Indígenas guaraníes de Brasil han exigido al gigante energético Shell que deje de utilizar sus territorios ancestrales para la producción de etanol.
Survival International/Hugo Copes
Shell se ha unido a la brasileña de etanol Cosan en una empresa conjunta llamada Raizen. Parte del etanol de Raizen, que se vende como biocombustible, se produce con caña de azúcar cultivada en el territorio ancestral de los guaraníes.
En una carta a ambas empresas, los indígenas advierten que “desde que la fábrica comenzó a operar, la salud de todos nosotros se ha deteriorado: la de niños, adultos y animales”.
Se piensa que los productos químicos que se usan en las plantaciones de caña de azúcar están causando diarrea aguda a los niños guaraníes, y matando peces y plantas.
“Ya no podemos encontrar muchas de las medicinas que solían crecer en la selva… las plantas han muerto a causa del veneno”, afirman los habitantes de esta región.
El actual boom que vive la producción de caña de azúcar está hacinando a los guaraníes en diminutas parcelas de tierra. “Los agricultores nunca nos han pedido permiso ni nos han consultado antes de empezar a plantar en nuestra tierra”. Muchos guaraníes viven en condiciones lamentables en reservas superpobladas o acampados en las cunetas de carreteras.
Decenas de guaraníes han sido asesinados cuando trataban de reocupar sus tierras ancestrales, y muchos otros han sido víctimas de la violencia. Los guaraníes de Pueblito Kuê han sido los últimos en ser atacados, después de que reocuparan su tierra a comienzos de agosto.
El fracaso del Gobierno brasileño a la hora de cumplir sus propias leyes y demarcar y proteger el territorio guaraní para uso exclusivo de la población originaria, ha provocado que la tierra sea vulnerable de ser explotada por las plantaciones de caña de azúcar.


























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