Kasha Jacqueline Nabagesera pone su vida en riesgo cada vez que tiene que mantener con vida su pequeña revolución. Está joven mujer africana es una decidida activista de los derechos de los homosexuales. Tuvo que dejar su Uganda natal después que un periódico sensacionalista hizo un llamado a que se le ahorcara, junto con sus compañeros activistas. Pero volvió y se niega a abandonar su lucha por la aceptación para ella misma y para sus compatriotas homosexuales, hombres y mujeres.
“En Uganda la gente es a menudo ignorante sobre homosexualidad”, explica Nabagesera en una sorprendentemente suave voz. “Cuando vas a Kampala, [la capital de Uganda] y preguntas por homosexuales te dicen: “¡Mátenlos!” Y cuando preguntas por qué, su respuesta es “porque el predicador en mi iglesia dice que es un pecado contra Dios. Porque políticos dicen que es un crimen. Es por eso que debiéramos matarlos.”
La homosexualidad es todavía un tabú en la mayoría de África y es ilegal en muchos países. El tema ha sido especialmente controvertido en Uganda, donde un parlamentario causó un debate internacional en 2009 al proponer una ley condonando la pena de muerte para determinados actos homosexuales. El proyecto de ley fue abandonado anteriormente en este año, en parte debido a la presión de una cantidad de líderes mundiales, incluyendo al presidente de EE.UU. Barack Obama.
No tenía idea
Nabagesera nunca se propuso transformarse en una activista. “Fui expulsada de cinco escuelas porque me negaba a vestirme como una “mujer normal”. Me gusta usar ropas más masculinas, de modo que seguí llevando jeans, camisas anchas y zapatillas deportivas. Finalmente conseguí graduarme porque mi madre le dijo a mi última universidad que yo tenía una enfermedad mental. Pero lo que no podía entender era por qué yo causaba tantos problemas solo por ser lesbiana. Fui a un café de internet y empecé a reunir información sobre la homosexualidad en Uganda, y allí encontré que era ilegal. Yo vivía una vida gay abierta, y la gente pensaba que era por terquedad. Pero en realidad yo era ingenua, no tenía idea.”
Después de descubrir que había leyes que criminalizaban su estilo de vida, Nabagesera comenzó a buscar grupos que apoyaban a la comunidad LGBT (lesbianas, gay, bisexuales y transexuales). “Contacté una organización sudafricana y comencé FARUG que posteriormente se fusionó con la organización SMUG de minorías sexuales en Uganda. Nuestra estrategia era simple: crear conciencia dentro de nuestra comunidad. Dábamos charlas, teníamos reuniones e intentábamos analizar el Código Penal y la Constitución.”
Enfrentando una dura realidad
En un principio, Nabagesera y sus colegas activistas sintieron que estaban haciendo progresos pero entonces la situación en Uganda empeoró. Tabloides locales comenzaron una campaña de odio en 2006 publicando los nombres y las fotos de homosexuales con leyendas como “¡homo terror!” En 2010, Nabagesera misma fue mencionada en el tabloide ugandés Rolling Stone en un artículo titulado: “¡Colgadlos, están detrás de nuestros niños!”. Nabagesera y su amigo y compañero activista David Kato se querellaron contra el periódico. Ganaron el juicio, pero poco después, David Kato fue asesinado a golpes en su domicilio.
“El daño estaba hecho”, dice Nabagesera con voz temblorosa. “Y todavía continúa. La gente tuvo que cambiarse de casa o huir del país después de la muerte de David. Yo fui evacuada por una organización pro derechos humanos desde Uganda por dos meses, y cuando regresé, mi casero me había expulsado de mi vivienda.”
La muerte de KATO obligó a muchos activistas de la LGBT a enfrentar la realidad. “Todos pensamos ‘mañana podría ser yo’… pero yo y muchos otros conmigo dijimos: ‘Ahora es cuando necesitamos estar unidos y luchar.’ Pero otros en la comunidad sintieron miedo y volvieron al armario como producto de ese miedo. La forma como David fue asesinado fue tan brutal y además sabiendo cómo reacciona el gobierno. Ellos dijeron que no fue un delito y que su asesinato no tenía relación con la homosexualidad de Kato.”
Paso a paso
Entonces, ¿cómo es que alguien lleva a cabo una revolución cuando su vida corre peligro y tanto el gobierno como la iglesia están en su contra? “No tenemos prisa”, explica Nabagesera. “No podemos cambiar solamente la ley en el papel si la mentalidad sigue siendo la misma. Paso a paso, necesitamos sensibilizar a la gente, crear conciencia, cambiar actitudes y mentalidades. Es una tarea grande, pero al final queremos ser liberados, queremos igualdad, queremos justicia.
Recientemente Nabagesera ganó el premio Martin Ennals, un prestigioso galardón para luchadores en pro de los derechos humanos. “Me da esperanza saber que no estoy sola en esta pelea. Yo sé que el mundo nos mira. Sabíamos desde un comienzo que la lucha no iba a ser fácil, sabíamos que tendríamos que hacer sacrificios. El día que dijimos que éramos homosexuales fue el día en que iniciamos nuestra revolución.”





























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