¿Qué movía a Adolf Eichman, Osama Bin Laden y Robert Mugabe? ¿El SS alemán, el líder terrorista islámico y el dictador africano eran psicóticos o personas como usted y yo? Lo segundo, según el análisis del psiquiatra forense Antoine de Kom.
En su libro “El Cerebro Criminal”, el psiquiatra intenta poner un rostro a los autores de crímenes. La frontera entre el bien y el mal es muy delgada, es la inquietante constatación.
De Kom trabajó durante muchos años como psiquiatra forense en el Pieter Baan Centrum, una clínica de observación en Utrecht. Por encargo del juez, realizó análisis psiquiátricos de acusados de crímenes, en algunos casos atroces. Dado que no puede comentar sobre los clientes, describe las vidas de criminales famosos, para comprender lo que los ha inducido al mal.
“En realidad, no existe un cerebro típicamente criminal”, constata De Kom. “Porque el cerebro, en general, está en condiciones de llegar a decisiones criminales. Cualquier persona está equipada para realizar elecciones equivocadas, perjudiciales y aberrantes. En algunos casos, pueden ser delitos.”
Gradual
El psiquiatra demuestra que la elección por el mal generalmente es un proceso gradual y en etapas. “La mayoría de las personas han asimilado normas, una capacidad de control, que les impide llegar a excesos. Sin embargo, es perfectamente posible que una persona normal siga la senda equivocada o haga una o más elecciones deplorables.
Pongamos como ejemplo al delincuente clásico que se va introduciendo gradualmente en círculos criminales y participa en el crimen organizado. Es muy difícil salir de ese camino una vez comenzado. Afortunadamente, la mayoría de las personas no eligen por esa senda.”
Según De Kom, no es posible reconocer a un criminal como tal. “La mayoría de las personas que he examinado aparecían como personas normales. No se diferenciaban de las personas que uno se cruza por la calle”. Con excepción de aquellos que sufren una perturbación mental grave. De Kom piensa que dichas personas pueden tener un aspecto casi animal.
Trastorno mental
Sin embargo, la mayoría de los criminales no sufren ningún trastorno mental, a pesar de haber cometido actos terribles. “Eso es lo que lo hace tan inquietante: en realidad no es tan difícil”. Es tarea del psiquiatra averiguar quién es la persona que se esconde detrás del criminal y establecer sus motivos.
El líder terrorista Osama Bin Laden, muerto el año pasado, resultaba ser una personalidad cautivante que, sin embargo, era capaz de actos atroces. “De esa manera creía que podía detener la dominación de Occidente, que consideraba más grave que la violencia. Su furia contra Occidente provenía de la furia que sentía contra su padre dominante.”
El doctor De Kom explica los crímenes de Robert Mugabe de la siguiente manera: el dictatorial presidente de Zimbabwe está convencido de que el país es su propio hijo. Pero: “Es difícil ser el padre de la patria cuando has crecido sin un padre.”
Repulsión
De Kom no justifica de ninguna manera los actos de estos líderes. Solamente intenta explicar las razones que los impulsaron. A pesar de una juventud desgraciada, ambos dirigentes podrían haber optado por otras elecciones.
“La mayoría de las personas con una juventud desgraciada no van por el mal camino. Pero el abandono emocional o físico y la incomprensión pueden conducir a una actitud agresiva e incluso a un trastorno mental.” Este, sin embargo, no era el caso de Bin Laden ni Mugabe, según el psiquiatra.
El psiquiatra tampoco emite juicios sobre las personas, sólo le interesa conversar con los acusados y para ello debe intentar ponerse en su lugar. Sólo de esa manera puede reconstruir sus mundos internos. Esto, sin embargo, le puede ocasionar a veces una sensación de contaminación.En algunos casos, los relatos de los criminales sobre sus actos son muy explícitos. “Algunos delincuentes sexuales tienen como una compulsión de hablar sobre su deseo sexual”, señala.
A pesar de la repulsión que puede llegar a experimentar, De Kom debe buscar el aspecto humano de su entrevistado. Es la única manera de establecer contacto. “Porque la persona que ya no tiene ningún punto de contacto con otras personas puede estar perdida irremediablemente.”
Por eso, es esencial que el psiquiatra mantenga una actitud humanitaria y empática. Después de todo, sólo hay una cosa más importante que el crimen, y es llegar a comprender al criminal.
No es necesario ser psiquiatra para sentir esa fascinación. “Algunos criminales acusados de hechos muy graves pueden ser acogidos favorablemente por la gente. En esa fascinación por el crimen hay algo de reconocimiento de la inclinación que esas personas también sienten en sí mismas pero no se atreven a admitir.”





























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