Los Países Bajos constituyen, sin duda alguna, una sociedad multicultural, y los inmigrantes que, a través de los siglos, llegaron para radicarse en este país se han integrado en gran medida.
Ejemplos de esa integración son los judíos portugueses del siglo XV y los inmigrantes europeo-indonesios que llegaron tras la Segunda Guerra Mundial. Aprendieron la lengua y las costumbres holandesas y se las transmitieron a sus hijos, y no sólo se transformaron ellos mismos sino que influyeron en toda la sociedad, en el lenguaje, la cocina y muchos otros aspectos de la cultura holandesa. Un proceso de transformación que, en su transcurso, pasó casi desapercibido.
Hoy en día las cosas han cambiado. Este proceso de adaptación a la sociedad holandesa es objeto de minucioso estudio por investigadores científicos, políticos y periodistas que lo observan continuamente y posteriormente comentan el tema de la integración. Algunos describen una imagen negativa del inmigrante actual, y aseguran que prefiere el ‘burka’ al vaquero, el “cous-cous” al repollo con patatas, que es incapaz o reacio a la hora de aprender el holandés, absorbiendo poco de la cultura holandesa y ofreciendo escasa retribución.
Naturalmente, se trata de una visión estrecha, aunque es evidente que las diferencias entre la cultura holandesa y la del inmigrante son una fuente de conflicto. La integración puede ser un proceso doloroso y muy lento. A medida que transcurre, Radio Nederland Wereldomroep explora algunos de los problemas detectados y las soluciones ofrecidas en el camino a la integración.
Guardia urbano
En la Nochevieja se produjeron enfrentamientos entre jóvenes marroquíes y moluqueños residentes en la localidad de Culemborg. Desde entonces, el municipio está buscando una estrategia para vigilar más de cerca los conflictos. Culemborg podría quizá aprender algo del barrio Overtoomse Veld en Ámsterdam, que es tristemente famoso por sus continuos disturbios, pero cuya situación ha mejorado en los últimos seis años.
Según la policía, esto se debe en parte a los llamados guardias urbanos o de barrio, que son agentes de policía de diversa extracción cultural actúan como intermediarios para mantener vivo el contacto entre los jóvenes, los mayores y los asistentes sociales.
Mustapha Rahali
El guardia urbano Mustapha Rahali asegura que no tiene problemas de comunicación y a veces obrar de forma bastante directa. “Simplemente toco el timbre y, cuando la gente abre la puerta, les explico que soy el nuevo “agente de barrio, y vengo a presentarme. La gente sabe que soy un brazo del Gobierno, lo ven porque llevo uniforme. Pero por otro lado, también observan que haces el esfuerzo de llegar a ellos y hablarles en su propia lengua. Eso lo valoran mucho y sólo así te ganas la confianza.”
El agente Mustapha Rahali cuenta que antes existía una mala relación entre la juventud y la policía en este barrio mayoritariamente marroquí. A finales de los noventa, Overtoomse Veld era escenario de numerosos conflictos. Había una alta delincuencia juvenil, asaltos violentos e incluso se llegaba a veces a los enfrentamientos. La desconfianza hacia la policía era muy grande. Y la policía no lograba comprender lo que sucedía en el barrio porque no tenía muchos agentes que hablaran el árabe o conocieran la cultura marroquí. El momento era propicio para que directores de barrio como Mustapha Rahali tomaran contacto con los vecinos.
Mustapha llama a la puerta y Mohamed Malouch le abre con una amplia sonrisa. Bromeando, Mohamed pretende negarle la entrada al guardia de barrio Mustapha, pero luego se saludan con un cálido abrazo. Es evidente que los dos hombres son buenos conocidos. A juicio del anfitrión, la situación ha mejorado mucho, aunque no se ha solucionado completamente.
¿Cómo se siente al trabajar para el Estado, frente a personas que tienen tu mismo origen marroquí?, preguntamos al guardia Mustapha, a lo que responde que es esencial crear equilibrio entre la represión y la tolerancia. “Exclusivamente con represión no se consigue nada. Cuando multo a alguien, lo hago porque, como funcionario del Estado, mi deber es hacer respetar la ley, y eso es algo que la gente comprende perfectamente,” señala.
Pese a los esfuerzos de la policía en Amsterdam para incorporar más personas de origen extranjero en sus filas, la proporción sigue siendo todavía apenas del doce por ciento. Lo cual es irónico en razón de la diversidad de la sociedad cuyo orden debe mantener la policía. Como marroquí, Mustapha también tuvo que superar un obstáculo adicional para entrar a trabajar para la policía.
“Venimos de un país cuyo Gobierno trata a los ciudadanos de manera muy diferente,” comenta, “y por eso, convencer a mis padres de que en Holanda era distinto, de que vivimos en una democracia, y de que la policía aquí no está en contra de la gente sino que la realmente la protege significó superar un gran umbral y no fue nada fácil.”





























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