¿Cómo tiene que hacer frente Holanda al radicalismo musulmán en su territorio? Es la pregunta que planteó el coordinador holandés de la lucha contra el terrorismo a investigadores de la Universidad de Ámsterdam. Las recomendaciones fueron: la Holanda secular tiene que abrirse más a argumentos religiosos, y los musulmanes moderados deben convertir a sus hermanos y hermanas radicales a un Islam pacífico.
La corriente musulmana radical, el salafismo, no ha perdido aún fuerza en Holanda. De ahí que el gobierno holandés busque una respuesta a la pregunta de cómo mantenerla controlable. Los investigadores de la Universidad de Ámsterdam establecieron una comparación histórica entre los combatientes independentistas malucos del decenio de los 70, el movimiento okupa de los 80 y la extrema derecha en Holanda.
Por diferentes razones, estos grupos se fueron manifestando de manera cada vez más moderada. El informe intenta de ahí extraer lecciones sobre cómo limar las asperezas del islamismo radical.
Poco serio
Pero, ¿se puede comparar el radicalismo político con el radicalismo religioso? Los malucos, los okupas y los ultraderechistas tenían en común su deseo de cambiar la sociedad holandesa. Los salafistas aspiran a derribar el Estado holandés, exterminar a los infieles y, a continuación, introducir la ley islámica.
Según la investigadora Froukje Demant "la diferencia se encuentra principalmente en cómo convive la sociedad con estas agrupaciones religiosas. En Holanda, con la separación de iglesia y estado, no se toman en serio a los partidos políticos religiosos. Por el contrario, se podría ver muy concretamente si alguno de esos argumentos formulados en términos religiosos son legítimos, sin que ello suponga dejarse dominar por el Islam.
El diálogo con los radicales, la apertura a argumentos religiosos... las recomendaciones del informe parecen demasiado "blandas". ¿Es posible dialogar con los salafistas?
"Hay que tratar con mano dura a todo aquel que quiera usar la violencia", constata Demant. "Al gran grupo que le rodea se puede acceder a través de personas que respeten a los jóvenes y que conozcan la ideología radical. Una persona con esas características puede intervenir como interlocutor convincente y mostrar a los jóvenes una alternativa, una interpretación más pacífica del Islam."
Demant conversó con un joven marroquí ex salafista quien, a raíz de varias discusiones con su imán, comenzó a poner en duda sus ideas radicales "Y eso ya es un paso hacia delante, pues los radicales piensan que sólo hay una verdad y que todo está permitido en el nombre de esa verdad y, entonces, se acaba la reflexión.
Medir con el mismo rasero
Lo que en ningún caso da buenos resultados es, según Demant, criticar duramente al Islam en el debate público. Eso es lo que se desprendió también de un anterior informe que presentó la investigadora conjuntamente con el egipcio Atef Hamdy en el 2006.
Anteriormente, Hamdy y Demant habían hablado con jóvenes salafitas marroquíes. Este grupo, por un lado, se sentía incomprendido por sus tradicionales padres marroquíes y, al mismo tiempo, rechazados por la sociedad holandesa. La falta de reconocimiento es experimentada como algo muy doloroso y abre el camino hacia el salafismo. Y ello, mientras precisamente se necesita al gran grupo de musulmanes moderados para combatir al islamismo radical, opina Atef Hamdy.
"Holanda tendría que aceptar con los brazos abiertos al Islam más moderno e incluirlo en la política y en el debate. Necesitamos gente que, con el Corán en mano, convenza a los salafistas de que la esencia del Islam no reside en la aplicación literal de preceptos medievales, sino en la justicia, y que la democracia y los derechos humanos son los medios para conseguirlo y, por ello, deben ser admitidos como conceptos clave del Islam", concluye Hamdy.





























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