El personal de embajadas se encuentra impotente frente a conflictos laborales. Así lo experimentaron tres mujeres de Portugal, Indonesia y Marruecos, respectivamente, que trabajaban en embajadas extranjeras en La Haya.
El 1 de octubre de 1978, Maria Caixinha comienza su trabajo como empleada doméstica en la residencia del embajador alemán en La Haya. La mujer portuguesa no recibe ningún contrato, todos los acuerdos son verbales, nada por escrito.
Pronto, los horarios de trabajo se hacen más difusos, mientras aumentan las tareas, como servicio de habitación para los huéspedes del embajador y servir almuerzos y cenas especiales. “No había horarios fijos”, relata Maria Caixinha. “Yo siempre estaba disponible. Si había una fiesta, tenía que continuar hasta altas horas de la noche. Y por la mañana, el desayuno siempre debía estar preparado a tiempo.”
Colapso
Caixinha comienza a sufrir dolores de cuello y hombros, y problemas psíquicos. En el 2002, se detectan irregularidades durante un control ginecológico de rutina, pero el embajador le niega el permiso para acudir al hospital para un frotis cervical, porque el trabajo tiene prioridad.
Para Caixinha, ésta es la gota que colma el vaso. Después de más de 24 años trabajando para el Estado alemán, la mujer portuguesa sufre un colapso, consumida física y psíquicamente por las absurdas condiciones laborales.
En el 2003, da parte de enferma, dos años más tarde es despedida. En ese tiempo ya le habían declarado la incapacidad laboral total y, en su opinión, el Estado alemán es el responsable de esa condición.
La Inspección de Trabajo le informa que no puede interceder por ella, porque los inspectores no tienen permiso para imponer una investigación de la residencia del embajador. También el Ministerio de Asuntos Exteriores se declara incapaz de ayudarla porque los alemanes “se niegan a conceder autorización para dicha inspección”. En el 2007, Maria Caixinha eleva el caso a la justicia.
Sentencia
Con dificultad, logra encontrar un abogado que no tema involucrarse en el caso. A fines del 2007, el juez falla a su favor, al establecer una relación causal entre las pesadas condiciones laborales y su incapacidad laboral. El Estado alemán paga una multa de 35.000 euros. Un caso excepcional, ya que los alemanes no están obligados a hacerlo.
¿Está satisfecha la mujer portuguesa? “No, el trámite judicial me ha costado miles de euros.” Lo que más le molesta es la actitud pasiva del Estado holandés. “Estás sola peleando contra un poderosos sistema, y Holanda se niega a colaborar, mientras que yo estoy en mi derecho.”
‘Inmunidad de competencia’
Maria no es la única, según se desprende de un inventario realizado por Radio Nederland en colaboración con el periódico holandés TROUW. Otro ejemplo es Houria Aissaoui, quien comenzó en el 2001 como secretaria en la embajada marroquí en La Haya. En el verano del 2003 se declara enferma porque debe someterse a una operación de hernia cervical. Durante la operación, el embajador le ordena acudir a su trabajo. Al no presentarse es despedida. Sigue un juicio en el que Marruecos se ampara en su ‘inmunidad de competencia’. El tribunal y, más tarde la Corte, conceden razón a Aissaoui y determinan que el embajador marroquí no tenía derecho a despedirla.
Hasta la fecha, Houria Aissaoui no ha recibido un solo céntimo de compensación.
Intento de mediación
Otro caso similar es el de la indonesia Diah Mayangasri, quien es contratada como ayuda doméstica para una diplomática sudamericana en Holanda. En lugar del salario prometido de 1450 euros, recibe ‘algunos cientos de euros’ por un período de algunos meses. Mientras tanto, trabaja largas jornadas cuidando niños, haciendo limpieza y cocinando. Se siente atrapada porque la diplomática le ha retirado el pasaporte. En mayo de 2009 abandona el trabajo.
Diah Mayangasri considera que tiene derecho a recibir el sueldo que le corresponde. Un intento de mediación por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores holandés resulta infructuoso. Finalmente, el juez dictamina que la diplomática ‘apela con derecho a la inmunidad de jurisdicción’.
La embajada alemana desmiente que las condiciones laborales en la residencia diplomática fueran deplorables. La representación diplomática marroquí declinó hacer comentarios. El Ministerio de Asuntos Exteriores no está dispuesto a responder sobre el frustrado intento de mediación entre la empleada indonesia y la diplomática sudamericana. A petición de la interesada, el nombre de la mujer indonesia es ficticio.
Inmunidad absoluta
En Holanda trabajan aproximadamente 250 personas en servicio de altos diplomáticos extranjeros. En su mayoría, son mujeres, provenientes de las Filipinas, Indonesia y países de Sudamérica. Las condiciones laborales no son objeto de inspección. Los altos diplomáticos gozan de inmunidad absoluta, lo que impide el acceso sin autorización al terreno de la embajada, inclusive a inspectores del servicio de Inspección laboral y miembros de la policía.





























Hay que seguir luchando en contra del negrerismo porque este lamentablemente continúa vigente y esto es inaceptable tanto moral como legal y filosoficamente.
Es triste q las autoridades de ese pais holanda no hagan caso a las quejas de los trabajadores y en este caso de estas trabajadoras domesticas , q han sidi tratadas e humilladas como sclavas en pleno siglo 21, no entiendo como estas dependencias extranjeras no acaten las leyes de ese pais holanda y a su vez el mismo pais les apoye a estas mismas hacer lo que se les de la gana con sus empleados. Espero q ese gobierno haga una investigacion y sea justos con los trabajadores de ese pais .
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