La decisión de la Corte Suprema de Justicia de Chile de desaforar al general Augusto Pinochet allana el camino para que sea juzgado por los crímenes cometidos en la llamada Operación Cóndor y abre la puerta para un juicio internacional sin precedentes.
En sus considerandos, la máxima instancia judicial del país dice que Pinochet tuvo conocimiento de los asesinatos y las desapariciones forzadas perpetradas en el marco de la Operación Cóndor. La campaña fue coordinada por las dictaduras militares de seis naciones suramericanas: Chile, Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay.
No podía ser de otra manera, y aunque no es cierto que la verdad termina imponiéndose siempre, sí ocurre en este caso. No podía ser de otra manera, porque los antecedentes históricos son conocidos y han sido publicados por sus propios autores. Tal y como consta en los documentos del Congreso estadounidense y de la CIA, es en la década de los sesenta cuando se gesta la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional, destinada a dar enérgica respuesta a la versión regional de la guerra fría y a la ascendencia que ejercía la entonces joven revolución cubana.
Estados Unidos utiliza la academia panameña Escuela de las Américas para convencer a la oficialidad latinoamericana de que el enemigo es interno, que es preciso ir a la salvación de la patria mediante el uso de la fuerza para extirpar el cáncer comunista. Pero no bastaba con una política de contrainsurgencia nacional, era preciso coordinar esfuerzos y dejar momentáneamente de lado las soberanías nacionales.
De tal forma, la teoría de las fronteras internas allana el camino para planificar la eliminación de los adversarios políticos mediante el intercambio de información, la libre circulación de los asesinos y el traslado ilegal de personas arrestadas y secuestradas.
Toda esta actividad planificada por las fuerzas armadas de estos países fue el fruto de la coordinación de sus máximos representantes, que por esos años encabezaban las dictaduras militares.
A Augusto Pinochet jamás se le pasó por la mente que acabaría siendo despojado de todos los poderes que lo hicieron tristemente famoso; que de amo y señor, pasaría a ser acusado de crímenes sin nombre; de líder indiscutido con fuerte apoyo civil a sujeto abandonado por partidarios que se apresuraron a alejarse de un inculpado de delitos vinculados al robo y el enriquecimiento ilícito.
Pero, así como la Operación Cóndor tuvo características internacionales, también lo tendrán sus consecuencias. A sus 88 años, Augusto Pinochet será probablemente la figura que precipite otros juicios similares, porque no es dable imaginar que las justicias de las otras naciones involucradas puedan permanecer impasibles ante esta decisión de la Corte chilena, que ciertamente las compromete.
Hasta ahora, la impunidad colectiva a escala internacional fue posible, porque estaba basada en el silencio y la complicidad mutua. Ya no es así. Por tanto, Pinochet puede pasar a la historia como el elemento desencadenante del primer juicio globalizado del siglo XXI.
*José Zepeda Varas: Director del departamento Latinoamericano





























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