Israel cumple su 60 aniversario como Estado soberano. El diplomático, político e historiador israelí Shlomo Ben Ami, ex ministro de Seguridad Interna y de Relaciones Exteriores de Israel, y ahora vice-presidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz, habla sobre la situación en Israel.
Escuche la entrevista a Shlomo Ben Ami
José Zepeda: Señor Ben Ami, sesenta años del Estado de Israel, ¿cuánto hay para celebrar?
Shlomo Ben Ami: Creo que no poco. La historia del estado de Israel, el surgimiento de una nueva nación, después de milenios de diáspora, francamente es uno de los mayores éxitos del siglo XX. Traer diásporas dispersas de todos los confines del mundo, desde los merlach de Marrakech, los supervivientes del Holocausto, de comunidades desarraigadas, a raíz del colapso de grandes imperios; en fin, y crear una economía que es un boom extraordinario, con una tecnología impresionante, con unas capacidades tecnológicas que están a la par con las mayores potencias de este mundo, el éxito es enorme.
Ahora, nada es perfecto en este mundo, e Israel será de los más imperfectos en muchos sentidos, pero al mismo tiempo hay que ver el equilibrio y el balance. Lo que queda como asignatura más importante es, sin duda, el conflicto israelo-árabe, la cuestión palestina más que nada. Creo que el mayor fracaso del estado de Israel es que en estos 60 años no ha sabido encontrar la vía para parar los asentamientos, este empuje irracional, inmoral o amoral de ocupación de tierras, de lo que queda a los palestinos como un posible estado.
Pero, como alguien que estuvo muy cerca de llegar a un acuerdo con los palestinos, le puedo decir que es una historia a dos. Tampoco toda la culpa cae sobre Israel, el sistema palestino no es exactamente muy proclive a compromisos, y ahora mismo han producido a HAMAS que no quieren ni oír hablar del estado de Israel. El movimiento nacional palestino está fragmentado, sufren sus líderes de un déficit de legitimidad muy serio. Así que no es nada fácil aunque uno mucho lo quiera, pero queda esa asignatura pendiente de encontrar una solución para aquellos que fueron víctimas de la creación del estado de Israel, el pueblo palestino. De eso no puede caber la menor duda.
Desafíos en casa
También hay asignaturas pendientes dentro del país, el gran sueño de tener un nuevo hombre de la Revolución Sionista; toda revolución siempre quiere crear también un hombre nuevo, así lo querían los soviéticos también. Al final estamos en una sociedad multiétnica, multicultural; etíopes, rusos, sefardíes, una minoría árabe discriminada dentro del país, y esos equilibrios si no se recuperan, creo que es posible que incluso los desafíos internos no sean menores que los externos. El énfasis, el enfoque en la cuestión de la defensa y la cuestión militar está tragando presupuestos que restan de la ciencia, de la investigación, de la educación, que en un país como Israel tiene que seguir siendo prioridad, porque nuestra existencia al fin y al cabo, depende de la calidad del hombre y no de la cantidad de la población ni del espacio que, como bien se sabe, es muy reducido. Es así donde existe nuestro valor añadido.
¿Esperanzas?
JZ: Tal como Ud. decía, esta asignatura pendiente, este fracaso por lo menos a dos, aunque puede ser a más en realidad, por los actores internacionales que están comprometidos en el asunto. Pero este fracaso de las negociaciones, y sin un ápice, créame Ud. de pesimismo, pero, ¿está condenada por el momento, en esta etapa histórica la cuestión palestino-israelí?
BA: Yo veo muy difícil que se produzca un acuerdo este año. Es muy difícil porque la posibilidad de crear un texto de acuerdo no es del todo imposible, porque estos señores que están negociando hoy no tienen que inventar la rueda; tampoco hay que empezar de cero. Nosotros les hemos dejado los parámetros posibles de un acuerdo. Hay que mover un poco ahí, un compromiso más y menos, pero al fin y al cabo, están muy cerca. El texto de un documento no es improbable. Pero hoy el problema ya no es el texto, el problema es el contexto.
El contexto de un sistema israelí altamente disfuncional, con un primer ministro que no parece que alguien esté dispuesto de comprar de él la división de Jerusalén; no tiene el carisma, no tiene el enganche, no tiene el apoyo necesario para tales decisiones históricas. En la parte palestina estamos negociando con un señor que a lo mejor es el sheriff de Ramalah; no tiene control sobre sus propias milicias de Al Fatah, ya no le digo lo de HAMAS. O sea que un texto de acuerdo entre israelíes y palestinos hoy corre el riesgo de convertirse en otro acuerdo de Ginebra, en una especie de acuerdo virtual que se queda en el archivo. Eso crearía desesperación mayor entre los palestinos y restará apoyo popular a la opción de dos estados. Yo creo que estamos en la ultima oportunidad de salvar la opción de dos estados, porque si ahora fracasamos esa opción que nunca pareció ser muy atractiva para los dos pueblos, pues perderá su ultima oportunidad. Y claro, tenemos también una presidencia norteamericana que no tiene ya poder internacional, que no tiene ya capacidad de influir, que nadie ya la toma en cuenta en la zona.
Actores internacionales
JZ: A propósito de que, efectivamente, se trata de una administración que está llegando a su fin en varios sentidos, ¿cree Ud. que Obama, Clinton o McCain puedan suponer un cambio en la situación?
BA: Siempre cabe la posibilidad de que sí, independientemente de quien será el presidente norteamericano, tiene que estar bien asesorando y saber que esto primero sería un error llegar otra vez a la cuestión palestina en la última etapa del mandato, como hizo Clinton y ahora Bush; que lo hagan desde el principio. Si lo hacen desde el comienzo y empiezan a ejercer presión sobre las partes; insisto, presión sobre las partes, no hay que dejarles solos; en el momento que se les deje solos no serán capaces de hacer las cosas. Hay que presionar, hay que dar incentivos. La presión puede ser en forma de incentivos también, que las partes necesitan. Hay que crear alianzas internacionales con los países árabes, con el Cuarteto, para cerrar todas las válvulas de escape, porque cuando se les da una oportunidad escapan. Hay que crear esos marcos que den incentivos y que crean presiones sobre las partes para que asuman lo inevitable. Porque si lo único que se hace es que la señora Rice aparezca cada dos meses para ver cómo van las cosas, eso no va a funcionar.
J.Z. Ahora, yendo al otro lado del océano, en Oriente Medio Ud. sabe que hay una frustración con la Unión Europea. Se dice que paga pero que no hace política. ¿Debería hacer algo distinto?
BA: La Unión Europea lo que tiene que hacer es influir en los Estados Unidos más que en la zona. La Unión Europea no tiene hoy un peso importante en el proceso como tal, tiene un peso en lo que es ejercicio de poder blando, asistencia, consejo, el modelo europeo como algo que atrae, sí, en el plan de poder blando; pero en lo que se refiere a las negaciones políticas creo que si Europa y Estados Unidos estuviesen de acuerdo en crear un espacio común, para tener una política común en la zona -cosa que no han tenido en Iraq-, y cosa que sí tienen que tener en el Medio Oriente; eso sí, es ahí donde Europa puede influir. Puede influir en formar parte de un espacio atlántico, trasatlántico, que tenga una política común en la cuestión israelí-palestina, en la cuestión israelo-árabe, que puedan actuar en conjunto. Eso aún no lo han hecho. Si lo que se ha quebrado en Bagdad fuera corregido en Jerusalén, eso sería una contribución para la paz. Siempre le decía a Javier Solana, (1º Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común) cuando él venía a Israel, ¡bienvenido!, pero vaya Ud. a Washington, es ahí donde tienen ustedes que ejercer la influencia necesaria para tener con los norteamericanos una política común.
JZ: Si Ud. volviese a ser ministro de Relaciones Exteriores de Israel, ¿cuáles serían las primeras medidas que le sugeriría a su primer ministro?
BA: Pues ir a un acuerdo con ambas partes, con Siria y con los palestinos. No tener miedo de las consecuencias. Hoy la gente tiene ansias de liderazgo, de que les enseñen un camino. No hay que titubear. El precio de esta paz es conocido. No hay que inventar la rueda. Vamos adelante para acabar con el conflicto israelo-árabe antes de que el Apocalipsis nuclear caiga sobre todos nosotros, que es lo que está ocurriendo en esa parte de mundo ahora.
*José Zepeda es Director del Departamento Español de Radio Nederland.





























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