Acalorados. Ese es casi un eufemismo por los tres meses de debate en Francia sobre la 'identidad nacional'. El gobierno francés acaba de hacer el primer balance. Una retrospectiva sobre los meses de debate, ante los cuales se muestra satisfecho el primer ministro Fillon.
"El debate ha transcurrido de manera perfecta'', puso muy seriamente de manifiesto el primer ministro francés François Fillon. "Si tuviéramos que hacerlo de nuevo, lo haríamos de manera idéntica.''
Tabú
Fillon hizo estas declaraciones al finalizar temporalmente el debate sobre la identidad nacional, que se llevó a cabo en Francia durante los pasados tres meses. El gobierno pidió a la población que respondiera a dos preguntas: ¿qué significa para usted ser francés? Y: ¿en qué ha contribuido la inmigración a la identidad francesa?
Acto seguido, se realizaron en el país más de 340 reuniones. El sitio especial de la web, abierto para este debate, fue visitado por más de 750.000 personas, quienes dejaron más de 58.000 colaboraciones y reacciones. "El debate sobre nuestra identidad ha dejado de ser un tabú '', fue la conclusión de Fillon ante esta 'masiva respuesta'.
Y en realidad: este debate ha desencadenado en Francia toda una tempestad de reacciones. Directamente después de anunciado el debate el año pasado, se desencadenó el mar de emociones. Se presentaron análisis, hubo reacciones muy emotivas, y se originó un debate político.
Pero pronto se puso de manifiesto que dicho debate era muy difícil de controlar - o como dicen los críticos: fue muy mal manejado. Y en ningún momento transcurrió 'De manera estupenda', como dijo el primer ministro Fillon.
Racista
Durante las primeras semanas el sitio web se llenó de una oleada de reacciones racistas. La oposición socialista decidió boicotear las reuniones, opinando que los inmigrantes y los islamitas eran acusados en demasía de ser los culpables de todos los males. Y mientras las emociones iban acalorándose cada vez más, políticos del partido gubernamental derechista UMP no se manifestaron siempre con tacto.
Un viceministro aconsejó a los jóvenes musulmanes, que no usaran su gorrita con la visera hacia atrás, si en realidad deseaban conseguir trabajo. El alcalde de Marsella por su parte se quejó de que “siempre hay demasiados islamitas en la calle tras un partido de fútbol”.
Prohibición de la Burka
Dos factores externos contribuyeron a acalorar el debate aún más. Una comisión parlamentaria investigó – paralelamente al debate sobre la identidad – la posibilidad de prohibir el uso de la burka. Eso colocó en el centro de la atención pública a los islamitas, y no al debate sobre la identidad nacional. Seguidamente se desencadenó una corta pero apasionada discusión sobre las mezquitas y minaretes en Francia, debido a un referéndum sobre ese tema realizado en Suiza.
Escalamiento
Pronto quedó muy en claro para el gobierno del presidente Nicolas Sarkozy, que el debate se estaba escalando. 'No podemos controlarlo', manifestó públicamente uno de los consejeros presidenciales.
Esto no gustó nada a Sarkozy, con miras a las elecciones regionales del próximo mes en Francia. Los franceses se manifestaron críticamente sobre el debate. Y el partido de Sarkosy, el UMP podría salir mal parado a causa d esto en las elecciones.
Por tanto, hace poco se lanzó una contraofensiva. Sarkozy debía cerrar los tres meses de debate con un discurso. Pero lo canceló. En su lugar convocó a todo su gobierno para tomar las medidas finales. La oposición calificó de inmediato dicha reunión como 'la muerte del debate', aunque el primer ministro Fillon decidió calificarla de balance intermedio.
Bandera francesa
Los extranjeros que obtengan la nacionalidad francesa, deberán prometer en el futuro de manera explícita, respetar 'los derechos y deberes' de la república francesa. En cada escuela se izará la bandera nacional y en cada local escolar deberá encontrarse la declaración de los Derechos Humanos y Civiles de 1789.
Simbólico es también el hecho de que se instalará una comisión especial encargada de continuar el debate. Hasta el momento fueron solo los franceses 'comunes y corrientes' quienes manifestaron su opinión, pero a eso le ha puesto punto final el presidente Sarkozy. En la comisión participarán políticos y científicos, encargados de 'profundizar' el debate.
Unir, no desunir
Con esto, tanto el primer ministro Fillon como el presidente Sarkozy han dado un paso loable. El debate que ha debido llevar a una reflexión seria sobre la sociedad francesa y el papel que en ella desempeñan los inmigrantes, degeneró en tres meses en una cacofonía de opiniones y acusaciones.
Inmigrantes e islamitas se sienten heridos y estigmatizados. Y esa no puede haber sido jamás la intención de un debate serio sobre la pregunta de qué es lo que une a la gente en una sociedad, en lugar de averiguar qué es lo que la separa y desune.





























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