Un obispo católico holandés permaneció en su diócesis en Kenia dos años después de que el Vaticano recibiera información sobre los abusos cometidos por el obispo contra un menor. Cornelius Schilder se jubiló con retiro anticipado en 2009, oficialmente por motivos de salud. La dirección de su congregación piensa que Roma podría haber actuado antes.
Con contribución de la redactora Hettie Lubberding
“Me ofreció un café, me mostró mi dormitorio y de inmediato comenzó a manosearme”, cuenta Michael Ole Uka describiendo el primer encuentro con Schilder. El acusador keniano, de 32 años, miembro de la tribu Masai, hace públicas sus denuncias por primera vez. Uka reveló nuevos detalles del caso en un documental televisivo transmitido por la cadena RTE el lunes por la noche. Radio Nederland obtuvo de RTE material de entrevistas no editadas, la mayoría de las cuales no han sido emitidas aún.
“Todos lo hacen”
Uka afirma que su vida ha quedado arruinada mientras el obispo disfruta de su jubilación en Europa. Cuenta que Schilder comenzó a abusar sexualmente de él cuando tenía 14 años. Uka acusa a otro miembro de la congregación Mill Hill, un sacerdote irlandés llamado ‘Gerry’, de abuso sexual que comenzó cuando Uka sólo tenía 7 años. En consecuencia, Gerry fue obligado a abandonar el sacerdocio.
Uka cuenta que conoció a Schilder cuando era cura párroco en Ngong, Kenia, a principios de los 1990. ‘Me preguntó si había tocado a Gerry y le dije que sí’, contó Uka. ‘Entonces me dijo que lo toque a él y haga lo que hice con Gerry. Yo creía que todos los curas lo hacían. Sabía que era algo malo.’
Cornelius Schilder (69), que actualmente vive en un retiro de la misión Mill Hill en Holanda, insiste en su inocencia y se niega a hacer declaraciones a la prensa. Schilder es el primer obispo holandés que recibe un castigo del Vaticano por abuso sexual de un menor, y ya no tiene autorización para ejercer como obispo o sacerdote. Su destitución ocupó los titulares en marzo de este año, cuando la noticia se publicó en el periódico keniano The Daily Nation
Demasiado tiempo
Los cargos contra Schilder fueron investigados por su propia congregación en Kenia y enviados al Vaticano en 2007. Sin embargo, el obispo permaneció en su puesto por otros dos años antes de ser destituido por Roma.
Anthony Chantry, jefe de los Misionarios de Mill Hill en el mundo, afirma que ‘desde su propia experiencia, probablemente es demasiado tiempo. Eventualmente llegan a la acción pero sin duda se toman el tiempo.’ Hablando en público sobre el caso también por primera vez, Chantry declaró a RTE su frustración y espera que el Vaticano ‘acelere estos procesos’.
Vergüenza
Después del abuso, Uka se dio cuenta que había sido manipulado. ‘Esa noche, Schilder me mostró mi habitación. Sólo más tarde descubrí que era su propio cuarto. Lo que también descubrí es que los sacerdotes se conocían entre sí, que Schilder sabía lo que pasaba entre Gerry y yo. Es como si alguien fuera dueño de tu vida. Me siento muy avergonzado.’
‘Motivos de salud’
A pesar de la posibilidad de que el obispo haya abusado a otros que no lo han denunciado, el reverendo Chantry defiende la decisión del Vaticano de no revelar a los feligreses la verdadera causa de la destitución de Schilder: ‘Imagino que para ellos lo importante es que sea retirado de la diócesis y se encuentre en una posición donde era supervisado y controlado.’
Chantry admite que no informó a los feligreses kenianos sobre el abuso porque temía una represalia del Vaticano. ‘Creo que probablemente me preguntarían por qué asumí la responsabilidad de hacer eso. Recientemente se habían publicado artículos en los periódicos locales, de modo que alguna información es de dominio público. La gente sabe lo que sucedió’, dijo Chantry.
Vaca de compensación
Uka se siente aislado después de haber hecho públicas sus denuncias. ‘A veces me lamento de haber hablado, pero no me lamento del hecho de que hayan destituido a Schilder. Sin embargo, es muy difícil porque la gente dice barbaridades sobre mi persona. Me preguntan por qué lo conté en público.’ Uka también teme que sus hijos alguna vez se enteren de su pasado. ‘Si no fuera por estos problemas que me persiguen, yo habría sido un buen padre.’
Según Uka, Schilder se negó a reconocer el abuso durante un encuentro arreglado por la congregación Mill Hill en Kenia, antes de que el caso fuera remitido al Vaticano. Pero Uka asegura que poco después del encuentro Schilder se puso en contacto con él y le ofreció una vaca. En la tradición Masai, explica la víctima, se suele ofrecer una vaca como compensación por algún daño causado. ‘Es un cobarde, un mentiroso, no es una buena persona, en absoluto’, dice Uka.
Sin justicia
Anthony Chantry quiere que se conozca públicamente el hecho de que los Misionarios de Mill Hill han ayudado a Michael Ole Uka, ofreciéndole counselling y tratamiento médico. Uka dice que también ha recibido ayuda financiera de su antigua parroquia en Ngong. Sin embargo, no siente que se haya hecho justicia. ‘Los padres de Mill Hill intentaron traer justicia pero yo no la veo. Sigo creyendo en Dios, y rezando, pero no en la iglesia.’

























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