Por primera vez en largo tiempo, Turquía busca un acercamiento con Armenia. El pueblo armenio, de fe cristiana, y la musulmana Turquía, comparten una historia conflictiva.
El aspecto más delicado es la negativa del Gobierno turco a reconocer como homicidio la masacre de centenares de miles de armenios durante la Primera Guerra Mundial. ¿Cuán plausible es una verdadera reconciliación?
Tres ciudadanos armenios y uno turco, todos ellos también holandeses, se reunieron en La Haya para tratar esta cuestión.
Araik, de 27 años, pasó su infancia en la capital armenia de Ereván: “desde mi más temprana edad he oído historias sobre el genocidio. Íbamos todos los años al acto conmemorativo. Debido a esos relatos, creía que en Turquía todo el mundo portaba sables y espadas.”
Arpa Telimi, de 28 años, coincide con este comentario, aunque creciera en la localidad holandesa de Spijkennise. “Ya de pequeño me inundaron con historias y fotografías de la masacre, también nosotros participábamos todos los años del acto conmemorativo. Los holandeses pensaban que yo era turco. Al protestar me respondían: “pero bueno, es más o menos lo mismo, ¿no?”. Me parecía horrible.”
Crucifijo
Con sus bucles pelirrojos y su tez blanca, Asena Kibrit, de 27 años, no hace pensar en un armenio. “Me crié en Estambul, fui a una escuela armenia, vivía en un mundillo armenio dentro de Turquía”. A pesar de que Asena tenía amigos turcos y hablaba su idioma, sentía que no podía ser ella misma: “Intentábamos pasar desapercibidos. Llevaba mi crucifijo debajo de la blusa, y ni pensábamos en conmemorar el genocidio de los armenios.”
El turco Melek Karasu, de 32 años, no presenta ninguna diferencia racial respecto a Araik y Arpa; ellos mismos tampoco ven disimilitud alguna. “Los armenios eran deshonestos y se llevaron nuestras riquezas; Tales cosas nos decían.” Melek jamás escuchó algo de la masacre. “No fue sino hasta mi llegada a Holanda que me he enterado. Aún más, hoy es la primera vez que me siento a la mesa con armenios.”
Comisaría
Tampoco Asena había escuchado nada antes de llegar a Holanda sobre las masacres y las tensiones entre armenios y turcos. Este conocimiento no la ha llevado a enardecer su identidad armenia. “Como he crecido rodeada de turcos, me he tornado pragmática. Por supuesto que las realidades son muy diferentes. Si aquí grito por las calles “que viva Armenia”, la gente pensará como mucho que estoy chiflada. Sin embargo en Turquía, a los dos minutos ya me habrían llevado a la comisaría.”
Viviendo en Spijkenisse, Arpa vio crecer su nacionalismo armenio sin mayores obstáculos. “De niño pensaba más tarde dedicarme a la preservación de las tradiciones armenias. Justamente porque dos tercios de nuestro pueblo fue eliminado, teníamos que asumir esta responsabilidad.” Araik coincide con Arpa: “No importa donde se esté. Si uno se respeta como armenio, tiene que asumir este deber”.
Gran mentira
Araik: “Aquí en Holanda entré por primera vez en contacto con turcos. Tengo amigos de esta nacionalidad, pero no me pongo a hablar con ellos sobre la cuestión armenia, es simplemente imposible.” Cuando Arpa inició sus estudios secundarios en Rótterdam, se encontró rodeado de compañeros turcos. “Al principio tenía miedo de decir que era armenio, pero las cosas salieron mejor de lo que pensaba. Sólo algunos compañeros afirmaban que el genocidio era una gran mentira, pero sí podíamos hablar del tema.”
“Lo que realmente no comprendo”, dice Asena a Melek, “es que hay turcos que crecieron en Holanda, no saben nada de historia, van tres semanas de vacaciones a Turquía a visitar a la abuela en el pueblo, y son justamente los más fervientes enemigos de los armenios.”
“Creo que esto depende de que en Holanda, las diferencias se acentúan más”, opina Melek. “Aquí la gente cae más fácilmente en una crisis de identidad, y el sentimiento de grupo se torna más fuerte”.
“Es algo tan arraigado en nosotros”, concluye Asena un tanto desmoralizada. “Tengo muchos amigos turcos, pero siempre hay algo presente que no se puede explicar en palabras.”
Sin rencor
“No creo que ocurra, pero si este acercamiento entre turcos y armenios lleva a un reconocimiento, eso...sería muy bueno”, dice Araik un tanto emocionado. “Los turcos no tendrán que seguir avergonzándose, y los armenios dejarán de guardar rencor. La vida sería muy diferente para las futuras generaciones.”
Arpa: “Sería tan bueno si nos libráramos de todos los prejuicios.”
Así finaliza la charla, todos entregados a sus cavilaciones. Sin embargo, ninguno de ellos siente que la solución esté más cerca.





























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