La antigua Mesopotamia despide a las tropas norteamericanas luego de siete años de ocupación militar. "El resultado es el peor pensable".
Tenía que suceder a finales de agosto, pero el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en el preámbulo de sus vacaciones, impartió la orden al ejército norteamericano de retirarse de Iraq.
Hace siete años, lideradas por el entonces presidente George W.Bush, la artillería estadounidense ingresaba por Kuwait a Iraq con el objetivo de implantar "una democracia occidental en el mundo árabe".
Helicópteros de combate se desplazan rozando las arenas del desierto de la región; las tanquetas y tanques se desplazaban sin obstáculos por las arterias del país, aviones y bombardeos circulaban los aires afinando los gatillos de sus metrallas y lanza misiles; las tropas de tierra eran dirigidas por los comandos y boinas verdes.
Era necesario eliminar a Saddam Huseim y todo el andamiaje del partido Baas, que durante décadas había decidido el destino del país árabe.
A la comunidad internacional se le sedujo con el argumento, falso por demás, de que el Iraq de Husein poseía armas de destrucción masiva que ponían en peligro la estabilidad regional y mundial.
Las armas de destrucción masiva nunca fueron encontradas, Naciones Unidas quedó reducida a una oficina de declamaciones al viento, la población iraquí fue blanco de los objetivos de Al Qaida y de las pifias mayúsculas de la avanzada norteamericana; la exportación de la democracia occidental se acerca a un experimento fallido y la región, sin Sadam Huseim, sigue siendo igual de explosiva.
"Es lo peor que pudo haber acontecido", dice en un tono contundente Waleed Saleh Alkhalifa, intelectual iraquí y experto en geopolítica árabe. "Iraq, siete años después, es un país que no puede sostenerse, no se puede mantener, no puede caminar por sí mismo".
El general Stephen Lanza, portavoz militar de Estados Unidos, explica que la misión estadounidense dejará el nombre "Operación Libertad Iraquí" para llamarse "Operación Nuevo Amanecer".
"No hay un nuevo amanecer, lo que se deja es una pesadilla", explica Saleh Alkalifa, al analizar la fragilidad del estado iraquí y la ausencia de estructuras sólidas en las cuales sostenerse.
La promesa electoral de Barack Obama se concreta con el retiro de las tropas norteamericanas de Iraq. Pero el retiro deja una huella profunda de serios errores estratégicos, geopolíticos y militares.
La guerra de Iraq sentó un precedente negativo de las políticas unilaterales de un Washington ebrio de sus verdades y poderes.
Siete años después, Iraq amenaza transformarse en un estado fallido, sin control político y a la sombra de los hervideros de credos religiosos, sectarios y con la presencia marcada de Al Qaida en el país.





























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