La confirmación, por parte del Consejo Electoral Provisional, de Mirlande Manigat y Michel Martelly como contendientes en la segunda vuelta de las presidenciales del próximo 20 de marzo introduce algún optimismo en la larga y dramática situación haitiana.
Al menos en la arena política. Mas de dos meses después de la primera vuelta, las presiones internacionales y particularmente estadounidenses –habituales en la historia del país-, hacen ceder al actual presidente Jacques Préval de sus pretensiones de situar en la segunda vuelta a su candidato y yerno Jude Celestin, en una operación que algunos analistas titularon “estrategia Putin”.
Hacia el final del largo proceso electoral
El informe de la misión de verificación electoral de la OE, primero, y las presiones francesas y estadounidenses, después, han acabado por hacer ceder al Consejo Electoral Provisional, CEP, y al presidente Préval. Y eso, que es, en principio, una buena noticia, por cuanto clarifica el horizonte electoral, esconde también varias no tan buenas que ponen de manifiesto incapacidades e injerencias intolerables. Incapacidades claras en el caso de la OEA y en el resto de organismos internacionales –con la alarmante aunque habitual ausencia de la Unión Europea- por no haber podido (¿o querido?) garantizar un proceso electoral limpio y transparente. Que en el país más intervenido internacionalmente, la comunidad internacional no sea capaz de controlar la celebración de elecciones libres resulta chocante. El informe de la OEA fue tardío y no tan independiente como se ha querido hacer creer. De hecho, el primer informe de la OEA inmediatamente posterior a las elecciones las calificaba como “válidas aunque con irregularidades”. E injerencias, pues tanto Francia como Estados Unidos han acabado por imponer su criterio y sus candidatos y eso no es ningún buen augurio para el futuro del país y su soberanía.
En manos de los Clinton
Pescar en río revuelto
Y en este escenario, la aparición del antiguo dictador J.C. Duvalier en escena ha venido a añadir confusión. Y el previsible retorno del otro presidente en el exilio Jean Bertrand Aristide va a añadir aún más. Pero ambos casos son muy distintos y así como el primero debería ser juzgado por crímenes cometidos durante su mandato, el segundo, que se sepa al día de hoy, no tiene abierta ninguna causa en su contra. El gobierno haitiano ha autorizado el concederle el pasaporte diplomático y los únicos motivos para que no se encuentre ya en el país son las presiones internacionales. En cualquier caso, más allá de la confusión de estos días, la vuelta de ambos ex mandatarios puede interpretarse también en clave positiva por cuanto supone pasos hacia una normalización de la vida política del país. El antiguo partido de Aristide, Lavalas, no pudo presentarse a las elecciones a pesar de que cuenta con claros apoyos en la sociedad haitiana, y eso no es tampoco una situación que deba mantenerse por mucho tiempo.
Las próximas semanas van a ser cruciales en la evolución del país caribeño pero el que, al menos en el aspecto electoral, se vaya aclarando el panorama es una buena noticia que hay que resaltar en un panorama en el que otros muchos aspectos siguen sin resolver, agravando la crisis. Ahora bien, el resto de cuestiones, comenzando por la imperceptible reconstrucción, tienen que acelerarse y la responsabilidad internacional en esa parálisis es inaceptable.
*Francisco Rey Marcos - Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH)



























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