Holanda no cuida bien a sus ilegales cuando están enfermos. Así lo afirma la organización Médicos del Mundo, que se ocupa de la salud de los inmigrantes sin papeles. ¿Qué sucede en el sector holandés de la salud, que hace muy poco fue elegido como el más humanitario de toda Europa?
Una de tres personas en situación ilegal dice haber sido rechazada en un hospital o por un médico de cabecera, y más de la mitad no pide ayuda médica aun cuando la necesite. Estos datos se desprenden de un cuestionario respondido por 110 personas que viven en el país sin permiso de residencia.
En Holanda viven entre 75 y 185 mil personas sin permiso de residencia. La mayoría viene de fuera de Europa. Desde 1979, los ilegales en Holanda no pueden obtener un seguro médico. Cuando necesitan ser atendidos se les recomienda que acudan a los servicios de salud regulares, donde a la vez se les exige su registro de seguro.
Pago por adelantado
Margreet Kroesen, coordinadora de Médicos del Mundo en Amsterdam, media entre los ilegales y las instancias de salud.
“Para los ilegales en Holanda es muy difícil conseguir atención médica. Holanda registra un número relativamente alto de rechazos, no tanto entre los médicos de cabecera como en los hospitales, donde los costos de atención son altos”, dice Kroesen. “A menudo en el mesón de recepción de un hospital se les exige el pago por adelantado, aun cuando tengan una orden del médico de cabecera. En su mayoría no tienen el dinero porque no pueden trabajar y el resultado es que se van enfermos de vuelta a casa”.
Fondo especial
Desde comienzos de 2009 existe un fondo estatal especial para cubrir los gastos de salud de los ilegales. Una cantidad de hospitales puede declarar a este fondo los gastos de atención a una persona ilegal. Así dicho, parece muy bien organizado.
Incluso los hospitales que no tienen acceso al fondo, en casos de extrema necesidad pueden hacer un poco la vista gorda. Por ejemplo el hospital Lucas Andreas de Amsterdam. Fee Willenborg es jefa del departamento de primeros auxilios.
“Cuando se requieren primeros auxilios o se trata de un parto ofrecemos ayuda de inmediato, eso en Holanda es obligatorio. Cuando no hay urgencia derivamos al paciente a un hospital que pueda declarar los gastos al fondo” explica Willenborg. “A las personas que llegan de urgencia les solicitamos un pago de 250 euros, pero si no tienen el dinero también reciben atención: con dinero o sin él.
Dureza
En las instancias de salud parece todo bien organizado, pero en la práctica se dan situaciones mucho menos gratas. En una organización de apoyo a los ilegales se reciben a menudo quejas de personas que son tratadas con dureza, incluso en primeros auxilios, donde los hospitales están obligados por ley a prestar ayuda.
“Hace un tiempo se presentó a primeros auxilios una niña con una pierna fracturada”, relata Rianne Ederveen, de la organización de apoyo, “y el personal exigió que se pagara el tratamiento por adelantado, de otra manera la niña no sería atendida. El hospital no quiso ceder y amenazó con devolver a la pequeña con la piedra fracturada a su casa. Finalmente, una persona que fue testigo del accidente adelantó el dinero y sólo entonces la atendieron”.
Otro problema es que los ilegales no siempre se atreven a ir al médico. Por vergüenza o por miedo a ser devueltos a su país de origen.
Margreet Kroesen dice que los ilegales acuden al médico mucho más tarde que un holandés medio. “No conocen sus derechos, a menudo son personas traumatizadas, les da vergüenza no contar con el dinero para pagar, temen ser denunciados, desconocen el deber de secreto profesional de los médicos. Su preocupación es sobrevivir y sólo van al médico cuando sus problemas se han agravado mucho”.
En la sala de espera de Médicos del Mundo, una joven turca muestra una cantidad de formularios de pago.
“Tengo 27 años y vengo de Turquía. Vivo en Holanda hace siete años. Mi hijito enfermó de cáncer y después de muchos trámites fue operado. Ahora tengo que pagar las cuentas que llegan a 33 mil euros. No tengo dinero, ni trabajo, realmente no sé qué puedo hacer”.
El muy apreciado sistema holandés de asistencia médica no es, por tanto, un refugio para aquellos que carecen de papeles. El personal de salud no parece estar siempre al tanto de las reglas para los inmigrantes. A veces se producen duras negociaciones con los ilegales enfermos, que no siempre tienen la fortaleza necesaria para exigir sus derechos. Y lo cierto es que no hay por ahora una solución a la vista.





























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