Primero se prohibió fumar en todo el país; después, el consumo de hongos alucinógenos. Ahora, existe una gran probabilidad de que se prohíba la venta de cannabis. ¿Está desapareciendo la famosa tolerancia holandesa hacia las drogas blandas? Y, en caso afirmativo ¿ha cedido Holanda al final a las exigencias de los países vecinos?
"Quizás sea mejor cerrar todos esos famosos "coffeeshops"(lugares donde se permite la venta de drogas blandas), sugiere Cisca Joldersma, encargada de la política en materia de drogas por el Partido Cristiano Demócrata de la coalición gubernamental. Joldersma quiere poner fin a la política de tolerancia:
"Especialmente en los últimos dos años hemos visto una serie de problemas en torno a esos coffeshops. Hay una enorme afluencia de turistas de la droga que vienen a Holanda sólo por los coffeeshops y hay también una gran actividad criminal tras esos coffee shops, crimen organizado. Ya no es ese mundo indulgente de hace 30 años. Ahora es un mundo realmente duro.
Firmeza ante presión exterior
Holanda ha mantenido su política de tolerancia hacia las drogas blandas contra viento y marea, haciendo frente a la presión de otros países europeos. Esa presión alcanzó su clímax en el decenio de los 90, cuando Europa abrió sus fronteras. Incluso entonces, el gobierno holandés se mantuvo firme en su postura. En todos los coffeeshops del territorio holandés se podían adquirir pequeñas cantidades de marihuana o hachís, pero, al mismo tiempo, seguía siendo ilegal la producción y, por lo tanto, el suministro de la droga a los coffeeshops.
Los tiempos han cambiado, dice Cisca Joldersman. Tom Decorte, profesor de criminología de la Universidad de Gandes comparte, en cierto modo su opinión.
"El mercado ha cambiado debido a que el gobierno holandés se ha negado a regular el aspecto del suministro a los coffeeshops y ello ha dado lugar a un cambio en el mercado. El mercado del cannabis se ha criminalizado más y hay más profesionales implicados."
Decorte opina que la solución al crimen organizado no es una prohibición como la que plantean los partidos cristianos en el gobierno holandés. Es más, Decorte es partidario de que Holanda dé un paso más allá y legalice el suministro de cánnabis.
¿Contra la tendencia internacional?
Hay una tendencia internacional hacia una postura más liberal, manifiesta Martín Jelsma, miembro de la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas.
"Hay cada vez más países que introducen la despenalización del consumo o posesión para consumo personal del cannabis. En algunos países latinoamericanos se está viendo ya el comienzo de una discusión sobre el cambio de política hacia el cánnabis, por ejemplo en Brasil y México donde existe una fuerte vinculación con bandas criminales muy violentas implicadas en el tráfico de cánnabis. En varios países se observa una tendencia hacia la descriminalización y mayor tolerancia en oposición a la tendencia actual en Holanda".
Así pues ¿se está moviendo Holanda ahora hacia la retaguardia de la política de drogas después de haber estado varios decenios en la vanguardia?
Cualquiera que sea la decisión final, lo cierto es que, cuando algunos políticos dicen que hay que cerrar los coffeeshops y prohibir el cannabis, se provoca a los defensores de la ley antidrogas en otros países a que digan: ¿lo ves? La tolerancia no funciona.





























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