Como hemos visto en anteriores capítulos en torno a la sexualidad en los adolescentes, la confusión es uno de los elementos característicos de esta época de la vida, y en el hecho sexual en particular, no en vano los descubrimientos los hace cada cual a su manera, según sus circunstancias, y la interpretación que de ellos se haga. Esta confusión aumenta cuando los muy jóvenes se plantean un modo de entender la sexualidad, que no coincide con los de la mayoría, es decir, cuando se preguntan por el hecho homosexual.
Por Rosario Cutillas
Actualmente es un tema a debate, y abundan las teorías que tratan de explicarlo por factores genéticos, educacionales o psicológicos, sin que se haya llegado a ninguna conclusión. Por otra parte el origen, sea cual sea, cambia poco el tono del debate a la hora de vivir (y dejar vivir), a cada cual con sus deseos.
La mayoría de los muchachos y muchachas adolescentes fantasea en algún momento con apetencias homosexuales, siendo además muy común una especie de "enamoramiento" por una persona del mismo sexo, y que de algún modo, cuando ese "enamoramiento" remite, proporciona al individuo un punto de partida (que no de llegada), en el que sus inclinaciones sexuales se irán encaminando hacia un modelo definitivo.
Es por ello muy conveniente que estas experiencias que en principio pueden ser, y de hecho lo son en gran número de casos, de carácter homosexual, tengan una fácil salida y expresión en la vida de los individuos, pues es en estos momentos cuando la sexualidad de los jóvenes se está definiendo, lo que hace preciso, por parte del entorno, una actitud de tolerancia y naturalidad.
En que consiste esa tolerancia y naturalidad, no es fácil traducirlo a comportamientos prácticos, sin embargo, a poco que atendamos a nuestro alrededor, veremos como muchos actos cotidianos están impregnados de rechazo y estigmatización hacia las personas homosexuales, por lo que padres y educadores tienen, cuanto menos, la posibilidad de ofrecer una visión distinta a aquellos jóvenes de los que se ocupan.
Reflexiones prácticas
- Tratar de separar el sentido del humor, ese bien por otra parte tan preciado, de los "chistes" a propósito de homosexuales. Son tan abundantes y encuentran tanto eco, que no es de extrañar que los jóvenes aprendan una lección de escarnio, ridículo y marginación respecto de la homosexualidad.
- Cuidar el lenguaje en cuanto a sus connotaciones referidas al hecho homosexual: En el medio familiar, en cualquier reunión de amigos, e incluso en algunos medios de comunicación, se expresan los más soeces y despiadados insultos y humillaciones hacia los homosexuales. Es impensable que esto mismo se haga con la mayoría heterosexual.
- Favorecer en las familias y las aulas un clima de revisión, de manera que los jóvenes, los más vulnerables, no se vean sometidos a chantaje emocional ni tortura psicológica, ante el eventual descubrimiento de su orientación sexual.
- Proporcionar información, dialogo, apertura y tolerancia allí donde los estereotipos han puesto estigmas, rechazo, silencio y culpabilidad.
Por último, es de interés que los propios jóvenes reflexionen sobre estas cuestiones arriba apuntadas, de manera que aprendan que la violencia, tanto activa como pasiva, queda muchas veces encubierta, e incluso aplaudida, cuando se ejerce a través de comportamientos aceptados por la mayoría. Esto es particularmente cierto en la violencia ejercida contra el mundo gay y lésbico.





























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