Además de Turquía también Azerbaiyán ha reaccionado con gran molestia por la resolución adoptada por el Congreso de EE.UU. el jueves, en la que se califica de genocidio la muerte de cientos de miles de Armenios entre 1915 y 1923. Dicha clasificación es desmentida enfáticamente tanto por Turquía como por Azerbaiyán.
Esta última república considera que la resolución es un intento por socavar la paz y la estabilidad en la región. Con esto se hace mención expresa a Nagorno Karabaj, una zona disputada entre Armenia y Azerbaiyán. El primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan ha manifestado que su país ha sido acusado injustamente de un crimen. Según el presidente Abdula Gül la resolución norteamericana no hace justicia a la historia y Turquía no se hace responsable por eventuales consecuencias negativas.



















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