Caídos por Después de sesenta años, Alemania dedica por primera vez, una exposición completa al hecho más traumático de su historia: el exterminio del pueblo judío bajo el nacionalsocialismo. Al cumplirse los sesenta años del llamado protocolo de Wannsee, los alemanes intentan otra vez, saber lo que pasó en su historia.
Sergio Correa
En una noche de febrero de 1942 una docena de altos oficiales del ejército nazi se reunieron en una villa ubicada a orillas del lago Wannsee en Berlín. Varios años en los que los judíos sufrieron la represión a través del cierre de sus comercios, su erradicación de la vida pública y luego su confinación en guetos parecían aún insuficientes a los nazis. Para sacar de su existencia a ese pueblo que parecía encarnar todo el mal representable no era suficiente eliminarlos, por decir así, de su campo visual. Después de algunas breves discusiones los generales llegaron a una conclusión, sacaron una botella de coñac y puros y brindaron por la resolución. El llamado protocolo de Wannsee, que esos generales pactaron en la noche del 20 de febrero de 1942, acordó, con un lenguaje siniestramente burocrático, el exterminio de los judíos de Europa.
Sesenta años necesitó Alemania para intentar explicar con fotos lo que no se puede explicar con palabras: el país de los poetas y pensadores creó en esa noche de febrero la más brutal y anónima máquina de aniquilación que haya conocido la historia. La exposición sobre el Holocausto en el Museo Histórico Alemán en Berlín, es la primera muestra completa sobre el exterminio de los judíos por los nazis, que recorre las incipientes muestras de antisemitismo organizado después de la primera guerra mundial hasta la manera en que los alemanes de hoy intentan luchar con el recuerdo del holocausto. Para el encargado y creador de la exposición, el Dr. Burkhard Assmus ésta historia tiene un inicio anterior al protocolo de Wannsee.
Con relación al asunto, el Sr. Assmus afirmó: "Para nosotros la historia del holocausto comenzó propiamente con el inicio de la segunda guerra mundial, el 11 de septiembre de 1939. Anterior es la persecución de los judíos en la Polonia ocupada. Con el ataque a la Unión Soviética se radicalizó el programa de exterminio, con el fusilamiento de judíos por parte de comandos de las SS apoyados por el ejército; la segunda parte resulta posteriormente, la conferencia de Wannsee, donde se decide el exterminio sistemático de los judíos residentes en Europa".
Justamente una de las características del holocausto es su carácter sistemático, casi industrial. En la exposición puede verse un enorme modelo a escala de la cámara Número 2 del campo de concentración de Auschwitz. Como en una especie de siniestra fábrica de la muerte, se ve la entrada de los judíos a las cámaras, su paso por los distintos sectores donde son despojados de sus ropas y se les corta el pelo, los depósitos donde esos objetos volverán a ser utilizados para otros fines, la cámara de gas donde morirán y luego su salida, donde los soldados les arrancan amalgamas y dientes de oro para luego llevar los cadáveres a un crematorio donde serán incinerados.
Pero la exposición quiere especialmente dedicarse a los destinos individuales de las víctimas y así expone los destinos de distintas familias judías y su esfuerzo por mantener algo de su vida en el infierno de los campos de concentración, como narró Horacio Berra, politólogo y visitante de la exposición.
"Los libros, los diarios de las personas que fueron recuperados, incluso un oso de peluche que una niña escondió en algún gueto de Polonia, los uniformes y todas estas cosas que hacen que más allá de la información que se presenta en los carteles, sumada a lo que se ve, me parece que las imágenes y los objetos que se presentan, dan una idea mucho más humana de los que sucedió".
Muchas pequeñas historias aparecen documentadas en la exposición, donde puede seguirse, paso a paso, la progresiva exclusión de algunas familias de judíos de la vida social alemana, su creciente denigración y su exterminio final. Pero también aparecen en la exposición otros signos sutiles pero significativos del espíritu del nazismo, como un cartel de la oficina de política racial de 1937 que muestra a un enfermo psiquiátrico y dice: este enfermo mental crónico cuesta al estado 60 mil marcos anuales. ¡Compatriota, ese es también tu dinero!".
Pero para los alemanes de hoy el tema más difícil es buscar la conexión entre el horror del Holocausto y su propia historia e identidad, como comentó Berra.
Me parece que el hecho de que hayan manejado desde la cultura de Weimar hasta lo que después hace Alemania con esta carga es lo más rescatable; es también muy impresionante que aparezcan los utensilios de medición del cráneo que utilizaba la SS, que aparezca una serie de burocracia alrededor que hace que uno que tenga la plena convicción que no era sólo el estado el que participaba, sino también una gran parte o la mayoría de la sociedad".
La culpa por el Holocausto es seguramente el tema más difícil de manejar para Alemania. La exposición muestra también una serie de debates contemporáneos sobre este tema. Sin embargo, poco o nada se puede ver de la continuidad o la persistencia de una tradición que forzosamente debe estar detrás del Holocausto. Sesenta años en la historia de un pueblo es muy poco, y pocos observadores parecen creer que la vía que llevó a los alemanes a apoyar directa o indirectamente las atrocidades que se cometieron en el nazismo, puedan extirparse sin más en pocos años, como una especie de extremidad mal desarrollada en un cuerpo sano".



























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