. Lo que los tamiles quieren, dice Hogg, es una comisión totalmente independiente de los últimos días de la guerra. La única comisión independiente que está investigando el fin de la guerra, los tres miembros del comité de la ONU, no tienen ninguna ayuda del gobierno de Sri Lanka, sino, de hecho, la oposición de éste.
“Vemos una forma de obstruccionismo. La primera respuesta del gobierno de Sri Lanka fue negar la visa de entrada para los tres miembros de la comisión que formó la ONU. Pero el hecho es que muchos testigos de esa fase final de la guerra se hallan ahora en el extranjero y la investigación se puede hacer a la distancia, sin necesidad de entrar a Sri Lanka.”
Actitud desafiante
Se espera que el comité de la ONU publique sus conclusiones a fines de este año o comienzos del 2011. Europa y EE.UU. tienen una postura muy crítica respecto a Sri Lanka, criticando su accionar en temas de derechos humanos, y un informe negativo de Naciones Unidas podría dañar todavía más las relaciones. Sin embargo, dice Hogg, en los últimos años Colombo ha tomado medidas para apaciguar el impacto de esas críticas.
“En respuesta, Sri Lanka ha forzado alianzas con estados miembros de las Naciones Unidas –China y Rusia- y ha encontrado apoyo dentro del Consejo de Seguridad de la ONU. El caso es que, incluso si hubiera una presión internacional contra Sri Lanka y se deteriorara la relación entre Sri Lanka y el mundo occidental, Sri Lanka no estaría sola, porque ha encontrado amigos y aliados que la han apoyado tanto económica como políticamente dentro del sistema de la ONU, de modo que puede mantener una actitud desafiante ante el resto del mundo”
¿Reagrupación tamil?
Las posibilidades de una comisión nacional realmente independiente para investigar los últimos días de la guerra tamil son muy escasas. El presidente Rapajakse cuenta con un enorme apoyo y las propuestas reformas constitucionales significan que podría permanecer en el poder por los próximos diez años. Si se tiene en cuenta la actitud dura del gobierno de Sri Lanka frente a la comunidad tamil después del fin del conflicto en 2009, Hogg cree que esto podría acarrear más problemas en el futuro.
“Es la ‘diáspora’ la que está dispuesta a apoyar y financiar una militancia tamil en Sri Lanka una vez más. El colapso o la caída de los Tigres Tamiles no significa que el conflicto en Sri Lanka haya terminado. Fue el fin de la guerra pero no el final del conflicto.”





























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