Les guste o no a los holandeses, la política sobre drogas es una de sus atracciones turísticas.
En Holanda se “tolera” la venta de marihuana y hachís en los coffeeshops, aun cuando oficialmente sea ilegal. Sin embargo, esta política de tolerancia está en discusión, dado que probablemente el consumo exagerado de drogas blandas sea más nocivo de lo supuesto. En una clínica para drogadictos de La Haya, los jóvenes internos rechazan de plano la idea de que “las drogas blandas no causan adicción”.
En Holanda a partir de los 18 años se puede comprar una pequeña cantidad de droga blanda, así como cultivar un par de plantas de marihuana en casa. Hace poco, un canal de televisión estadounidense, el conservador Fox, señaló a Holanda con dedo acusador.
Según Fox, Amsterdam es la Sodoma y Gomorra del mundo moderno, y sus habitantes vagan por las calles permanentemente drogados. El sentido común y las estadísticas niegan esta imagen apocalíptica. Según la prestigiosa oficina de investigación Trimbos, gracias a su política de tolerancia Holanda tiene menos adictos que la mayoría de los países occidentales.
Jóvenes adictos
En la clínica para drogadictos Brijder, en La Haya, poco importa que los adictos sean menos que en otros lugares.
La terapeuta Sandra Beltjens nos muestra las instalaciones. “Ésta es la sección detox”, dice, donde jóvenes entre 12 y 21 años se desintoxican durante los primeros meses de tratamiento. “Los jóvenes que llegan son adictos al alcohol, cocaína, anfetaminas y sobre todo a la marihuana y el hachís. El sauna es uno de los tratamientos centrales. Aquí exudan todo lo malo que traen en el cuerpo”, dice Beltjens. Además hacen deporte y conversan. La idea es que estos jóvenes vuelvan a ser personas sociables.
Temblando como una hoja
La terapeuta nos dice que entre el 80 y el 90 por ciento de los jóvenes internados en la clínica son adictos a las drogas blandas. “La creencia de que estas drogas no son adictivas es un malentendido. Aquí llegan niños que tiemblan como una hoja porque todavía no se han fumado el porro mañanero. Antes era habitual compartir un porro entre varios, ahora cada uno tiene el suyo. Por lo mismo la inhalación de THC, el componente que causa el efecto deseado, es muchísimo mayor y esto desemboca en adicción y dependencia”, explica Beltjens. Un dato que muestra que estamos ante un problema grave es que la lista de espera para ingresar a la clínica es cada vez más larga.
Cuando el porro deja de ser agradable
Alex, de 18 años, sabe de lo que está hablando la terapeuta. Comenzó a fumar porros a los 13 años. Lo molestaban en la escuela, no tenía amigos y con la droga se sentía bien, relajado, pero lentamente las cosas comenzaron a salir mal.
“Llegó el momento en que nada era agradable si no estaba volado. ¿Un programa de tele que siempre me gustó? Si no me había fumado un porro, me aburría. Lo mismo comenzó a pasar con mis juegos de computadora: faltando la droga no tenían ningún atractivo. Sin darte cuenta llegas al punto de la adicción total. Si puedes fumarte un porro después de la escuela o el trabajo, y pasada una hora estás listo para hacer cualquier cosa, muy bien. Para mí eso era imposible”.
Lo que pasó con Alex no es lo más habitual. La mayoría de los adolescentes experimentan con alcohol o drogas y pasan sin problemas por esa etapa, dice la terapeuta. Las cosas se facilitan si hay diálogo y los padres pueden preguntar al menor qué le pareció la experiencia, si la compartió con amigos, dónde consiguió la droga, si le gustaría seguir fumando. Según la terapeuta este tipo de conversación puede ser muy apreciada por el menor y refuerza su unión con los padres. La táctica del avestruz y negar el diálogo sólo favorecen la adicción, sostiene Sandra Beltjens.
Política de tolerancia
La terapeuta prefiere no hablar de política, pero Alex, de acuerdo a su experiencia, tiene una idea muy clara sobre la política holandesa de tolerancia:
“Por ley no se puede cultivar marihuana a gran escala, pero los coffeeshops consiguen grandes cantidades por la puerta trasera. Es ridículo. Por otra parte la prohibición sería inútil porque se entraría en la ilegalidad, sería mucho peor. Me gustaría que para las drogas blandas hubiera una política parecida a la del alcohol. Se puede comprar aquí o allá, proviene del cultivo estatal equis, su calidad y potencia es tal, etc. Una ley sin ambigüedades, clara, como la del alcohol”.
Quizás la situación se aclare un poco el próximo mes, cuando un juez dicte sentencia en un caso abierto por el Estado holandés contra el coffeeshop más grande del país. Este negocio ya fue cerrado, pero se acusa a su propietario de haber mantenido contacto con criminales y de haber vendido cantidades excesivas de drogas.
Una sentencia judicial dura podría entenderse como un golpe a la política holandesa de tolerancia de las drogas blandas.





























Muy buen reportaje que bueno que las autoridades holandesas estan pensando en hacer prohibitivo el uso de loas drogas blandas
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