Los carteles de droga latinoamericanos se están convirtiendo en un elemento fuertemente desestabilizador en varios Estados a ambos lados del Atlántico.
En el escenario mundial del tráfico de drogas, los carteles mexicanos han irrumpido con mucha fuerza en los últimos años. Por este país transita el 90 por ciento de la droga que se consume en Estados Unidos, y sus carteles junto con sus socios colombianos constituyen hoy en día una fuerza criminal internacional que pasa fronteras y hasta océanos, como es el caso africano.
Al interior, ni el amplio despliegue del ejército, ni los 1.600 cuerpos policiales han logrado parar el accionar de las bandas a lo largo y ancho del país. Tampoco la narcoviolencia, que ya superó las 5.000 víctimas en el 2009. El narcotráfico en México ha penetrado importantes esferas de la vida política y policial.
Si bien es cierto que el territorio mexicano sirve de paso a las drogas en su ruta al norte, también lo es que en los últimos años el aumento de cultivos ilícitos ha experimentado un importante crecimiento. La cocaína sigue viniendo de los países andinos -Colombia, Perú y Bolivia- pero el cultivo de marihuana y amapola para extraer heroína también es importante. Lo que más resaltan los investigadores es el crecimiento espectacular de la fabricación de drogas sintéticas.
En todo este contexto, la encrucijada mexicana se convierte en un importante factor de desestabilización regional, tal y como lo advierte Luis Astorga de la Universidad nacional Autónoma de México: “Esa posición de sándwich que tiene América Central en la ruta de la cocaína está teniendo un impacto cada vez mayor, porque cualquier éxito relativo que tenga Colombia o que tenga México repercute inmediatamente en la zona del Caribe o en Centroamérica, y ahí los Estados son infinitamente más frágiles”.
La ruta africana
Cada vez es más común escuchar noticias que hablan de aviones que aterrizan en alguna parte del África Occidental, repletos de cocaína. El último, un boeing que partió desde Venezuela y que aterrizó en una pista improvisada de Gao. Los aparatos pueden llegar a trasportar hasta diez toneladas de alcaloides.
El tráfico de estupefacientes a través de la extensa costa occidental africana se consolida como la alternativa más segura para hacer llegar la droga a los mercados europeos. Obligados por la cada vez más blindada ruta atlántica (Suramérica-Portugal- Galicia) las mafias han encontrado en los países africanos el escenario perfecto para campar a sus anchas: una costa prácticamente sin vigilancia, países sumidos en la miseria y Estados débiles y fácilmente corruptibles.
Estados débiles y corruptos
La regla de oro de la oferta y la demanda que determina el funcionamiento de los mercados, no puede ser mejor aplicable que en el tráfico de drogas. Cada vez que cualquier Estado celebra cifras que demuestran avances en la lucha contra el narcotráfico, en otro lugar del mundo esas cifras marcan todo lo contrario.
Éste es el caso lamentable de los países africanos. Se calcula que el 27 % (40 toneladas) de la cocaína que consumen los europeos ha pasado por alguno de los Estados occidentales africanos: Nigeria, Ghana, Liberia, Sierra Leona, Guinea, Guinea-Bissau, Cabo Verde, Senegal, Malí y Mauritania. Al otro lado del continente, los aeropuertos internacionales sirven de tránsito para la heroína que viene de los países asiáticos y que termina vendiéndose en alguna calle de Ámsterdam o Londres. Así lo revela el informe anual de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de Naciones Unidas.
Esta situación de crecimiento acelerado no obedece sólo a la astucia, creatividad y larga experiencia de los carteles latinoamericanos. La debilidad de los Estados con los que han topado, sumado a la miseria extrema, hacen de la región el sitio idóneo para esta actividad. Quizás el caso más grave es el de Guinea-Bissau, un país sumido en la violencia, y en el cual la infiltración del narcotráfico ya tocó las más altas esferas del poder. Tom Bickman, del Transnational Institute de Ámsterdam, advierte de la enorme fragilidad del estado guineano: “en Guinea-Bissau no hay ninguna manera para controlar el narcotráfico. La policía no tiene carros, no tiene radios, no tiene nada”.
La lucha contra el tráfico mundial de drogas le plantea a la comunidad mundial un reto, si se quiere, aún mayor que el impuesto por el terrorismo internacional. Un tráfico que destruye democracias y desestabiliza no sólo a países, sino a regiones enteras.
Escuche a continuación la mesa redonda sobre narcotráfico con Luis Astorga, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Salvador Maldonado del Colegio de Michuacán de Zamora, Mèxico y Wil Pansters, Director del Centro de Estudios Mexicanos de la Univesidad de Groninga, Holanda.





























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