Todos los ingredientes están dados para que Honduras sucumba ante posiciones irreconciliables. El presidente facto hondureño, Roberto Micheletti, ha sabido capitalizar el pacto firmado hace una semana con los ‘zelayistas’.
El acuerdo debió abrir las puertas para una salida consensuada y poner final a la larga saga en la que se ha transformado la crisis hondureña, originada en el golpe militar con el que se destituyó a Manuel Zelaya.
Escuche la entrevista con Iván Briscoe:
Los acontecimientos de las últimas horas dejan claro lo que podrá suceder en los próximos días: el desgaste de un Presidente depuesto que exige su retorno, un presidente de facto que se aferra a la letra chica de un pacto ideado por Washington y que se estrella, para conveniencia de Micheletti, en la muralla burocrática hondureña; unas elecciones presidenciales que, con su resultado, amenazan la unidad de los hondureños, y una comunidad internacional encarnada en la OEA, que deberá volver a maniobrar, por enésima vez, para salvar del naufragio los esfuerzos negociadores emprendidos.
Minutos atrás, Jorge Arturio Reina, miembro de la Comisión de Verificación en representación del depuesto presidente Manuel Zelaya, aseguraba que "fracasó el acuerdo con el que se buscaba una solución pacífica de la crisis de Honduras, por culpa del Gobierno de facto de Roberto Micheletti. Fracasó el acuerdo por culpa de Micheletti (...) vencido el plazo y no convocar al Congreso Nacional para la restitución de Zelaya".
"Prácticamente, hemos decidido no continuar con este teatro del señor Micheletti," sentenció Zelaya, minutos después de la comparecencia de Reina.
El Acuerdo Tegucigalpa/San José Diálogo de Guaymuras contempla la formación de un Gobierno de unión y reconciliación nacional, y deja en manos del Congreso Nacional la restitución de Zelaya en la Presidencia, de la que despojado el 28 de junio por un golpe militar.
Según el acuerdo, el Congreso debe decidir sobre la restitución de Zelaya, pero no tiene plazo para hacerlo.
Unidad Nacional
Al filo de la medianoche de este jueves, Micheletti daba a conocer la disolución del Gobierno de facto y la instalación de un Gobierno de unidad nacional.
Pero este Gobierno de unidad nacional solamente cuenta con personalidades favorables a Micheletti. Llegado el momento, Manuel Zelaya no aceptó presentar sus candidatos para este Gobierno, indignado por el hecho de no ser primero restituido en su cargo, como Presidente legítimo de Honduras.
Micheletti se encuentra en una posición cómoda: se amuralla en las barricadas de un acuerdo que le favorece y que aplica al ritmo de la burocracia hondureña: el Congreso retrasa su pronunciamiento, la Corte apenas sesiona y las elecciones presidenciales se aproximan.
Zelaya adquiere ahora un aura de personaje castigado, enfurecido porque no se le restituye. Los medios empiezan a dibujarlo como necio en su convencimiento que un día será instalado nuevamente en la Presidencia de Honduras.
Por otra parte, empieza a circular la información, hasta ahora silenciada por las autoridades de facto, de explosiones en distintos sectores de la capital hondureña.
Solo ayer se registró una serie de atentados con bombas contra la radio HRN, la comunidad de La Virtud, en el oeste del país, y hacia la media noche en el edificio de una compañía de seguros en el nordeste de Tegucigalpa.
No es la primera vez. La prensa hondureña empieza a informar casi a diario sobre estos hechos. Son señales importantes del grado de polarización que se ha alcanzado en Honduras.





























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