En los capítulos anteriores, hemos visto tanto los cambios físicos y psíquicos que ocurren en la adolescencia, como las preguntas más urgentes a la que se enfrentan los jóvenes, si bien hay otras cuestiones de interés respecto al hecho sexual, que despiertan igualmente la curiosidad, cuando no la angustia de quienes por su edad, se inician en la sexualidad como un modo real de actividad, en el sentido de que sus cuerpos, aunque en constante cambio, se sienten más o menos preparados para iniciarse en experimentar todo aquello que el sexo ofrece.
Las formas de vivir la sexualidad son diversas, y puede decirse sin temor que hay tantos modos de vivirla como individuos, de manera que explicaremos brevemente algunos conceptos, en nuestro afán de que los jóvenes tengan una óptima información al enfrentarse a la suya propia, a su modo de vivir la sexualidad, que como hemos dicho, será única, como lo es cada persona.
DESVIACIONES SEXUALES
Hasta hace pocos años se hablaba de "perversiones sexuales" para denominar aquellos comportamientos que no obedecen a la norma en el sentido de lo común, lo más corriente o abundante; hoy se prefiere hablar de desviaciones, si bien es necesario tener en cuenta que el límite entre lo "normal" y sus desviaciones suele ser difuso.
Decimos que una persona sufre algún trastorno sexual, cuando son incapaces de concordar su sexualidad con formas normales de excitación; esta incapacidad se conoce en Ciencia como "Parafilia", y con frecuencia se asocian más de una en el mismo individuo.
EXHIBICIONISMO
En este trastorno la excitación sexual viene dada por el hecho de mostrar los genitales a extraños. El exhibicionista no busca contacto físico alguno con la víctima, por lo que no entrañan un peligro real en el sentido de violencia, aunque el factor sorpresa de la víctima ocasiona un gran susto, con sentimientos de confusión y miedo. Las consecuencias posteriores pueden ser importantes para la víctima, ya que la desconfianza aparecerá en el encuentro fortuito con desconocidos, y por tanto en su vida social.
FROTTEURISMO
El impulso sexual se manifiesta por el contacto de los genitales con desconocidos. Los lugares elegidos son grandes aglomeraciones, en donde el hecho del frotteurismo, puede pasar desapercibido. Un escenario frecuentemente elegido por estas personas son las aglomeraciones de los transportes públicos.
PEDÓFILIA
O atracción sexual por los niños. Para obtener los favores sexuales de estos, el pedófilo recurre al acoso, la intimidación, e incluso la violencia, tanto física como psicológica. El acoso puede dirigirse a niños desconocidos, pero también es muy común que suceda dentro de la familia o amistades de esta, lo que dificulta la defensa del niño, ya que estos son víctimas sumamente vulnerables para usar en ellos amenazas, castigos, e incluso complicidad para mantener su silencio.
MASOQUISMO
Desviación caracterizada por el hecho de que el sujeto logra su excitación, apoyado en el sufrimiento físico y la violencia proporcionada por su pareja, a la que exige golpes, ataduras dolorosas, latigazos, etc.
SADISMO
Caso en el que la excitación sexual, la provoca el sufrimiento físico o psíquico inflingido a la víctima, en la que frecuentemente se incluye la práctica de actividad sexual en contra de la voluntad de la pareja, lo que añade una dosis de violencia. Como en el caso anterior, el sujeto usa de golpes, bofetadas, quemaduras en la piel, uso de objetos cortantes, etc.
FETICHISMO
En este caso, el impulso y la excitación sexual se consigue mediante la manipulación de determinados objetos, que suelen ser prendas íntimas femeninas tales como medias, ligueros, calzado, e incluso objetos sadomasoquistas, tales como látigos o ropa asociada a la violencia urbana.
COMENTARIO
Como antes se ha apuntado, el límite entre las fantasías sexuales, y los trastornos reales es impreciso, difícil de separar con nitidez; no obstante los especialistas en sexualidad están de acuerdo en que para hablar de parafilia, es preciso que el trastorno de mantenga un periodo mínimo de seis meses.
Las fantasías tienen poco que ver con un trastorno real, sobretodo en el sentido que no incapacitan al sujeto, para otras formas de expresión y comunicación sexuales que incluya a un compañero, a la capacidad de compartir con otro el hecho sexual, y a disfrutar de este sin la dependencia de objetos, ni mucho menos sufrimiento ajeno.
Dar cabida a fantasías, estimula el impulso sexual, y es fuente de riqueza y diversidad, si bien nada tiene que ver una estimulante fantasía, con la dependencia de objetos que supone el fetichismo, del mismo modo que no observa ningún punto de conexión el propiciar el contacto con nuestro objeto de deseo, con el frotteurismo o el exhibicionismo.
*Rosario Cutillas:
Especialista en Ginecología y Obstetricia (Matrona) por la escuela de Santa Cristina de Madrid (Universidad Complutense).
Diplomada en Educación Maternal por la Escuela de Santa Cristina de Madrid (Univ. Complutense),
Diplomada en Neonatologia y Medicina Perinatal por la Escuela de Santa Cristina de Madrid (Univ. Complutense)
Monitora de educación sexual titulada por la Sociedad Sexológica de Madrid, España.




























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