Mientras el mundo mira horrorizado cómo se extiende la mancha de petróleo en el Golfo de México, en el fondo marino el daño ecológico es invisible, pero tan grave como el que vemos en la superficie.
La constante filtración de crudo a 1500 metros de profundidad, frente a la costa del Estado de Luisiana, Estados Unidos, está causando un desastre ecológico de alcance desconocido hasta ahora. No se trata solamente de los 800 mil litros diarios de crudo que se mezclan con las aguas del mar: este accidente es único porque el petróleo brota directamente de su fuente y por lo tanto contiene substancias altamente dañinas que, en condiciones normales, son eliminadas en el proceso de refinamiento. Hasta ahora las filtraciones provenían de barcos petroleros, es decir se trataba de petróleo destilado.
“Lo que conocíamos hasta ahora eran filtraciones de gasóleo, que afecta a las aves y los mamíferos. Pero el petróleo contiene también substancias semejantes a partículas de hollín (PAK), que son cancerígenas y se disuelven en el agua, y substancias volátiles como tolueno y benceno que son directamente mortales para peces, plancton y mejillones”, explica John Schobben, experto en ecotoxicología del Instituto de Investigación Marina de la Universidad de Wageningen, IMARES.
Misisipi
Después de un accidente petrolero las tareas más importantes son la limpieza y la protección de la costa, y Schobben es el primero en reconocer que los daños ecológicos en tierra son mucho más graves que los submarinos. La desembocadura del río Misisipi es un valioso ecosistema de agua dulce y agua salada. Las tortugas marinas ponen sus huevos en esas arenas y muchas especies de aves hacen sus nidos en la zona. El accidente ha tenido lugar en el peor momento posible para animales y aves: justo en medio de la temporada de reproducción.
Pero, agrega Schobben, no hay que subestimar los daños que están ocurriendo bajo el agua. Una investigación de IMARES muestra que las partículas PAK y las substancias volátiles son causa de prolongados desequilibrios. Basta con que una especie desaparezca para que las otras ocupen su lugar en un proceso de crecimiento descontrolado. Esta situación es conocida como “desplazamiento de especie”.
“Lo que se produce es una situación anormal. Uno puede creer que en un área afectada todo está muerto, pero siempre quedará algo de vida. Lo que se pierde es el equilibrio natural. Este equilibrio termina por recuperarse, pero el proceso toma mucho tiempo”, explica John Schobben.
En el caso del petrolero Braer, que dejó escapar 85 mil toneladas de gasóleo, el año 1993 en las Islas Shetland, la recuperación del equilibrio ecológico submarino demoró 6 años.
Protestas de los pescadores
El uso de productos químicos para dispersar la mancha de crudo aumentará los daños. Los restos de petróleo no se adherirán a las aves y los mamíferos, pero quedarán flotando en gotas justo debajo de la superficie, causando la destrucción del plancton y los moluscos. Pero, como dice irónicamente Schobben, los animales manchados de crudo son más fotogénicos que un pez con cáncer.
“Supongo que los pescadores protestarán, dado que son ellos los que saben que algo no está funcionando. Hay menos peces y mariscos, y lo que sacan del mar huele a petróleo, es decir no tiene valor comercial”, señala Schobben.
Capacidad de recuperación
Las consecuencias del accidente de la plataforma Deepwater Horizon serán de muy largo alcance. Han pasado 20 años del desastre del Exxon Valdez en la costa de Alaska, y hoy todavía no se ha recuperado la población piscícola. Basta patear el suelo para que brote petróleo. Muy pocos científicos creían que esto fuera posible.
No obstante, el ecotoxicólogo Schobben tiene confianza en la capacidad de recuperación de la vida marina. Basta pensar en que los mejillones se reproducen mucho más rápido que las aves.





























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