La presencia de inmigrantes en el cuerpo de policía de Ámsterdam ha contribuido a reducir la problemática existente en ciertos barrios capitalinos con alto índice de criminalidad juvenil.
"Procedemos de un país cuyo Gobierno trata a la población de otra manera. Así es que me resultó muy difícil convencer a mis padres de que Holanda era diferente, de que vivimos en una democracia y que la policía aquí está del lado del ciudadano y no en su contra".
Mustafá Rahali, agente de policía en Ámsterdam, nació en Marruecos y, de niño, vino a Holanda con sus padres. Ahora, como "guardia urbano", dedica su energía a solucionar problemas en Overtoomse Veld, un barrio de la periferia de Ámsterdam con una gran población inmigrante.
Desconfianza
"No rehuyo el contacto y, a veces, incluso lo busco. Llamo a las casas y la gente me abre la puerta. Digo “soy el nuevo policía urbano y vengo a presentarme”. Los vecinos saben que soy una prolongación del gobierno. Mi uniforme no deja duda. Sin embargo, también ven que me esfuerzo en hablarles en su propio idioma, y lo valoran. Sólo así te ganas su confianza".
A final de los noventa, el Overtoomse Veld era un barrio muy conflictivo, muy "marroquí", con un alto grado de criminalidad juvenil, atracos con violencia y, ocasionalmente, incluso revueltas. La gente desconfiaba de la policía y ésta, por su parte, apenas controlaba la situación porque no había suficientes agentes que hablasen árabe o conociesen la cultura marroquí.
Zona prohibida
A pesar de todo, gracias a los agentes urbanos, en los últimos seis años ha mejorado mucho la situación en el barrio, donde policías de distintas procedencias culturales mantienen contacto con los jóvenes, sus padres y los asistentes sociales. Para tener una idea de cómo se desarrolla este contacto, llamamos a la puerta de un vecino.
"Buenas tardes señor. Esta zona es restringida para la policía. Es zona peligrosa ", bromea Mohammed Malouch con una amplia sonrisa, al tiempo que nos abre la puerta. El amistoso abrazo que se dan hace evidente que estos dos hombres se conocen bien.
Mohammed nos cuenta que, antes, las relaciones entre los jóvenes de este barrio y la policía eran muy tensas. "La imagen del barrio era muy negativa, lo que provocaba extrañas reacciones en la gente, también en la juventud. Los jóvenes se acostumbraron a aterrorizar a la gente, tanto verbalmente como arrojándole objetos. Pasaban cosas muy raras, entonces, pero, la verdad es que las cosas han cambiado mucho".
Proxenetas juveniles
La percepción de Mohammed coincide con las cifras de la policía. Según la comisaría del distrito de Sloterwaart, en la periferia de Ámsterdam, la criminalidad se ha reducido a la mitad en seis años, si bien no dejan de surgir nuevos problemas, como jóvenes proxenetas marroquíes que, con pretextos y ardides, reclutan a jovencitas para ejercer la prostitución".
"En parte se debe a la ingenuidad de las chicas," explica el agente de barrio Mustafá. "ellas creen que los jóvenes, a quienes se conoce como ‘loverboys’, están realmente enamorados pero no es así, sólo quieren utilizarlas".
Nombre de batalla
¿Es difícil actuar en nombre del Gobierno de Holanda contra ciudadanos de tu propia cultura marroquí? ¿Nadie considera a Mustafá como un traidor?
"Desde luego que algunos me consideran un traidor,” reconoce, “pero en realidad se trata sólo de un nombre de batalla, pues, ¿quiénes me consideran un traidor? los que se enfrentan a mí porque violan la ley. Pero la gente a la que ayudo está encantada con mi presencia".
Desde hace años, la policía de Ámsterdam busca personal alóctono. Sin embargo, a pesar de la gran diversidad cultural de la comunidad donde más actúa la policía, sólo el doce por ciento de los agentes es de origen extranjero.
Como inmigrante marroquí, Mustafá tuvo que superar otro obstáculo para entrar en el cuerpo de policía: convencer a sus padres de que la policía está para servir al ciudadano.
"Fue bastante difícil convencerlos. Además de mis padres, otros familiares piensan que no debo pertenecer a la policía, pues, para ellos, la policía es un instrumento del Gobierno para someter a la población. No es fácil hacerles ver que en Holanda es distinto. Si bien al principio fue difícil, no desistí, y el resultado habla por sí solo".





























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