Una misión de seis diputados brasileños llega a Honduras con el fin de estudiar la crisis política del país y la situación de la embajada de Brasil, donde se aloja el presidente depuesto Manuel Zelaya.
Mario de Freitas / Pablo Gámez
La delegación cumplirá una agenda que incluye una visita a la sede diplomática, entre otras actividades, informó a los periodistas en el aeropuerto de Tegucigalpa el diputado Raúl Jungmann, promotor del viaje y coordinador del grupo.
Zelaya permanece desde el 21 de septiembre en la legación brasileña, con medio centenar de personas más, después de ingresar clandestinamente a Honduras.
Los diputados brasileños se reunirán con representantes de la Corte Suprema de Justicia y el Parlamento; el comisionado de los Derechos Humanos, Ramón Custodio; la comunidad brasileña residente en Honduras, empresarios y otros representantes de la sociedad hondureña, indicó el legislador.
Jungmann subrayó que el grupo visita Honduras "en una misión de paz", con la esperanza de "poder contribuir para que se encuentren convergencias y, sobre todo, que se tenga una salida pacífica para esta crisis," causada por el derrocamiento de Zelaya el 28 de junio.
"Nuestra preocupación, por principio, es con la Embajada y con las relaciones de la comunidad brasileña acá en Honduras," pero "evidentemente que la preocupación más general es que Honduras pueda superar esta crisis pacíficamente, rápidamente," remarcó Jungmann.
El diputado brasileño recomendó a los hondureños "el diálogo, que es fundamental, y segundo, que se busque una salida democrática, convergente entre todos".
Al mismo tiempo, descartó que la misión pueda asumir un papel "mediador" en la crisis hondureña, pues su función es de "diplomacia parlamentaria", y explicó que no se reunirá con representantes del Gobierno de facto porque las relaciones diplomáticas bilaterales "están en suspenso".
Jungmann indicó que los diputados esperan "llevar a Brasil buenas noticias sobre Honduras".
Otro miembro de la misión, Mauricio Rands, dijo desear que los hondureños recurran al "diálogo para que la crisis sea superada en lo más breve posible". "Deseamos una solución pacífica,” agregó, ”diálogo, entendimiento nacional, lo que es bueno para Honduras y es bueno para toda la comunidad del continente americano”.
Los otros miembros de la misión son Bruno Araújo, Cláudio Cajado, Ivan Valente y Janete Pietá.
El viaje, aprobado por la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, tiene como objetivo conversar con representantes de la comunidad brasileña en Honduras y saber si han recibido alguna presión o amenaza por la decisión del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva de acoger a Zelaya en la sede diplomática.
Papel de Brasil
La situación en Honduras ha puesto a prueba el papel conciliador del gigante sudamericano. La presencia de Zelaya en la embajada brasileña, sumada a la condena del Gobierno a la gestión de facto de Roberto Micheletti, situó a Brasil en el centro de la crisis hondureña, pero en una posición que le impide actuar como mediador o interlocutor para facilitar una solución negociada.
"El protagonismo de Brasil quedó marcado por la opción del presidente Zelaya de escoger nuestra embajada, pero la resolución de esta crisis puede ser negativa, como por ejemplo si hay estallidos de violencia," sostuvo Fabio Reis, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Minas Gerais.
En la visión de Reis, en caso de episodios de violencia, "ese protagonismo de Brasil puede adquirir connotaciones negativas", y por ello la cancillería ha buscado convencer a Zelaya de que evite insuflar los movimientos sociales desde su refugio diplomático.
En interpretación de la especialista Maria Araújo, de la Universidad Federal Fluminense, "Brasil pasó por problemas localizados, como los ocurridos con Bolivia, Ecuador o Paraguay. Pero ahora está en el centro de una situación que preocupa a la propia ONU y a organismos regionales como la OEA".





























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