En Holanda las víctimas del tráfico de personas enfrentan a veces un trágico dilema: ayudar a la justicia a castigar a los traficantes o ser deportadas a su país de origen.
En algún lugar de Africa Occidental una muchacha pierde a sus padres y tiene que sostenerse a sí misma, pero las cosas salen mal. Un hombre que promete ayudarla la encierra y la convierte en esclava sexual. Luego le dice que “la rescatará”, dándole la oportunidad de iniciar una nueva vida en Holanda. La chica no sabe lo que es un pasaporte, no tiene idea dónde queda Holanda.
Aterrada
Una vez en Holanda es encerrada de nuevo y continúan los abusos, pero logra escapar y la policía la encuentra en la calle, confundida y aterrada. La trasladan a un centro de acogida de solicitantes de asilo y acepta presentar cargos contra el sujeto que “la rescató”.
Valerie Essenburg es la abogada de la joven africana y acepta hablarnos de ella a condición de que no se revele su identidad.
Doscientos casos al año
Cada año las autoridades holandesas atienden unos 200 casos de víctimas de tráfico de personas. La mayoría de ellas son obligadas a trabajar de manera forzada o a prostituirse. Dado que no todas se atreven a denunciar a sus captores, es probable que el número real de casos sea muy superior al oficial. Además, una vez en Europa las víctimas son trasladadas de un país a otro para evadir a la justicia.
La muchacha africana logró escapar y tuvo la suerte de ser encontrada por la policía. Actualmente vive en un lugar seguro, asiste a la escuela y goza de protección de su identidad. No obstante, dentro de poco podría ser devuelta a su país de origen. Esto porque las víctimas de tráfico de personas consiguen una visa temporal cuando deciden cooperar en el enjuiciamiento de sus abusadores, pero si el caso no avanza en los tribunales, no se les renueva la visa. Lo cierto es que a menudo las víctimas no saben lo suficiente de sus captores como para llevarlo ante el juez.
Amenazas
Adriana van Dooijeweert es directora del Comité Asesor de Asuntos de Migración, que hace poco recomendó al gobierno holandés algunos cambios en el tratamiento de las víctimas del tráfico de personas.
“Muchas víctimas no se atreven a hacer la denuncia por miedo. Los traficantes las amenazan con vengarse en sus familiares, en el país de origen”, explica Van Dooijeweert. “Son personas traumatizadas, en muy malas condiciones sicológicas, y deberían tener un poco más de tiempo para volver a la normalidad y presentar la denuncia”.
Fronteras abiertas
La viceministra de Justicia, Nabahat Albayrak, dijo que no habrá cambios en el procedimiento: las víctimas solo tendrán visa si aceptan cooperar y el juicio sale adelante. La viceministra dijo que Holanda puede hacer muy poco al respecto. La respuesta debe darse mediante una coordinación internacional, dado que Europa tiene abiertas sus fronteras internas.
A la viceministra le interesa que la policía y otros funcionarios de gobierno sepan reconocer a las víctimas de tráfico de personas. Un equipo de educadores está recorriendo el país para entrenar y apoyar al personal encargado de esta tarea. Además, el gobierno holandés está por abrir un nuevo refugio con capacidad para 15 personas.
Rubio, ojos azules
La muchacha de Africa Occidental solo sabía el nombre de pila del traficante que abusó de ella, y lo ha descrito como rubio de ojos azules. Nunca supo la dirección de la casa donde estuvo cautiva, ni siquiera la región del país donde se encontraba. De manera que aun cuando su deseo es cooperar con la justicia, su caso no llegará a la corte, y por lo tanto dentro de poco caducará su visa.
Su abogada está intentando conseguirle asilo en Holanda, pero ser víctima de tráfico humano no es condición para solicitar asilo. El proceso está pendiente.




























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