La incipiente recuperación en el mundo financiero y la incapacidad de satisfacer la demanda energética con energía verde, contribuyen a fomentar el interés por la energía nuclear como alternativa.
En tiempos revueltos, las materias primas son un valor seguro. Ahora que las acciones bursátiles registran una recuperación en todo el mundo, los inversores buscan, sobre todo, seguridad, en oro y petróleo, pero también en uranio.
Un hueco en la tierra de tres kilómetros de largo, dos de ancho y uno de profundidad. Desde su apertura, en 1976, enormes remolques transportan uranio día y noche para su utilización en centrales nucleares. Los trabajadores viven con sus familias junto a la mina en una nueva ciudad de unos 50.000 habitantes. Así describe Joseph Wilde, de la organización de desarrollo SOMO, la mayor mina de uranio del mundo, que se encuentra en Namibia.
La mina Rössing está estratégicamente situada en el desierto namibio, a 150 kilómetros de un puerto. El yacimiento estaba incluido en una lista para su clausura, sin embargo, la empresa australiana Río Tinto, propietaria de la mayoría, optó por mantenerla abierta. La decisión guarda relación con el renovado interés por la energía nuclear, evolución a la que Namibia responde hábilmente. En los últimos dos años, se han concedido alrededor de cien nuevos permisos de exploración, afirma Wilde, con todas las consecuencias para la infraestructura de servicios.
“Tiene muchas consecuencias para la infraestructura, sobre todo agua. Una mina de uranio utiliza mucha electricidad y mucha agua para separar el uranio del mineral. Además, está el transporte, pues muchas minas nuevas se encuentran en el desierto, pero otras en el norte de Namibia, donde vive mucha más gente y se hallan muchas reservas naturales.”
Alternativa
Como consecuencia del debate climático y la incapacidad para cubrir la necesidad energética mediante tecnología verde, renace el interés por la energía nuclear. El propio James Lovelock, un célebre científico, defiende este tipo de energía como una digna alternativa. India y China se proponen construir decenas de nuevas centrales en los años venideros. De la misma manera, en Europa se juega prudentemente con la moratoria voluntaria sobre energía nuclear.
En el 2003, un inversor de Ámsterdam fue uno de los primeros del mundo en percibir el potencial del mercado del uranio. En aquel entonces, por primera vez los activistas medioambientales dijeron claramente que no rechazaban sin más la energía nuclear. El influyente James Lovelock no veía otra manera de solucionar el problema energético. No obstante, no es fácil invertir en empresas que explotan minas de uranio o que construyen centrales nucleares, como reconoce Maarten Friederich de la amsterdamesa empresa financiera, especializada en gestión de capitales IVM Vermogensbeheer.
A su juicio, se han generado muchos resultados, tanto en sentido positivo como negativo. “Genera muchísima movilidad y tanto nosotros como nuestros clientes nos hemos beneficiado de ello,” comenta, “pero, cuando en el 2007 los negocios descendieron sustancialmente, la baja fue enorme y nos perjudicó enormemente".
Recuperación del mercado
El mercado aún no se ha recuperado del bajón del 2007, pese a que el negocio del petróleo va mejorando poco a poco. Para Friederich, es una cuestión de tiempo, aunque no se atreve a hacer pronósticos concretos. Los inversores interesados han de tener en cuenta que se trata de una inversión a largo plazo.
"Existen dos factores importantes,” precisa Friederich, “en primer lugar, la necesidad de reducir las emisiones de CO2 hace que la energía nuclear desempeñe un importante papel. En segundo lugar, el enorme interés de algunos países en poseer uranio y enriquecerlo. En ese caso, ciertamente se puede dudar de las motivaciones. No obstante, éstas son las tendencias que hacen que finalmente la demanda se mantenga alta."
Radiación y contaminación
La extracción de mineral de uranio es claramente perjudicial con el medio ambiente. En los alrededores de las minas quedan grandes cantidades de residuos radioactivos y la contaminación permanece. Antiguos trabajadores de la mina Rössing padecen problemas de salud, y muchos de sus antiguos compañeros de faena murieron de cáncer. Según la empresa Río Tinto, los trabajadores solo están expuestos a dosis bajas de radiación, no mucho más que las radiaciones ambientales normales. Joseph Wilde, del centro SOMO (Centro para la Investigación de Corporaciones Multinacionales), opina que, a la larga, el trabajo en la mina tiene sus costos sobre la salud.
En Namibia se han concedido alrededor de cien nuevos permisos de explotación, pero, finalmente, no se abrirán más de cinco nuevas minas. Namibia no se da prisa para ello, afirma Joseph Wilde, ya que el país tan sólo recibe un pequeño cinco por ciento del beneficio.
Según el experto de SOMO, la situación actual no beneficia a Namibia, ya que sólo una pequeña parte de las ganancias se queda allí. Sin embargo, las comunidades locales y los trabajadores sufren las consecuencias de las radiaciones y la contaminación que este tipo de explotaciones trae consigo.
Wilde considera la industria del uranio como una difícil elección entre dos males. Cabe preguntarse si, desde el punto de vista ecológico, las centrales nucleares constituyen una solución para el problema de la energía. Las minas ofrecen oportunidad de trabajo, aunque ello conlleva un grave riesgo para la salud. Finalmente, señala Wilde, la opinión de la población local, cuenta. "En ese caso han de encargarse de que mejore la seguridad."





























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