A la cumbre sobre el hambre de la FAO en Roma asisten pocos líderes de importancia mundial, pero se han oído muchas críticas a la organización que convoca. No han faltado los intentos de responder a estas críticas, pero según el catedrático holandés Michiel Keyzer, no han sido más que “amagos”. Los problemas de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación parecen demasiado profundos.
Al presidente Obama y a otros líderes no se les ha echado de menos en Roma, dice la representante holandesa ante la FAO, Agnes van Ardenne. Las negociaciones tuvieron lugar antes de la cumbre, y con éxito, según Van Ardenne. La FAO acordó que los países pobres jugarán un rol más importantes en la lucha contra el hambre.
“Para llegar a eso tuvimos que negociar durante seis semanas aquí en Roma”, dice Van Ardenne. “Ahora creo que hay un sentimiento compartido de responsabilidad, mientras que hasta hace poco ésta recaía solo en los países ricos”.
Exigir a los países pobres que presenten estrategias de alimentación no llevará muy lejos, opina Michiel Keyzer, director del Centro de Estudios de la Alimentación Mundial. El Banco Mundial está esperando desde hace años algo parecido, a cambio de su ayuda. “La FAO puede decir algo parecido sin esperar tampoco mucho a cambio”.
Los países ricos de Occidente se vienen quejando desde hace años por la poca importancia de sus opiniones en la FAO. Pagan su contribución, pero a la hora de las decisiones el voto de cada Estado miembro tiene el mismo valor. Esto hace que la influencia de los países pobres sea relativamente grande en organismo como el Banco Mundial.
Falta de profesionalismo
Una de las causas principales de los problemas, según Keyzer, es que en el curso de los años la FAO se ha politizado. Han aumentado las oficinas y cada vez hay más dinero que va a dar a las delegaciones locales.
"Esto se ha hecho más evidente desde que asumió el actual director general, Jaques Diouf. Antes de él había un libanés, y ya bajo su dirección la FAO era una ventanilla donde se podía conseguir ayuda más fácil que por ejemplo en el Banco Mundial”, opina Keyzer.
A medida que los políticos aprendían a utilizar mejor sus recursos, se fue abandonando la tarea original de la FAO, cual era la recolección de información estadística sobre la producción de alimentos y el hambre en el mundo. Esta información es de primera importancia, dice Keyzer. El paso de la FAO hacia la edad de la informática también se ha retrasado bajo la dirección de Diouf.
La resistencia de los países ricos a asumir más responsabilidades en la FAO, va emparejada con la pérdida de profesionalismo, opina Keyzer.
Nadie parece querer a la FAO
Un compatriota de Diouf, el presidente de Senegal, Aboulaye Wade, se refirió el año pasado a la FAO como “un pozo sin fondo”. En 2007, una evaluación independiente pidió reformas radicales en la organización. Pero, dice Keyzer, intervenir en un organismo de la ONU no es nada fácil.
“Lo que se necesitaría es una reorganización profunda. Los países donantes son minoría. Entonces se trataría de crear un nuevo organismo en el que los países donantes fueran mayoría, pero claro, los países africanos no están interesados en algo así. Lo otro sería incorporar nuevamente a los países africanos”.
En este caso los países ricos dirían que no porque “lo nuevo” terminaría siendo “un nuevo tipo de FAO”. Entretanto aumentan las organizaciones paralelas, nacidas a partir del descontento con la central, en las cuales los países donantes sí tienen mayor presencia. La colaboración es escasa, pero dos de ellas están incluso presentes en Roma.
Declaración final adelantada
La declaración final de la cumbre romana se dio a conocer el primer día, y las discusiones han tenido lugar a puerta cerrada. Hasta la hora no hay una solución a la vista para sacar a la FAO del callejón sin salida en que se encuentra. Se sabe que uno de los debates está centrado en otorgar un rol de mayor importancia, en caso de futuras crisis de alimentos, a la comisión de seguridad alimenticia, con una contribución mayor de los países donantes.
Esta comisión, según el profesor Keyzer, “es un animalito pequeño con un enorme nombre”. En cualquier caso, las discusiones en Roma son parte de un “esfuerzo progresivo” orientado a conseguir una mayor colaboración entre las partes dispersas de la FAO. Ante el panorama actual, todos están de acuerdo en que las cosas deben hacerse de otra manera.





























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