Cinco años después del inicio de las operaciones de la ONU en Haití, el país vive con más seguridad pero la población sigue en la miseria.
Por Alejandro Pintamalli
Los siete mil militares de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah), contuvieron la escalada de violencia que condujo a la salida del poder de Jean Bertrand Aristide, en el 2004. La expectativa está puesta ahora en el refuerzo de las instituciones.
Pero para que estos planes se cumplan, los países donantes deben hacer efectivas las promesas de ayuda por valor de 324 millones de dólares. Esta cifra, prometida en una conferencia internacional en Washington el 14 de abril pasado, se añadiría a los 3 mil millones de dólares que se volcaron a proyectos de desarrollo.
"Falta mucho por hacer, pero el balance es positivo porque se alcanzó el objetivo primario de pacificar el país, preparando las condiciones para que se pueda arrancar con un proceso de desarrollo", opina Marcel Fortuna Biato, Consejero en Política Exterior del Gobierno brasileño.
El ex presidente norteamericano y actual enviado especial de la ONU para Haití, Bill Clinton, conversará la semana entrante con las autoridades locales sobre estos proyectos de reconstrucción, la creación de empleo y el refuerzo de los servicios sociales básicos.
A pesar de los progresos alcanzados, el 80 por ciento de la población vive en una condición de extrema pobreza, con un altísimo nivel de mortalidad infantil y un desempleo de más del 70 por ciento. Este cuadro se complicó el año pasado con la temporada de huracanes y la crisis económica mundial.
Se buscan fórmulas
Los propios haitianos reconocen que sin los cascos azules de Naciones Unidas la violencia volvería a estallar, como en las semanas previas a la destitución de Aristide, cuando se enfrentaron partidarios del presidente, delincuentes y ex militares. Hoy las escenas de violencia son esporádicas.
Tras la revuelta armada y la expulsión de Aristide, le sucedieron primero el presidente del tribunal supremo, Boniface Alexandre y, en las elecciones del 2006, René Preval.
"Esta primera etapa crea una expectativa en términos de colaboración en el campo económico, además de la búsqueda de fórmulas para bajar las tensiones políticas", opina Fortuna Biato.
Los efectivos de unas 50 nacionalidades componen la Minustah, con una misión que se extiende hasta el año 2011. Además de las tareas de seguridad y vigilancia, este contingente de uniformados, civiles y voluntarios construye puentes, carreteras y depósitos de agua potable.
Escuche la entrevista a Marcel Fortuna Biato, Consejero en Política Exterior del Gobierno brasileño.



























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