A pesar de ser una amenaza para las personas que viven en sus orillas, el río Dechatu en Etiopía ofrece también algunas oportunidades. "Si lo usamos correctamente, es una fuente importante en nuestras vidas", aclara un residente de las riberas. "Si no lo hacemos, nos va a destruir".
Las sandalias del agricultor Abdullah Moussa se hunden en el lodo mientras pasea por sus naranjales en la localidad de Gende Ada, una aldea en las afueras de la ciudad etíope de Dire Dawa.
La lluvia reciente en la sierra ha causado una inundación repentina que se ha abierto camino hacia este pueblo del desierto. Abdullah depende en gran medida de estos chubascos accidentales que le ofrecen una oportunidad única para regar sus campos.
Un sencillo canal
Para aprovechar al máximo la lluvia, Abdullah ha cavado un sencillo canal que conduce el agua desde el río hasta sus campos. "Después de una inundación como esta, mis cultivos pueden sobrevivir durante quince días sin agua", explica.
Pero el río Dechatu no siempre es provechoso. En agosto de 2006, el río reveló su cara destructiva. Las precipitaciones excesivas en las tierras altas inundaron este río por lo general completamente seco. En su paso nocturno por la localidad, el torrente arrasó con todo, cobrándose la vida de cientos de personas.
Mal olor
"Se podía oler", recuerda Abdullah. Esa noche estaba trabajando en su campo con algunos vecinos. "Cuando se aproxima una inundación, el aire se llena de un mal olor que anuncia la llegada del agua".
Tan pronto como los agricultores se dieron cuenta de lo que estaba a punto de suceder, huyeron a lugares más altos. Desde el monte Babo, una montaña que ensombrece su pueblo, trataron de avisar a las familias que todavía dormían arrojando piedras sobre los techos metálicos de sus viviendas. "La gente se despertó", relata Abdullah. "Pero pronto vimos como el agua se abalanzaba sobre las colinas y se dirigía hacia nuestra aldea". Su familia logró escapar, pero muchos otros no tuvieron igual suerte.
La gente de Gende Ada ha demostrado una gran capacidad para reponerse a la catástrofe. Aunque traumatizados por el desastre, los aldeanos se negaron a mudarse, como sugería el gobierno etíope. En su lugar, se dieron cuenta de que ya era hora de dominar el río "león", como lo llama Abdullah.
Sentado en su casa, Abdullah discute las condiciones del clima de Dire Dawa con otros agricultores. Todos coinciden en que la temporada de lluvias ha cambiado. Las lluvias comienzan más tarde y el clima es impredecible: "O bien es muy seco, o somos arrastrados por el agua", explican.
Colina sagrada
Abdullah recuerda la forestación que poblaba las montañas cercanas a la localidad. Los árboles protegían a las aldeas de los aluviones de piedra y lodo. La vegetación absorbía la lluvia y evitaba que los cuatro ríos en las tierras más altas se desbordaran antes de fundirse en el Dechatu (que literalmente significa "unirse" en oromifa, el idioma local).
Abdullah se quita el fez y dice: "¿Ves mi calva? ¿Qué pasa si arrojas un vaso de agua sobre ella? El agua se escurrirá de inmediato. Lo que quiero decir es que tenemos que forestar nuestras montañas".
Con la ayuda de una ONG local, la gente de Gende Ada y de otras zonas afectadas de Dire Dawa cambió sus costumbres y hábitat. Uno de los cambios fue, por ejemplo, el de construir terrazas en el Monte Babo.
Las terrazas no solo evitan que la lluvia, rocas y barro se precipiten sobre las aldeas, sino que también fertilizan las colinas. La vegetación autóctona y fauna silvestre en un momento desaparecidas han regresado recientemente a Monte Babo y la colina es ahora vista como “casi santa”, dicen los pobladores. Para los aldeanos representa una fuente para la medicina local y pastos para alimentar a su ganado.
A correr la voz
Se creó una red de alerta para prevenir inundaciones. Cuando llueve en la sierra, los pobladores que viven corriente arriba previenen a los vecinos de las tierras bajas, quienes a su vez les retribuyen con semillas y plantas de su producción.
Abrahim Hassani es uno de los vigilantes río arriba. "Cada vez que llueve, cojo el teléfono y llamo a Abdullah", explica. Pero cuando todo el mundo comienza a llamar desde las tierras altas sabemos que ha llegado el momento de actuar. Enseguida se avisa a la policía y las autoridades locales, que alertan a la comunidad con sirenas y disparos al aire. Entonces se comienza a evacuar rápidamente a la gente.
Los agricultores reconocen que es imposible controlar totalmente el río Dechatu. Pero admiten que gracias al sistema de alertas, su comportamiento se ha vuelto algo menos impredecible.
Amenaza de inundaciones
Más de un cuarto de millón de etíopes podría verse afectado por graves inundaciones el mes próximo, con la llegada de las fuertes lluvias anunciadas en las recientes estimaciones de las Naciones Unidas.
La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH) informó de la muerte de 19 personas a causa de los aluviones de lodo tras las inundaciones la semana pasada. Desde entonces, unas 12.000 personas han sido desplazadas.
"Unas 270.000 personas podrían verse afectadas por las inundaciones en la región de Amhara", advirtió la OCHA en un comunicado oficial.
Las inundaciones afectan a menudo a las tierras bajas de Etiopía durante la temporada de lluvias entre los meses de junio y septiembre. En 2006, más de 1.000 personas murieron y más de 300.000 quedaron sin hogar.





























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