La política del presidente Barak Obama hacia el conflicto palestino-israelí está generando cambios imprevisibles.
Mariano Aguirre
La Casa Blanca y el Departamento de Estado han ejercido en los últimos meses presiones sobre Israel que, por primera vez, hacen dudar a muchos de sus actores políticos y religiosos que Estados Unidos siga siendo un aliado incondicional del gobierno de ese país.
Al mismo tiempo, Washington está ejerciendo una fuerte presión sobre las dos principales organizaciones palestinas enfrentadas, Fatah y Hamás, para que formen un gobierno de coalición con el que puedan negociar con Israel.
Paralelamente, Obama promueve negociaciones y acercamientos bilaterales entre Estados Unidos y Siria, e Israel y Siria, y utiliza las diplomacias saudí y egipcia. De especial interés es el Plan de Arabia Saudí de 2002: volver al principio básico de que Israel se retire a las fronteras de 1967 y los palestinos y todos los Estados árabes reconozcan el Estado israelí.
Hasta ahora el país central para negociar con los palestinos era Egipto, pero el gobierno de Estados Unidos está abriendo otros canales. Washington ha vuelto a enviar su embajador a Siria como parte de la estrategia de negociación con este país. La diplomacia estadounidense está buscando apartar a Siria de Irán, que Damasco ayude a formar un gobierno de coalición palestino, que colabore para que haya estabilidad en Iraq despues de la salida de las tropas estadounidenses, y que continúen las negociaciones entre Siria e Israel.
Con el fin de llevar a cabo una estrategia negociadora que cambie los parámetros en que se ha movido Washington desde 2001, Obama ha desarrollado una hábil política en el Congreso y el Senado, al igual que en los medios periodísticos, para ganar sus apoyos. Por ejemplo, 105 miembros de la Cámara de Representantes apoyan la solución de los dos Estados y la misión de paz en la región del senador George Mitchell. Aparentemente Mitchell ha dedicado tanto tiempo a ir a Oriente Medio como a convencer a sus colegas en el Congreso de la necesidad de alcanzar un acuerdo de paz que sería beneficioso para la seguridad nacional de Estados Unidos.
El clima político, entre tanto, no es favorable a Israel. Amnistía Internacional denunció hace pocos días su forma de conducir la guerra en Gaza, sigue adelante la causa para denunciar a este país por violaciones masivas de Derechos Humanos en sus ataques a los palestinos, y 12 diputados de su propio partido han firmado una carta contra Netanyahu por haber aceptado el principio de dos Estados.
Nueva política de Washington
Los pasos dados hasta ahora por la administración Obama han sido muy importantes: indicar que Israel ocupa territorios palestinos y que las condiciones de vida de éstos son inaceptables, pedir el fin del aislamiento de Gaza, criticar los asentamientos que albergan a 500.000 colonos israelíes en tierras palestinas y exigir que cese la construcción de los mismos, señalar que es preciso contar con un Estado palestino, y no supeditar la negociación a factores externos a este problema (Irán) o a la debilidad palestina (división entre Fatah y Hamás).
Sin embargo, estos pasos pueden quedarse en nada si no se dan otros, y rápidamente. La experta en la región Helena Cobban (Just World News website) dice que en la medida que Estados Unidos no amenaza a Israel con ninguna penalización si prosiguen los asentamientos, estos movimientos sólo sirven si son el primer paso para negociaciones diplomáticas concretas.
Nerviosismo en Israel
Israel está resistiendo la presión de Estados Unidos. El primer ministro Benjamin Netanyahu se ha limitado a decir que aceptaría un Estado palestino, pero prosiguen la construcción de asentamientos que despojan a los palestinos de sus tierras violando el Derecho Internacional Humanitario. Este prohíbe a una potencia ocupante transferir a su población civil al territorio ocupado al igual que brindar apoyo a la relocalización. Israel ha implantado en los últimos 42 años 133 asentamientos en Cisjordania y Jerusalén, además de otros 100 llamados “de avanzada” que reciben protección y servicios del Estado. Estados Unidos acaba de pedir que se desmantelen estos últimos.
El comentarista israelí Amos Harel escribe en el diario israelí Haaretz: “En el ultimátum de Obama para que se congele el crecimiento de los asentamientos, los colonos están encontrando por primera vez un serio oponente a su proyecto”. La rapidez con que Netanyahu aceptó la idea de dos Estados es visto por los colonos como una debilidad y anuncian que están dispuestos a resistir una evacuación. Para Harel esto significa “una muestra de la falta de confianza en que el proyecto de los asentamientos sea irreversible”.
En la reunión en Londres sobre este tema entre el ministro de Defensa israelí Ehud Barak y el senador Mitchell del 6 de julio no hubo acuerdo. Aparentemente, Israel pide que, a cambio de congelar la expansión de los asentamientos, tendría que haber gestos políticos de los palestinos y los países árabes.
Divisiones palestinas
Las negociaciones entre Fatah y Hamás avanzan con mucha lentitud. Egipto había fijado el 7 de julio para que se llegase a un acuerdo, pero se ha retrasado la fecha para fines de mes. Hamás exige que cesen las detenciones de sus miembros en Cisjordania y tener control compartido en temas de seguridad con la Autoridad Palestina, pero Fatah se niega. Egipto, Siria y Qatar están haciendo esfuerzos para alcanzar un gobierno de coalición como el que pide Estados Unidos.
En las últimas semanas el líder del Comité Político de Hamás, Khaled Meshal, ha dado diversas entrevistas y pronunció un discurso el 26 de junio en el que reconoció el cambio de tono y el valor de las palabras de Obama. Indicó que Hamás rechaza reconocer a Israel como un Estado judío, elogio la resistencia pacífica, pero reivindicó el uso legítimo de la resistencia armada, y aceptó las fronteras de 1967 con plena soberanía sobre un Estado palestino.
En una entrevista Meshal también indicó que no tiene problemas con que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, negocie con Israel, siempre y cuando luego haya un referéndum en Gaza y Cisjordania sobre lo que se acuerde. Por su parte, Ismail Haniyeh, el depuesto primer ministro de Hamás en Gaza, también se declaró a favor de un Estado palestino que conviva con Israel según las fronteras de 1967. Posiblemente Hamás no reconozca formalmente a Israel, pero hay una progresiva apertura a aceptar el hecho de su existencia a cambio de que pueda declararse un Estado palestino.
Henry Siegman, director del US Middle East Project, cree que hay muy poco tiempo, que todo ya se ha negociado y que lo que falta es una decisión política y un plan concreto que incluya los parámetros a seguir y un plan de implementación de la creación de un Estado palestino.
En una entrevista, Meshal también indicó que no tiene problemas con que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas negocie con Israel, siempre y cuando luego haya un referéndum en Gaza y Cisjordania sobre lo que se acuerde. Por su parte, Ismail Haniyeh, el depuesto primer ministro de Hamás en Gaza, también se declaró a favor de un Estado palestino que conviva con Israel según las fronteras de 1967. Posiblemente Hamás no reconozca formalmente a Israel, pero hay una progresiva apertura a aceptar el hecho de su existencia a cambio de que puede declararse un Estado palestino.
Henry Siegman, director del US Middle East Project, cree que hay muy poco tiempo, que todo ya se ha negociado y que lo que falta es una decisión política y un plan concreto que incluya los parámetros a seguir y un plan de implementación de la creación de un Estado palestino.




























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