Nuevos acuerdos sobre el río Nilo deben proporcionar una salida a una vieja controversia. El agua de ese río vale -casi literalmente- oro. Por lo tanto, una división justa parece difícil de lograr.
El Nilo, el segundo río más largo del mundo, pasa por una decena de países, y es esencial para la agricultura y la economía de Sudán y Egipto. Pero, los otros países de la ribera deben contentarse con ver pasar el agua delante de sus narices y quieren que eso cambie.
Koen Roest, del instituto de investigación Alterra, en Wageningen, quien participó en los últimos cuatro años en un proyecto hidrográfico para el Nilo, nos explica qué es lo que quieren exactamente los países menos favorecidos por los que pasa el río.
"Quieren, en cualquier caso, desarrollar proyectos con los que puedan aprovechar el agua del río. El más de ellos importante es generar electricidad a través de centrales hidroeléctricas. La mayor parte del agua va a la agricultura, pero la electricidad, especialmente en las regiones de curso alto, no necesita tanta agua.
Ríos fríos
Esto ocurre porque las zonas de curso alto del río se encuentran en las montañas de Etiopía. Allí hace mucho más frío y el agua recogida allí en profundas represas para crear corriente, casi no tiene la posibilidad de evaporarse. Pero la agricultura ocupa justamente enormes cantidades de agua del río. Las plantas absorben el agua con sus raíces y la dejan evaporar con las hojas.
Por lo tanto, sería más conveniente para Egipto obtener el agua de las centrales etíopes de la zona alta del río, que procesarla a través de su propio megaproyecto, el dique de Aswan. El río Aswan está ubicado en una región cálida, no es profundo y tiene una gigantesca superficie de agua, pero el 10 por ciento de la valiosa agua del Nilo se pierde de esta manera.
Buena administración del agua
Un buen acuerdo entre los Estados del Nilo puede ahorrar mucha agua, lo cual puede beneficiar a los países menos favorecidos. Koen Roest participó durante años en un proyecto en la zona del Nilo y de otros seis grandes lagos. En la práctica, organizaciones locales adquirieron experiencia con buena administración del agua.
Los participantes se hicieron conscientes de que no es razonable dividir primero las aguas del Nilo y posteriormente estudiar su aplicación. Un ejemplo: Egipto necesita 7.000 metros cúbicos de agua para regar una hectárea de maíz, pero con la misma cantidad en Uganda se pueden regar diez hectáreas. Si, además, se utilizan los conocimientos egipcios en agricultura, y las ganancias se podrían llegar todavía a duplicar o incluso a triplicar.
Lentas negociaciones
En otras palabras, se debería discutir primero sobre los beneficios y, sobre esa base, dividir el agua. Koen Roest no está en condiciones de asegurar si esto significa que los países del Nilo podrán ponerse de acuerdo rápidamente, pero las lentas negociaciones son, en esta parte del mundo, también una forma de táctica.





























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