Tanto en Israel como en los territorios palestinos se aguarda con especial interés la alocución del líder palestino, Mahmud Abbas, ante el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Reconocerá Naciones Unidas un Estado palestino?
Cabe, desde luego, preguntarse cuál es el verdadero significado de una participación plena de Palestina en el organismo mundial.
En estas líneas, ofrecemos un informe desde el punto de vista de tres familias holandesas a ambos lados de la frontera palestino-israelí, sobre sus esperanzas y sus temores.
La silueta del controvertido muro se erige a lo largo de las colinas de la Tierra santa hasta el horizonte. Junto con el holandés Jim Hasenaar, buscamos un punto alto para tener una mejor vista de esta división entre Israel y Cisjordania. Jim, su esposa israelí y sus tres hijos viven literalmente a tiro de piedra del muro, de cinco metros de altura.
Jim está satisfecho con esta división. “La aldea que podemos ver desde aquí, Gabla, nunca nos causó problemas, pero más allá está el pueblo de Qalqilya, donde había terroristas que ahora no pueden entrar a Israel. En los últimos años hemos sufrido muchos menos atentados”.
Una vida en paz
Si dependiera de Hasenaar, los palestinos tendrían autonomía en toda Cisjordania, pues, al igual que muchos israelíes, les desea una vida en paz. Ron, el hijo mayor del matrimonio Hasenaar, inicia en noviembre sus tres años de servicio militar obligatorio. A Jim, como padre de un soldado, el tema de una Palestina independiente no le interesa demasiado. “En cualquier caso, las fronteras no se abrirán. Se dice que podría haber más ataques con misiles, pero esto tampoco me preocupa porque vivimos muy cerca de la frontera: para dañar nuestra casa tendrían que disparar casi en dirección vertical, lo que es peligroso para los atacantes’.
Ramala
Al día siguiente viajé a Ramala, oficialmente la capital de Palestina, ciudad que cuenta con un centro lleno de vida y energía, con puestos de comida y numerosos negocios donde se venden desde ruedas de bicicleta hasta muñecas Barbie. El consultor en temas de agua Peter Laban me lleva primero al teatro, que es hermoso, y luego a la moderna sala de cine. Laban quiere dejar claro que los palestinos tienen capacidad de resistencia y además disfrutan de la vida.
“En este teatro se pueden ver obras excelentes, y eso es lo que hace que me guste vivir aquí”, explica. “A pesar de todas las limitaciones que le imponen los ocupantes, este pueblo no deja caer los brazos y cada día hace un nuevo esfuerzo para salir adelante.”
Lo que quiere decir Laban es que, pese a que la ciudad es una gran prisión, la vida en Ramala es agradable: su esposa, palestina, debe hacer numerosos trámites cuando quiere salir de la zona.
Bomba de tiempo
Cisjordania está bajo amenaza de una bomba de tiempo, dice este holandés de 63 años. Según sus cálculos, el que los palestinos están autorizados a utilizar se acabará en treinta o cincuenta años. “Cuando eso suceda, ya no se podrá vivir aquí’, asegura. En su opinión el problema del agua es incluso más importante que las diferencias religiosas en el interminable conflicto entre palestinos e israelíes.
En la plaza de Ramala sobresale una enorme silla azul, símbolo de la aspiración palestina a un escaño en Naciones Unidas. Mi anfitrión posa para la foto junto a un grupo de alegres niños palestinos. “Si las cosas le salen bien a Abbas en la ONU, aquí habrá fiesta día y noche,” dice un esperanzado Laban.
De regreso a Jerusalén, esa misma tarde, soy testigo de lo que vive a diario un árabe con pasaporte israelí. Bajo un calor insoportable, en el punto de control Qalandia me sumo a la larga fila para presentar mi documentación. Repentinamente, se cierra la oficina, sin aviso ni explicaciones. Jóvenes airados golpean los torniquetes. Sólo una hora más tarde estoy al otro lado de la frontera.
Tipo raro
En un asentamiento, al interior de una zona agreste de Cisjordania, vive el colono holandés Uri Heilbron. Espero encontrar una casa improvisada, pero lo que veo es a un grupo de hombres levantando una hermosa y moderna vivienda.
Lo más sorprendente es que los trabajadores son palestinos. Se trata de una iniciativa consciente de Uri, que está aprendiendo árabe y a quien le interesa negociar con sus vecinos palestinos. El holandés reconoce que algunos de sus vecinos israelíes lo consideran un tipo raro.
Uri espera que las vallas en torno a su aldea sean eliminadas algún día, pero también agrega que, para él, los acuerdos internacionales no tendrán mucho valor. Uri justifica su presencia en este lugar con el rol que juega su aldea, Shilo, en las historias del Antiguo Testamento. Su esperanza es seguir viviendo en este lugar hasta la vejez, pero no está dispuesto a utilizar la violencia para defender el asentamiento.
























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