El asesinato de la niña holandesa Milly Boele recibió una atención inusitada en los medios, los cuales, inevitablemente, comentaron además el fenómeno de la 'asistencia a las víctimas'.
La organización de la asistencia para las víctimas parece ser un fenómeno típico holandés, pero no lo es, asegura el director Jaap Smit.
No es un fenómeno único
Con seguridad, no se trata de un fenómeno único en su tipo. Hay organizaciones similares en Estados Unidos y en Europa, donde se cuentan en total 26 organizaciones repartidas en 21 países. Sin embargo, según el director Jaap Smit no es un fenómeno exclusivo de países prósperos. “Creo que es uno de los pilares de nuestro Estado de derecho,” afirma.
Sólo por voluntad propia
La policía se encarga de establecer contacto entre las víctimas de un crimen y la organización de asistencia, pero sólo siempre que ésa sea la voluntad de las personas damnificadas. La organización no se especializa en asistencia emocional, como la que se brinda a las personas que sufren una experiencia traumática de pérdida, ni en asistencia jurídica.
Los asistentes, voluntarios en su mayoría, ofrecen los primeros auxilios, brindan información práctica y, seguidamente, pueden remitir a las víctimas a los profesionales en el ámbito jurídico o psicológico.
Sin embargo, no se trata de un fenómeno característico de países industrializados que desplace y haga desaparecer las formas tradicionales de ayuda y colaboración entre vecinos. “Un vecino te puede dar una mano pero también se precisa ayuda especializada, como la que nosotros brindamos”.
Demasiado paternalismo
Smit es un férreo opositor de mantener una actitud demasiado paternalista y aboga por estimular la capacidad de autonomía de las personas. Se muestra muy crítico frente a la costumbre, por parte de las autoridades, de hacer el máximo esfuerzo para evitar las críticas a la ayuda humanitaria en los medios.
“Es mejor enseñar a las personas a defenderse en las situaciones dolorosas que ocurren en la vida, que darles la impresión de que podemos evitar todas esas desgracias y que estamos listos y preparados para ayudarlos con cualquier molestia. Esa no es una actitud saludable ni buena.”
Smit también se indigna ante agrupaciones políticas populistas que muestran solidaridad con las víctimas de crímenes y abusan de la situación para abogar por un endurecimiento de las penas y despertar sentimientos de descontento entre la población.
El director de la organización no es partidario de endurecer las penas, y cree incluso que, con su organización de asistencia a las víctimas, puede ejercer un efecto moderador sobre los sentimientos de venganza que, por otra parte, son perfectamente humanos. “Por eso, me refiero a los tres pilares de nuestro Estado de derecho: represión, prevención y asistencia a la víctima. Porque si se les abandona a su suerte, pueden verse obligados a tomar venganza y convertirse de víctima en autor”.





























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