Se ha reabierto el debate público sobre la existencia de la prostitución en España, país sin regulación sobre la materia, y donde 90% de las prostitutas son extranjeras.
Hace algunos días, un diario español publicaba unas fotografías en las que se mostraba a varias prostitutas y sus clientes manteniendo relaciones sexuales en el centro de Barcelona. Desde entonces, partidos políticos, grupos vecinales y colectivos sociales, han reabierto el viejo debate de la prostitución en un país donde no existe regulación específica.
Las imágenes en cuestión, publicadas en el periódico El País, han levantado ampollas en todos los ámbitos. Y no sólo por lo explícito que se muestra en ellas. Todos piden responsabilidades, pero pocos ofrecen soluciones. Eso sí, todos están de acuerdo en acabar con el vacío legal ante esta cuestión, aunque las posturas no son precisamente uniformes. Se habla de prohibición, de regulación, marginalidad, trata de seres humanos. Se confunden conceptos, posturas y posiciones.
Lo cierto es que la prostitución callejera en los núcleos urbanos de las grandes ciudades españolas no es, ni mucho menos, algo novedoso. En Barcelona, la mayoría de las prostitutas se encuentra en Las Ramblas y en el Barrio del Raval. En Madrid, a escasos metros de la Puerta del Sol, en la histórica calle Montera y aledaños. Pero la realidad se basa en las leyes más básicas de la oferta y la demanda. Y, simplemente, las prostitutas se ubican donde hay mayor facilidad para captar clientes.
Desde la organización de apoyo a mujeres prostitutas, Hetaira, creen que esta polémica viene marcada por una nueva estigmatización de las profesionales que ejercen su trabajo en las calles. A su juicio, imágenes como las de Barcelona son un caso aislado y han conseguido simplificar y frivolizar al máximo con un problema de fondo que tiene su base en el vacío legal, en la falta de regulación laboral de esta profesión. “Es cierto que las imágenes producen rechazo, pero han creado un clima psicológico en la población que no ayuda nada a abordar de forma razonable el problema de las trabajadoras del sexo,” asegura su portavoz, Cristina Garaizábal, “No es cierto que la prostitución de calle implique realizar el acto en la vía pública, es algo excepcional. Y, bajo nuestro punto de vista, es producto de las normativas municipales, que están acosando permanentemente a la prostitución de calle”.
En la puerta de casa
Todo el mundo puede entender que a los vecinos que viven en estas zonas no les guste bajar a la puerta de su casa y encontrarse de frente con la prostitución, con todo lo que eso puede suponer. Proxenetas, clientes y prostitutas deambulando para hacer el intercambio. Desde las posturas más radicales y enconadas se habla de “abolición de la prostitución”. Sin embargo, en lo que sí coinciden muchos ciudadanos es en alejar a las profesionales del sexo de los núcleos más poblados, para que trabajen en clubes de alterne o en establecimientos habilitados para tal efecto. “Prostitutas ha habido siempre,” comenta un vecino del centro de Madrid, “pero antes no estaban tan a la vista. Si tiene que haber prostitutas, que las haya, pero no en la vía pública. Deberían estar en locales y el que quiera ir, ya sabe dónde se mete”.
Por su parte, las prostitutas creen que la reacción de los vecinos de estas zonas es comprensible. Radio Nederland ha hablado con Carolina, una prostituta ecuatoriana que lleva años ejerciendo en las calles de Madrid: “En gran parte yo entiendo la situación en la que se están viendo los vecinos de estas localidades. A mí tampoco me gustaría que la prostitución estuviera debajo de mi casa. Ellos necesitan estar tranquilos, pero lo que pasa es que nosotras necesitamos un lugar para trabajar”, afirma.
Limbo legal
Precisamente, ésa es la reivindicación de las prostitutas: la regulación de su situación. Regulación laboral, con sus derechos y sus deberes y su protección como ciudadanas. Es a ese vacío legal en todos los sentidos al que se refieren: al encontrarse en un limbo jurídico y administrativo, la vulnerabilidad de estas mujeres que ejercen como prostitutas las convierte en trabajadoras de la economía sumergida, muchas veces víctimas de las mafias y de las redes de explotación sexual. Carolina, que ejerce la prostitución voluntariamente, insiste en diferenciar entre las profesionales del sexo que lo hacen libremente y aquellas que son coaccionadas para ejercer como tales. Cree que el Gobierno debería solucionar el problema a través de la legalización de la prostitución, algo que además facilitaría la lucha contra la trata de seres humanos. “La Administración y el Gobierno deberían prestarnos la ayuda que dicen que nos quieren dar,” explica Carolina. Aunque el ordenamiento jurídico español no prohíbe la prostitución, sí contempla la persecución del proxenetismo y la trata de mujeres, una lucha que se ha pretendido reforzar recientemente a través del Plan Integral de lucha contra la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, aprobado a finales de 2008. Pero hay que ofrecer soluciones más allá de ese ámbito.
Mayoría de extranjeras
Una de las cuestiones que más llama la atención es el perfil de las prostitutas que trabajan en la vía pública. No existen datos de organismos oficiales, y es imposible saber hoy cuántas mujeres y hombres se dedican a la prostitución. Sin embargo, según estimaciones policiales, el 90% de las mujeres que trabajan en la prostitución de calle son extranjeras. Entre ellas, el 57% son latinoamericanas (especialmente colombianas y brasileñas), el 34% proceden de países del este de Europa (principalmente rumanas y rusas) y el 9% restante son africanas. Y es en este punto en que podemos observar un grado especialmente elevado de vulnerabilidad, pues no sólo son prostitutas que, por su condición, son invisibles a efectos de derechos y obligaciones, sino que además son inmigrantes, la mayoría sin papeles. No tener un trabajo regulado tampoco les permite regularizar su situación en España. Se ven expuestas a las redadas y a los protocolos de expulsión que marca la Ley de Extranjería. Y además, son víctimas mucho más asequibles para las mafias y la trata con fines de explotación sexual, muchas veces incluso antes de salir de su país de origen. En la asociación Hetaira reina especial preocupación por estas mujeres: “Nosotras creemos que sería muy importante diferenciar muy claramente entre prostitución obligada y prostitución voluntaria, porque si esta diferenciación no se hace desde el punto de vista legal, lo que ocurre es que se hace muy difícil el combate contra las mafias y la trata porque estas se amparan en esta situación de semi-ilegalidad en la que se mueve el conjunto de la prostitución”.
De momento, el debate sigue en la calle y en el campo político sin aportar soluciones tangibles. Pero lo que sí es cierto es que esta situación requiere análisis y cambios profundos que tengan en cuenta todas las perspectivas.





























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