Enfrentando fuertes recortes de presupuesto de hasta 30 mil millones de euros y divididos por un acalorado debate sobre inmigración, Holanda se apresta a votar en elecciones parlamentarias en tiempos turbulentos.
Los comicios del 9 de junio, fueron convocados después de la caída del actual gabinete a raíz de una fuerte tormenta política sobre la prolongación de la misión militar en Afganistán. El colapso de febrero marcó la cuarta caída en serie de un gobierno encabezado por el democristiano Jan Peter Balkenende, y muestra cuán dividida se encuentra la antaño estable política holandesa.
El tema más importante en esta elección es el recorte de presupuesto. Debido a la reciente crisis financiera y la consiguiente caída de la economía, el gobierno holandés está operando con déficit. El próximo gabinete estará forzado a hacer reducciones, muchas de ellas drásticas. Partidos políticos han venido presentando sus plataformas y todos, desde la izquierda hasta la derecha, proponen recortes de gastos del gobierno para los próximos cinco años de entre 10 y 30 mil millones de euros.
Propuestas drásticas
Algunas de las propuestas más drásticas incluyen la eliminación de ayuda al desarrollo, reducción de gastos militares a la mitad y el despido de miles de funcionarios. Éstas seguramente no pasarán, pero los electores se enfrentan a la real perspectiva de tener que pagar más por su salud, ver reducidos sus beneficios de desempleo y tener que trabajar por más tiempo.
Si la perspectiva de masivos recortes no son suficientes para ganar la atención de los votantes, los problemas alrededor de la integración también desempeñarán un importante papel en la campaña. Diez por ciento de los residentes de Holanda, es decir un millón ochocientas mil personas, son inmigrantes no occidentales o sus descendientes. Algunos partidos políticos, muy especialmente el Partido por la Libertad del derechista Geert Wilders, han tocado una fibra sensible entre parte del electorado poniendo a la integración como un grave problema.
Votantes variables
Éstas son las segundas elecciones nacionales en las que participa el Partido por la Libertad. Fue fundado por Geert Wilders en 2005 después de renunciar al partido liberal VVD. A pesar que la colectividad es bastante nueva, los sondeos la ubicaban hasta hace poco entre las más grandes del país. Anteriormente, un partido de similar ideología, la lista Pim Fortuyn, casi se convirtió en el partido más votado cuando participó por primera vez en una elección nacional en 2002.
El Partido por la Libertad obtuvo una importante victoria recientemente en elecciones locales en la ciudad de Almere, alzándose con la mayoría, y obteniendo el segundo lugar en La Haya.
Al igual que anteriormente la lista Pim Fortuyn, el partido de Wilders se aprovecha de una nueva tendencia en la política holandesa: los electores se han tornado variables. Ya no hay una lealtad por un partido de una elección a otra. Al igual que Pim Fortuyn (asesinado en 2002), Geert Wilders sabe cómo ganar a esos votantes.
Muchos partidos
Por cierto, tampoco ayuda demasiado que haya tantos partidos distintos en Holanda. No existen límites sobre cuántos escaños necesita un partido para acceder al Parlamento. Si uno tiene suficientes votos para un solo escaño, ya está dentro. Para ello necesita cerca de 65.000 sufragios.
El actual Parlamento holandés cuenta once partidos, y no es raro que llegue a doce o trece. Sesenta y un partidos hay sido registrados para participar en las elecciones de junio.
Dolor de cabeza
Muchos partidos significa también un gran dolor de cabeza cuando se trata de gobernar. Un partido nunca gana por mayoría absoluta de 76 escaños en el Parlamento. Por tal razón después de las elecciones, el partido triunfador comienza a sondear uno o más partidos para formar una coalición. Los últimos gabinetes han estado compuestos por tres partidos.
Pero este año se prevé que sea todavía más difícil formar una coalición. Los tres partidos principales no van bien en los sondeos, habiendo perdido popularidad ante otros partidos, como el de Wilders. Muchos piensan que por lo menos se necesitarán cuatro partidos para alcanzar una mayoría, tornando muy difíciles las negociaciones acerca de qué políticas deben ser implementadas, y sobre la distribución de los puestos ministeriales.
Y todo esto en un momento donde el debate es dominado por dos temas potencialmente explosivos: los recortes de presupuesto y la integración. El camino que espera a la política holandesa se vislumbra como muy duro.





























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