Guillermo López es uno de los magistrados hondureños que permanece en huelga de hambre. La protesta tiene que ver con la injustificada destitución de jueces y con la resistencia al golpe de Estado.
Hasta el momento en el que se dio la noticia que cinco magistrados de la Corte Suprema de Justicia hondureña habían iniciado una huelga de hambre a las afueras del edificio del Congreso, la comunidad internacional desconocía que existían voces al interior de la más alta magistratura judicial de ese país que mantenían su rechazo al golpe de Estado del 28 de junio. El destituido magistrado Guillermo López, en conversación con RNW, atribuye esta situación al cerco mediático del que sigue siendo víctima Honduras.
Con la huelga, los jueces, además de dejar clara su rechazo a la ruptura institucional que se vive en el país centroamericano, quieren reivindicar el trabajo silencioso, pero responsable, que han venido haciendo en la protección de los derechos fundamentales desde el golpe de Estado hasta la actualidad.
Jueces piden justicia
Lo paradójico de toda esta situación es que quienes deberían estar aplicando justicia, se ven obligados a mantener una huelga de hambre para exigir precisamente eso, justicia. “Nosotros enmarcamos la huelga de hambre en ese contexto político, porque estimamos que hay una profunda crisis institucional en el sistema de justicia, debido a que el Ministerio Público, que es el encargado de la acusación penal, no realiza las investigaciones, ni ejerce la persecución en contra de todos los violadores de los derechos humanos,” aseguró Guillermo López.
Para el magistrado, la persecución contra él y los otros jueces destituidos obedece no sólo a su postura ante lo sucedido en Honduras a partir del 28 de junio del año pasado. Guarda también relación con el trabajo que venían realizando desde antes del golpe de Estado a través de la organización Jueces por la Democracia. “Efectivamente,” señala, “la Corte Suprema quiere eliminar la oposición interna; esa reserva de jueces que expresan desde el punto de vista moral y de la dignidad, su inconformidad con propuestas que no respetan la libertad de expresión, ni de reunión, ni de asociación”.
Pese a que es consciente de que la crisis institucional es muy profunda y de la cual será difícil salir, Guillermo López cree que la sociedad hondureña debe echar mano de la solidaridad internacional para no perder la esperanza de alcanzar una salida a esta profunda crisis política en Honduras.





























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