¿Holanda, un puerto franco para criminales de guerra y genocidas? No, si ello depende de Hester van Bruggen.
“Las personas con sangre en las manos no deben creer que son impunes en Holanda”, afirma esta fiscal holandesa que lleva casos de crímenes internacionales ante la justicia holandesa. Van Bruggen acaba de regresar de Ruanda donde participó en la toma de declaraciones de testigos.
Van Bruggen se prepara para el juicio contra la ruandesa-holandesa Yvonne B. (Basebya), acusada de genocidio, asesinato y violación. En otro caso relacionado con Ruanda, la fiscal logró su objetivo: la Corte Suprema de La Haya dictó cadena perpetua para el acusado Joseph Mpambara. Van Bruggen comenzó en este caso en 2006, y desde entonces viaja regularmente a Ruanda para recoger testimonios.
Un caso de prueba
En su despacho se encuentran los tres expedientes a los que están abocados actualmente Van Bruggen y su equipo. Dos de ellos se ocupan del genocidio en Ruanda, y el tercero se refiere a acusados de Sri Lanka que habrían financiado actos terroristas desde Holanda.
Todo comenzó con el congoleño Sebastian Nzapali, arrestado en Holanda en 2003 bajo sospecha de torturas. “Este caso estaba pendiente, pero no se había arreglado nada todavía en Holanda. Era un caso de prueba”, explica Van Bruggen.
La fiscal holandesa dirige el equipo Crímenes Internacionales de la Fiscalía Holandesa desde hace ocho años. Un equipo pequeño, pero sólido. Con dos fiscales y dos secretarios, el equipo investiga genocidios y otros crímenes graves. “Situaciones que no te dejan indiferente”. El área de trabajo de Van Bruggen se extiende desde Ruanda a Sri Lanka, con un rodeo que abarca Liberia, Bosnia e Iraq.
Un antropólogo asesora al equipo sobre el contexto social y cultural de los países donde se realiza la investigación. “Hay que levantar cada caso desde los cimientos”, cuenta Van Bruggen en su despacho de Rotterdam. “El trabajo en Afganistán es esencialmente diferente al de Ruanda. Además, hay muchas ´trampas’ en la investigación preliminar sobre graves violaciones a los derechos humanos: lengua, cultura, seguridad, la manera de acercarse a los testigos.”
Riesgos
Van Bruggen investiga crímenes cometidos en un pasado lejano, en países remotos “donde todavía hay que inventar la rueda y debes pasar por muchos fiascos antes de encontrar la mejor forma de trabajo”. La escena del delito en un país extranjero requiere otros métodos de trabajo. “Suele también haber obstáculos a la hora de realizar estudios forenses”. Por ello, la Fiscalía depende de declaraciones de testigos.
Y eso implica algunos riesgos, afirma Van Bruggen. “Cuando se trata de víctimas, suelen ser personas muy afectadas, lo cual no significa que su testimonio no sea útil, pero es necesario proceder con suma cautela. En algunos casos hay que desechar un buen testigo porque no sería prudente incluirlo.”
Tazas de té
¿Cuál es el método de trabajo de Van Bruggen? Difiere de país en país. “En Ruanda es relativamente fácil, no es preciso pasar primero por tres ministerios, beber ocho tazas de té y estrechar la mano en seis ocasiones para poder ingresar en una comisaría.” En otros países, ésas son condiciones imprescindibles para poder trabajar.
¿Cómo consigue los testigos? “Hay que realizar trabajo de campo, en ocasiones con la ayuda de guías.” Sin embargo, Van Bruggen también recurre a archivos para acceder a la información. En algunos casos encuentra algún depósito, un hangar o un contenedor marítimo con documentos en lenguas extranjeras. Entonces debe basarse en este material para su investigación.
En otros casos, la información proviene de tribunales internacionales, organizaciones no gubernamentales o hallazgos en excavaciones forenses. Van Bruggen nunca se restringe a una sola fuente: “Se intenta construir el caso de la manera más amplia y crítica posible.”
Creciente ocupación
El equipo de Crímenes Internacionales se ocupa de casos para ser llevados ante la justicia holandesa. Ahora que cada vez más tribunales internacionales desaparecen, es un fenómeno mundial el aumento en el número de juicios que son llevados ante la justicia nacional. Y por lo tanto, también al despacho de Hester van Bruggen.
Esta situación comporta una desventaja: los magistrados holandeses no están autorizados a visitar el sitio del crimen, a diferencia de los jueces de las cortes internacionales, un hecho que Van Bruggen lamenta: “es importante que los jueces inspeccionen personalmente el sitio, y más aún en nuestro caso. Un ejemplo es Ruanda, donde es necesario haber visitado las montañas para poder determinar el alcance de visión desde la colina A sobre la colina B. Un dato importante para evaluar la credibilidad de los testimonios.”
Y también para explicar en gran parte el placer con el que la fiscal holandesa Van Bruggen realiza su trabajo. Cuanto más obstáculos, mayor el desafío.

























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