La novela publicada por entregas en un periódico sobre el inmigrante Driss ha cosechado un éxito inusitado en Holanda. Hace poco se reveló que su autoría se debe a dos jóvenes escritores de origen marroquí que empezaron la narración convencidos de que la historia de sus padres merecía ser contada.
El libro presenta al inmigrante marroquí Driss Tafersiti, llegado en 1971 a trabajar en las pescaderías del puerto de la localidad de IJmuiden, en el norte del país. En él se recopilan sus aventuras regadas de cerveza, vividas junto a Kemal y Mustafá, un turco y un marroquí con quienes comparte casa.
Driss aprende a hablar holandés con una amable señora judía, se enamora de Jolanda, una chica holandesa con la que se casa y comienza a escribir sus memorias cuando ya ha pasado la cincuentena.
Las historias publicadas desde el año pasado en la última página del vespertino holandés NRC Handelsblad han cautivado el corazón de una gran cantidad de lectores. A comienzos de este año la historia fue elegida como el mejor relato publicado en este diario durante el año 2009. Driss Tafersiti, un inmigrante abierto a su nuevo entorno, contempla todo lo que le rodea con una mirada ingenua y libre de prejuicios. El marroquí describe sus vivencias con una sana cuota de humor y encanto, dos elementos que han faltado en la convivencia entre los holandeses de religión musulmanes y los que no profesan esa religión.
Seudónimo
El relato sobre el trabajador inmigrante acaba de ser publicado como novela y se encuentra desde junio a la venta en las librerías con el título de Yo, Driss, una autobiografía. Con ocasión del lanzamiento del libro se reveló la verdadera identidad de sus autores Asis Aynan y Asan Bahara, una dupla conformada por dos jóvenes escritores holandeses de origen marroquí que plasmaron en la novela los relatos oídos a sus padres y tíos, como reveló Asis Aynan en una entrevista con Radio Nederland.
¿Qué los llevó a escribir los relatos de Driss el inmigrante?
Si nos remontamos a la primera generación de obreros inmigrantes vemos a estos hombres abatidos que arrastran los pies en nuestro escenario holandés, hombres que caminan encorvados y cabizbajos. Pero estos hombrecitos alguna vez fueron jóvenes dispuestos a la aventura, llenos de energía, sueños y coraje. Hacen falta agallas para irse a vivir a tres mil kilómetros de todo lo tuyo, a un país con costumbres diferentes, un idioma diferente, y como si eso fuera poco, bajo el nivel del mar. Lo que nos conmovió es que hasta ahora nadie hubiera contado sus historias. Por eso nos inventamos un personaje que les diera voz a todas esas vivencias. Sin ir más lejos, Driss Tafersiti es el nombre de un personaje de la novela El Café de la Playa, del escritor analfabeto marroquí Mohammed Mrabet.
¿Nadie sospechó de ustedes?
No, la novela una vez escrita parecía tan convincente que nadie quiso indagar sobre el autor. La gente parecía dispuesta a creer que era cierto. Muchos lectores se habrán dicho: así debe ser, después de todo, ¿a cuántos obreros inmigrantes conozco? Por lo demás hemos sido rigurosos en cuanto a fidelidad histórica se refiere, todo calza al dedillo, desde la música de la época, los oficios, el sistema escolar y el tren que iba a IJmuiden hasta los números de los autobuses en los que iban a trabajar.
El relato tiene un final feliz. Driss tiene una actitud abierta hacia lo holandés, aprende el idioma, sigue un curso de formación, se casa con una chica holandesa. Es justo lo que no sucede con frecuencia en la vida real. ¿Por qué eligieron este giro positivo en su historia?
El así llamado debate crítico holandés sobre la convivencia multicultural está completamente empantanado. Con un ambiente así de enrarecido, quisimos ir en contra del espíritu de la época, con un libro que dejara una sensación agradable, algo diferente, para no contribuir a enrarecer esa convivencia.
Con todo el respeto a los encantos de Driss, ¿no temen caer en una especie de canción de cuna para la burguesía acomodada del tipo “duerme tranquilo, que todo está bien”?
¿Y qué hay de malo en ello? Hemos arruinado hasta tal punto el debate multicultural que difícilmente saldremos del atasco en esta generación. Mejor nos concentramos en los aspectos positivos. Poder dormirse un ratito puede ser una buena idea para alguna gente.





























En esta ficción de Driss el inmigrante,que no he tenido oportunidad de leer,pero por el comentario hecho por los escritores,hay algo muy importante no seguir empantanando las relaciones actuales referentes,a los choques culturales motivado por las diferencias religiosas.Creo yo que estas permaneceran hasta el fín de nuestras existencias
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